Opinión

Día veintiséis

Bitácora de Viaje (de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

¿Es el territorio un actor social? Podríamos establecer afirmativamente la respuesta en tanto que es un espacio contenedor del desarrollo de la vida humana y de la acción de los grupos sociales. El espacio es transformado por el hombre toda vez que existe un consenso de realizar acciones en unas coordenadas y paralelos específicos en un tiempo determinado.

Muchas de las veces este tipo de acciones tiene como finalidad cuestiones económicas, pero que están enmarcadas por aspectos sociales, culturales y hasta religiosos. El territorio es entonces la concreción de un lugar para coincidir en la acción humana. Se construye mediante la acción permanente y constante del hombre, pero a la vez cobra cierta independencia y valor al convertirse en un espacio establecido de convenios y acuerdos sociales que se validan mediante la práctica y la coincidencia espacial.

En este sentido el territorio es el señalamiento de un espacio físico que se recortará por fronteras de dominio de los grupos sociales que acuerdan llevar a cabo sus actividades y reclaman propiedad sobre éste. El acuerdo de respetar la convergencia de espacio e historia, como una densidad de la acción social, expresa la necesidad de acuerdos y acciones de los individuos y de los grupos sociales congregados en un interés conjunto, donde a la vez se despliegan identidades y conformación de organizaciones por intereses mutuos, que al entrar en contacto reafirman sus límites y alcances de dominio y acción del espacio, y es donde se construyen las fronteras.

Quisiera detenerme un poco más en esta concepción referente al nudo de acciones y relaciones del hombre. Porque el espacio constituye el gran recipiente de los intereses del hombre. Al materializarse ese espacio surge el territorio como el que define los alcances de la acción del hombre. En este periodo de la globalización, el término nos permite construir la unidad, de esa forma construida en sistemas, en donde lo local está articulado a la de región y a la mundialización.

La comunidad ha creado y recreado el espacio para que sea depositario de sus acciones en la historia, pero también ha reafirmado los contornos sociales para poder establecer el orden del trabajo, de la producción y ser mesurado en la transformación de la naturaleza. Con estos elementos se le puede conferir al territorio una categoría que permite la construcción de los límites, formas imaginarias o materiales y físicas que descansan en la carga simbólica de la vida del hombre.

El territorio se convierte en actor cuando es un elemento importante para poder teorizar sobre las categorías necesarias para la construcción del hombre contemporáneo. Pero también es actor porque determina y promueve las ideas sobre los alcances y limitaciones de la ambición del hombre. Este esfuerzo de abstracción sobre el territorio y su construcción como actor nos permite transitar en la historia y concretar las etapas de transformación tecnológica, de los cambios económicos y reafirmar los alcances y validaciones de las instituciones sociales que rigen el comportamiento del hombre. Todo esto nos sirve a final de cuentas para viajar al interior de nosotros mismos y de la comunidad, como la unidad dinámica de la sociedad moderna.

twitter@manuel.basaldua

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