Opinión

El desastre tiene responsables

Por: Efraín Mendoza

Sería necio negar que el argentino Jorge Mario Bergoglio ha sido una auténtica revelación política. En dos años como pontífice de la Iglesia Católica, bajo el nombre de Francisco, ha sorprendido a todos con su discurso coloquial, sus medidas audaces y su pulso geopolítico. Aunque algunos lo interpretan como una estrategia de sobrevivencia para una institución muy desgastada y con dramática pérdida de influencia en el mundo contemporáneo, de pronto da la impresión de que la Teología de la Liberación tomó por asalto al Vaticano.

La divulgación de la encíclica Alabado seas, sobre el cuidado de la casa común, ha confirmado la capacidad de Francisco para incidir en la coyuntura y meterse a la agenda del mundo. Ese documento lleva una semana discutiéndose y no son pocos los que han reaccionado con agitación. Pocas encíclicas han desatado debates globales. Entre 1891 y el día de hoy, los papas han publicado 205 encíclicas y la mayoría no sobrevivieron una semana. Este documento habría que inscribirlo en la fila RerumNovarum, de León XIII, Pacen in Terris, de Juan XXIIII, y Humanae Vitae, de Paulo VI, que en su momento constituyeron auténticos clavos ardientes.

La encíclica de Francisco ha sido etiquetada como la primera “ecológica” en la historia del papado y se le ha querido inscribir en el marco dela próxima conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático en París. Se ocupa del cambio climático, pero el centro de la atención es la destrucción del ambiente. Lo relevante es dónde pone el acento, pues formula un diagnóstico muy crítico y riguroso y señala a los responsables. Responsabiliza al sistema económico mundial, reprueba la voracidad del mercado, cuestiona a quienes defienden el derecho a la propiedad privada como intocable y llama a recuperar la función social de cualquier forma de propiedad. Acusa a los depredadores del planeta y cuestiona los fundamentos de la economía mundial como propiciatoria de la profunda desigualdad y los criterios obsoletos que se siguen para gobernar el mundo.Advierte que la deuda externa se ha convertido en una herramienta de control sobre los países subdesarrollados y denuncia que muchos de los que tienen más recursos y poder económico o político se regodean en superficialidades y en el ocultamiento de los síntomas.

Francisco está proponiendo que la institución religiosa cambie de contenidos y orientación, y al hacerlo encara a poderosos intereses financieros y políticos. No es por ello casual que un político que fue dos veces gobernador de Florida,y que busca la tercera presidencia de Estados Unidos para la dinastía Bush, le exija al papa que se devuelva a la sacristía y a los asuntos del espíritu. Y es que ante la ausencia de voces con autoridad en el mundo, Francisco ha ocupado con fuerza el espacio público. Sólo el poder de una multinacional como la Iglesia Católica podría volcarse con esta fuerza y con esta autoridad frente a las multinacionales depredadoras.

Si ponemos atención, en el torrente cotidiano de noticias internacionales podemos encontrar hechos que dan la razón a Francisco. Que hace semanas cinco de los bancos más grandes del mundo hayan sido multados con casi 6 mil millones de dólares por haberse asociado para maniobrar en perjuicio de sus clientes, parece darle la razón a quienes equiparan al sistema financiero global con un casino.

Cómo no compartir la furia que expresa el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño Aroca, cuando nos recuerda los abusos de trasnacionales como Oxy o Chevron, que no pueden con su estigma de depredadores del ambiente y generadores de miseria en la región latinoamericana. Y es que tras un litigio de martirio, que duró 18 años, un tribunal dio la razón a los pobladores de la Amazonia ecuatoriana, que acusaron a la trasnacional de haber contaminado la naturaleza en lo que se considera el peor desastre ecológico en el Ecuador. Algunos todavía podrían recordar cuando el presidente Cárdenas echó de México a esa petrolera en 1938… pues ahora Chevron no sólo no quiere pagar la condena, sino que está maniobrando para que sea el Estado ecuatoriano el que cubra los daños.

En buena hora señala Francisco el carácter depredador del capital global. Que no empezó ahora y que no acabará pronto. Evidencias de ese carácter destructor en cualquier país de la tierra podríamos encontrarlas como arenas en el mar. Ahí está, por ejemplo, la masacre de las bananeras, ocurrida en Colombia el siglo pasado, luego de que los trabajadores de la United Fruit Company se declararon en huelga, un  pasaje, por cierto, novelado por Gabriel García Márquez en Cien años de soledad.

Poetas como el nicaragüense Ernesto Cardenal, que fue ministro de Cultura del gobierno sandinista tras el derrocamiento de Anastasio Somoza, han registrado el arrasamiento de las multinacionales bajo las más impensables modalidades de despojo y destrucción del ambiente y de la economía local. Ahí están estas líneas en un poema suyo: “Los campesinos hondureños traían el dinero en el sombrero / cuando los campesinos sembraban sus siembras / y los hondureños eran dueños de su tierra. / Cuando había dinero y no había empréstitos extranjeros […] / y la compañía frutera no competía con el pequeño cosechero. / Pero vino a United Fruit Company / con sus subsidiarias […] / con sus revoluciones para la obtención de concesiones / y exportaciones, revisiones de viejas concesiones / y subvenciones para nuevas explotaciones, / violaciones de contratos, violaciones de la Constitución…”

Por eso es necesario detenernos ante el análisis de Francisco, un documento de absoluto contenido político. Hoy defender el ambiente es asumir una posición política. Y señalar a los responsables es un acto de alto valor que debemos reconocer.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba