Opinión

El epistemógrafo La sociedad del cansancio

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

El epistemógrafo es, como todo mundo sabe, es decir, los que saben, de Salvador Elizondo:

Pienso. Pienso que pienso. Me veo pensar que pienso y también puedo verme ver que pienso. Me recuerdo pensando ya y también viéndome que pensaba. Y me veo recordando que me veo pensar y me recuerdo viéndome recordar que pensaba y pienso viéndome pensar que recuerdo haberme visto pensar que me veía pensar que recordaba haberme visto pensar que pensaba y que pensaba que pienso que pensaba. También puedo imaginarme pensando que ya había pensado que me imaginaría pensando que había pensado que me imaginaba pensando que me veo pensar que pienso.

(PD. En forma de pregunta: ¿Veo que pienso o pienso que veo… y que escribo?)

La sociedad del cansancio es un libro de Byun-Chul Han, filósofo de origen coreano que ha desarrollado su labor intelectual en Alemania. Es su primera traducción al castellano por la editorial Herder.

1.      El aparato psíquico del individuo moderno, individuo-sujeto de rendimiento que se violenta a sí mismo, que está en guerra consigo mismo.

2.      En realidad, el sujeto de rendimiento, que se cree en libertad, se halla tan encadenado como Prometeo.

3.      El águila que devora su hígado en constante crecimiento es su álter ego, con el cual está en guerra.

4.      La relación de Prometeo y el águila es una relación consigo mismo, una relación de autoexplotación.

5.      Prometeo, como sujeto de autoexplotación, se vuelve presa del cansancio infinito.

6.      (El cansancio infinito se bifurca: por un lado, el rearme desenfrenado, por otro, el amable desarme del YO.)

7.      Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal.

8.      El siglo pasado era una época inmunológica, mediada por una clara división entre el adentro y el afuera, el amigo y el enemigo, o entre lo propio y lo extraño. Pero ya no es el siglo pasado.

9.      El panorama patológico de comienzos de este siglo XXI: enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH); el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO).

10.  (Las enfermedades del siglo XXI no son infecciones que vienen de fuera, son infartos provocados por uno mismo, por esa guerra autoexplotadora).

11.  Lo extraño se hizo diferente, lo diferente se hizo exótico y lo exótico se hizo objeto de consumo.

12.  El hiper de la hiperactividad es un exceso de positividad, un exceso de autoexplotación.

13.  La sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, dio paso a otra completamente diferente, a saber, una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos.

14.  La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento. Tampoco sus habitantes se llaman ya “sujetos de obediencia” sino “sujetos de rendimiento”.

15.  La sociedad del rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo “PODER SIN LIMITES”. Su plural afirmativo y colectivo “YES, WE CAN”, expresa su carácter de positividad.

16.  La sociedad disciplinaria se rige por el NO, su negatividad genera locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados.

17.  (El fracaso ahí está, aunque se sea exitoso).

18.  El síndrome de desgaste ocupacional no pone de manifiesto un sí mismo agotado, sino más bien un alma agotada.

19.  El hombre (y la mujer) depresivo es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber, voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima.

20.  El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. Esta autorreferencialidad genera una libertad paradójica, que, a causa de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia. Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esta libertad paradójica.

@rivonrl

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