Opinión

Entre la aplanadora y el “yo me abstengo”

Por María del Carmen Vicencio Acevedo

Los procesos electorales son momentos propicios para la reflexión. Considerando los que acaban de pasar en el Estado de México, en Coahuila, en Hidalgo y en Nayarit, no podemos menos que preguntarnos, ¿por qué la gente sigue votando o vuelve a votar por el PRI? o, también, ¿realmente la mayoría vota por él?

Se tratan éstas de dos falsas preguntas pues, en realidad, las respuestas ya las tenemos más que sabidas. ¡Otra vez sufrimos la aplanadora priísta, que arrasa con todo y está dispuesta a todo, con tal de acceder y ejercer el poder!; ¡otra vez podemos prever quién será el nuevo habitante de Los Pinos, mucho antes de que inicien los procesos electorales correspondientes!, igualito que lo veníamos haciendo año con año, durante los 70 de dictadura tricolor.

La gran oportunidad que tuvo el PAN de llevarnos a la tierra prometida del cambio, se desvaneció en la veleidad de quienes nos dirigieron durante los últimos 15 años. El PAN perdió el rumbo… o quizás no y eso que vivimos con él, era lo que realmente buscaban sus militantes (engolosinarse también de hegemonía). Lo que sí queda claro, es que con él perdimos todos los mexicanos, no sólo la esperanza; muchos más de 40 mil, también la vida.

Las últimas declaraciones (siempre cínicas) de Elba Esther Gordillo, alardeando de sus acuerdos con Calderón para apoyar su llegada a la silla presidencial; de sus dominios sobre el ISSSTE y el SNTE, la Lotería Nacional, el PANAL y demás cotos, robados al erario público, nos llevan a reconocer que, en efecto, estamos ante una situación que trasciende las contiendas partidistas, para enredarse en una mafia sin proyecto social, sin interés por la gente y que lo único que busca es sacar para sí el máximo provecho.

En otro escenario, el “rayito de esperanza” de la izquierda está a punto de extinguirse, entre otras cosas, por sus múltiples conflictos internos; por el terrible embate de desprestigio que sufre por parte de los grandes empresarios y dueños de los medios masivos, a quienes no les conviene ser limitados en su voracidad; por la embestida de la Iglesia dominante que promueve el “voto católico” en su contra; por el analfabetismo funcional de la mayoría de la población, que se deja apantallar por la galanura de Peña Nieto y el boato publicitario de los no sé cuantos millones de pesos, invertidos en la campaña de Eruviel; por la santa “apoliticidad” de ciertos intelectuales (como José Antonio Crespo del CIDE) que, no queriendo “ensuciarse”, promueven la abstención, o incluso por posturas comprensibles (pero ingenuas) como la del admirable Javier Sicilia que, en un haraquiri, amenazan con boicotear las elecciones del 2012, si el gobierno de Calderón no atiende a sus demandas.

Muchos reprochan a AMLO, y al grupo que encabeza, por su empecinamiento en no aceptar ir en alianza con sus adversarios políticos. Esa tozudez, dicen, fue la causante de la pérdida de las elecciones de Encinas para la gubernatura del Estado de México y será también la causa de la pérdida de la presidencia, en el 2012. “Si el PAN y el PRD se hubiesen aliado, otra cosa hubiera sido”. Otros, sin embargo se preguntan, si dicha alianza era legítimamente (éticamente) posible, cuando el único propósito consistía en derrocar al PRI. La palabra “éticamente” suena, en este contexto, un tanto extraña. Al parecer la ética y la política no pueden convivir y en la política, de lo que se trata es de ganar a como dé lugar, no importa cómo.

¿En eso consiste la utopía?; ¿lo único que importa es vencer al enemigo?; ¿cómo pueden mezclarse en la misma fórmula visiones de ser humano, de mundo, de sociedad, de país, tan extremada y radicalmente distintas? ¿Qué hubiera sucedido si, en efecto, el PAN y el PRD se hubiesen aliado (como ya lo han hecho en otros lugares)? ¿Hubiéramos presenciado, de nuevo, la tremenda rebatinga por el reparto de “huesos” y la imposibilidad de avanzar ante el bloqueo mutuo y constante?, o ¿no hubiera habido, ni podría haber en el futuro, a pesar de todo, cambio alguno, debido a que los giros de rumbo en nuestra política no dependen de quien llegue al gobierno, sino de instancias mucho más poderosas, que son las que manipulan a nuestros dirigentes?

Más allá de las pugnas entre partidos, nuestro futuro depende, no sólo de la postura que asuman quienes lleguen al poder en el 2012, sino del tipo de proyecto de nación que logremos impulsar entre todos. Y, por lo que podemos prever, nos esperan muchos otros años más de sumisión al neoliberalismo dominante (en especial, al poderío y a los dictados del imperio estadunidense, el más depredador de todos los capitalismos), así como a sus despóticas presiones para que nos adecuemos a “las exigencias de la modernidad”.

Estas exigencias implican, entre otras cosas, volvernos supuestamente “más eficientes” y esto significa (según la definición formal), producir cada vez más, con cada vez menos recursos y en el menor tiempo posible. Lo que implique esto para los seres humanos, no interesa. El máximo valor es la ganancia del gran capital.

La realidad de esta exigencia de “eficiencia”, no sólo en nuestro país, sino en muchos otros, ha dado lugar a que resurja la esclavitud, a que la mayoría de los trabajadores pierdan derechos y a que se vean nuevamente abrumados por largas jornadas laborales, en las que tienen horario de entrada, pero no de salida; en las que se ven exigidos a dar horas extras (sin recibir la compensación correspondiente), para poder cumplir a tiempo con “las metas de productividad” de la empresa. Esto se ve con mucha claridad, por ejemplo, en los emporios de Carlos Slim, que a pesar de contar con el jefe más rico del mundo, en lugar de recibir los beneficios de dicha riqueza, sus trabajadores son dramáticamente explotados.

Otra “exigencia de la modernidad” es la criminalización de la protesta. ¡Ay! de aquel trabajador que denuncie la explotación y no se someta, será despedido sin más y suplido de inmediato.

Frente a esas exigencias del neoliberalismo, países como el nuestro (por el inmediatismo, la estupidez, la avaricia, la irresponsabilidad, la cortedad de miras o la ineptitud de sus dirigentes, que se le abrieron de lleno, sin resistencia alguna) fueron impelidos a lanzarse como “El Borras” en una absurda carrera con “las ligas mayores”, de todos contra todos y en la que el triunfo es sencillamente imposible, al menos para el pueblo, que es el que siempre sale perdiendo.

¿Hay acaso otra opción? Sí la hay.

Bolívar Echeverría, en su libro La americanización de la modernidad expone cómo no todos los países sufren de la misma manera el sistema neoliberal (y con él, un modo de vivir humano que prevalece en nuestra época, sometido al mercado voraz).

En algunas naciones, por ejemplo, el “libre” comercio, en realidad tiene poco de libre, ya que las tradiciones, los proyectos e identidades regionales constituyen un filtro que impide que las exigencias de los grandes mercados arrasen con todo esfuerzo de solidaridad o justicia distributiva, lo que obliga a estos últimos a negociar con los gobiernos de los lugares en donde pretenden operar.

En estos países con economía “mixta”, el Estado es relativamente fuerte y no se deja manipular desde el exterior, planifica de acuerdo a las necesidades, no sólo del desarrollo macroeconómico, sino de toda la población. Los trabajadores, aunque (o porque) pagan elevados impuestos y no les resulta fácil evadirlos, gozan de gran cantidad de derechos o de prestaciones, que les posibilitan una vida digna y suficiente desahogo (seguro médico, de vivienda, de desempleo, de educación, guarderías para los pequeños, etc.). El Estado asume además ciertas responsabilidades, como la subvención a la agricultura y otras actividades primarias, el transporte colectivo eficiente, el cuidado del medio ambiente (incluida la imagen urbana), el mantenimiento de parques y jardines, así como la oferta de gran diversidad de actividades culturales, etc.

Nuestra única salvación consiste entonces, según mi entender, en impulsar, desde todos los espacios posibles, un proyecto social, en el que la exigencia de eficiencia y de productividad esté enfocada, no en lograr la máxima riqueza de unos cuantos, sino en rescatar la dignidad humana y en lograr el mayor bienestar posible de todos los que habitamos este país.

Si nos importa nuestra nación, no podemos abstenernos de dar vida a este proyecto.

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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