Opinión

Día Ciento veintiuno

Bitácora de Viaje

 

 

(de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Maple. El sabor del maple, el olor del maple, es una dulce experiencia. Primero uno se asombra cuando conoce que la miel proviene de un árbol que se llama “arce” y no precisamente maple. Los bosques de arces se localizan en los territorios de Canadá y Estados Unidos. La provincia de Quebec cuenta con una amplia extensión de esos bosques. En Estados Unidos se localizan algunos bosques en la parte norte de Nueva Inglaterra, Nueva York y los grandes lagos. Los visitantes, y algunos nativos canadienses pueden disfrutar de los paseos en trineo jalados por perros en las localidades cercanas a Montreal y Quebec. Son vistosos los escenarios, cuando en abril regresan las numerosas parvadas de patos, después de alejarse del intenso frio, y se abre la etapa del deshielo. Los recorridos hacia esa parte, donde se localizan las cataratas de Niagara, permiten transitar en medio de esos bosques, donde las escalas son obligadas.

Los pobladores de pueblitos de esa provincia han habilitados sus cabañas para ofrecer alimentos a los paseantes. Así que después de algunas gélidas caminatas, uno se siente reconfortado con sopas calientes y el salmón ahumado, destacado elemento en el menú. Para el postre, se conduce al visitante al patio de la cabaña, y ahí, uno mismo puede elaborarse su paleta de miel de maple. Es algo sencillo, en una mesa, generalmente hecha con un tronco del árbol, se coloca nieve de la noche anterior, se empareja, y justo sobre esa cama se vierte un chorro mediano de la miel, que es ofrecida recién salida de la estufa, en forma líquida. Con un chorro delgado se vierte liquida y al contacto con la intemperie empieza a solidificarse, asi que con un pequeño palito hay que pégalo a un extremo y empezar a dar vuelta. Así se obtiene una rica pelta de dulce de maple, que brinda suficientes calorías para seguir con los recorridos.

Las granjas de producción de este jarabe son conocidas como “cavanes á sucre” en su denominación francesa, en tanto que en la norteamericana son conocidas como “sugarbushes”. Construidas totalmente de madera, son los troncos los que forman las paredes, donde se dejan algunas aperturas por donde escapa el vapor de los calderos de cocción de la miel.  Esa provincia canadiense es la mayor productora de miel de maple. Existen tres tipos de miel; la “Canadá 1” de color clarita,, la “Canadá 2” un poco más oscura, conocida como ámbar, y la oscura, muy oscura “Canadá 3”. La degustación va indicando la sutileza del dulzor. Entre más clara la miel es más sutil, mas finito el sabor. Los quebecoises, celosos de su producto, generalmente se llegan a molestar un poco si hacemos la comparación con otras mieles con saborizante a maple. Defienden la originalidad, y vaya que si uno nota la diferencia. Después de conocer y saborear la miel de maple, todo es distinto.

La utilidad de la miel es muy variada. Se usa en recetas saladas incluso. Aunque su predominancia está en lo dulce. Pero imagínense un jamón de cerdo glaseado con miel de maple. O rodajas de naranja glaseados al horno. Ya ni se diga el vino elaborado a base de miel de maple. Quizá la mejor temporada para visitar Canadá sea en marzo y abril cuando empieza el deshielo. En esa época, uno puede alcanzar a disfrutar la vista de las cataratas semicongeladas. Pero quiero destacar la elaboración y producción de la miel de maple, porque los productos locales le dan un plus al territorio. Hacen que destaquen las poblaciones, y se concrete una identidad. Por eso es importante el desarrollo local. Esther Ponce, refiere que esta concepción del desarrollo local sea una alternativa a los problemas y contradicciones surgidos desde los enfoques estatocentricos de arriba hacia abajo. Refiere que “la multidimensionalidad del concepto de desarrollo local y la aceptación cada vez más amplia de su escala geográfica-territorial circunscrita a una localidad”. En este caso lo atribuimos a esa provincia canadiense, en nuestro país y en nuestra región lo atribuimos al municipio, nos permite dar una categoría distinta al espacio provincial, o municipal, y su articulación con los gobiernos.

 

He mencionado como Canadá y Estados Unidos comparten una región de bosques de arces, y eso provoca una producción de la miel de maple, a nivel internacional, con convenios de esa naturaleza. México, a pesar de las distancias, con sus productos, tiene la potencialidad de lograr algo parecido. Y este modelo, replicarlo en la cooperación con los estados, y a nivel internacional. Por eso es importante revisar la utilización y pertinencia de la metodología, y el propio concepto de región.  La dimensionalidad que contiene el significado de desarrollo local, tiene otro peso en el intercambio internacional. No se puede pensar en ello, sin darle la validez de la acción a lo local. La miel de maple nos evoca no solo un dulce recuerdo, sino un dulce reto.

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