Opinión

El otro México

Sólo para nostálgicos…

Por: Salvador Rangel

México, encierra tantas esperanzas, frustraciones, anhelos como sus habitantes. En algunos aspectos se ha perdido la capacidad de asombro y de indignación; pero este proceso no ha sido rápido, tal vez desde la época de la conquista, donde se dieron injusticias, despojos, corrupción, que de alguna forma marcaron el destino de una nueva raza, la mestiza.

Y a lo largo de la historia, en la Independencia, traiciones, de nueva cuenta injusticias, después la intervención estadounidense con la pérdida de más de la mitad del territorio, los “notables” que pensaban que México requería de un extranjero para conducir su destino, la lucha titánica de un hombre que creyó en México, Benito Juárez García, defensor de la república, hombre probo que sirvió a su nación y no se sirvió de ella. Se recuerda la honradez de varios políticos de esa y otras épocas y causa asombro, sí, porque hoy en día hay políticos de cualquier nivel que ven en los puestos públicos una forma de hacerse de poder político y económico.

Y qué decir de la Revolución, que nació como una necesidad frente a las injusticias y que al paso del tiempo, tal parece que fue una película, ya que aún persisten desigualdades, pobreza en ciertos sectores y falta de oportunidades, salvo en los discursos se avanza.

Al escuchar las noticias o leer el periódico, tal parece que la nota roja la pasaron a la sección editorial y a la primera plana. Asesinatos que estremecen, desapariciones forzadas que no son prioridad para ciertos funcionarios.

Pero frente a ese México violento, existe otro que no debemos olvidar, por el contrario fomentar, el de la lectura de grandes novelistas, cuentistas, ensayistas, que nos relatan historia noveladas, como Casi el paraíso de Luis Spota, que hace una fiel reseña de la época del gobierno de Miguel Alemán (1946-1952), de esa misma época Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, que muestra la doble moral de la época, novela que dio origen a una canción, Mariana, de Café Tacvba.

Las novelas de Jorge Ibargüengoitia, que por cierto el 27 de noviembre se cumplieron 30 años de su muerte. Llenas de historia e ironía como Maten al león, La ley de Herodes y la sátira a la provincia en Estas ruinas que ves.

Y qué decir de Muertes históricas de José Manuel Villalpando, donde desmitifica la muerte de héroes fabricados por decreto presidencial. Y si de muerte se trata, La muerte tiene permiso, de Edmundo Valadés, cuentos que tienen como tema principal la muerte a la que todos –de una u otra manera– hemos de conocer.

El imprescindible Carlos Monsiváis, conocedor del último rincón de la Ciudad de México, prologuista de un sinnúmero de libros, “abajo firmante” de cartas abiertas, siempre acompañado en su casa de San Simón, en la Portales, de libros y gatos. Autor, entre otros de Amor perdido, nombre del bolero de Pedro Flores que interpretaba con un sentimiento único María Luisa Landín. Describe historias olvidadas, desconocidas o perdidas de la Ciudad de México.

De Vicente Leñero El Evangelio de Lucas Gavilán, actualización del relato evangélico situado en el medio mexicano contemporáneo.

Y el futbol llevado a la narrativa especial de Juan Villoro, Dios es redondo.

Y por último, no por menos importante, Elena Poniatowska Amor, periodista y escritora, defensora de causas sociales. Galardonada una y decenas de ocasiones. Hija de la mexicana Paula Amor y del último descendiente del rey de Polonia, el príncipe Jean Poniatowska. Llega a México a la edad de nueve años, aprende el español de su nana Magdalena Castillo. Para ella México era un país desconocido, salvo por las pláticas de su madre, que emigró con su familia a Europa a raíz de la Revolución.

Esa necesidad de conocer al país la lleva a entrevistar a personajes de un México lleno de artistas, bohemios. También le da voz a quienes no los dejan expresarse.

Su libro La noche de Tlatelolco no fue fácil publicarlo le ponían trabas, cronista del terremoto del 85, innumerables son sus libros, uno con nombre curioso Tlapalería, ocho cuentos que cautivan al lector.

Y los nostálgicos, en estas tardes de frío, con una copa de vino tinto y escuchando discos de 33 rpm, leen o releen novelas que los devuelven a los años mozos.

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