Opinión

Exceso de “opciones”, naufragio ciudadano

María del Carmen Vicencio Acevedo / metamorfosis-mepa@hotmail.com

PARA DESTACAR: Este exceso de “opciones para elegir”, sin embargo, no necesariamente contribuye al ejercicio de la libertad sino, probablemente, conducirá al naufragio: ¿Cómo lograrán estas opciones la unidad de la mayoría, para vencer a la clase en el poder, si no han buscado antes el consenso entre ellas?

Una estrategia en la guerra política, empleada por ciertos empresarios o funcionarios públicos, para librarse de adversarios o ciudadanos que les exigen información, consiste en entregarles montañas de documentos desordenados, para “cumplir con la ley”, bloqueando al demandante, por el trabajo excesivo que implica codificarlos.

Una estrategia del gran mercado para atrapar a los consumidores, en la sensación de que son inmensamente libres, es saturar todos los espacios con una amplísima oferta de productos de todos los diseños, tamaños, formas, colores, olores y sabores, “para satisfacer cada necesidad, gusto o estilo individual”.

Más allá de las estrategias, diseñadas exprofeso por ciertos grupos para seducir o bloquear a otros, la estructura de nuestra época y su modo dominante de comprensión, parecen haber estallado en millones de fracciones. Así, los discursos de la pluralidad, relatividad, complejidad y transparencia impiden ver el cristal, que somete a todos al orden neoliberal establecido.

A diferencia de otras épocas en que el PRI era el único partido y la oposición apenas si podía expresar tímidamente una propuesta distinta, hoy parece que surgen infinitas posibilidades. No importa el tremendo desprestigio de la partidocracia; la oferta de opciones “independientes” para el 2018 crece desmesuradamente.

Además de los conservadores (PAN, PRI, PVEM, Nueva Alianza, PES, Partido Humanista, y otros locales), y de los autonombrados de izquierda (PRD, PT, Movimiento Ciudadano), o Morena, (el único partido antineoliberal), se han desatado diversos movimientos ciudadanos, fuertemente críticos, que buscan o dicen buscar la transformación radical de las estructuras políticas.

Aparecen así nuevas “opciones” para impulsar “revoluciones pacíficas”: el Congreso Nacional Ciudadano (CNC) de Gilberto Lozano, proyecto empresarial (y privatizador), que afirma (tramposamente, diría yo), seguir el proyecto de Cherán (esa comunidad indígena que logró un nuevo orden, según sus usos y costumbres); el Congreso Nacional Indígena (CNI) que busca visibilizar las luchas de los más humildes, a través de una candidata, y establecer un Concejo (con “c”) Indígena de Gobierno (aclarando que “lo peor que podría pasarles es que ganaran las elecciones”); el “Llamado por México” de Cuauhtémoc Cárdenas, que dice buscar “la unidad de todos para rescatar la soberanía y dignidad de México y una nueva forma de gobernar” (apoyado por gente experredista); el candidato independiente, experredista y expetista, Gerardo Fernández Noroña con “un proyecto social político extraordinario”; y “Ahora”, el movimiento impulsado por Emilio Álvarez Icaza (y apoyado por Javier Sicilia, quien cambió de opinión, al reconocer que su llamado a boicotear las elecciones, no sólo no era atendido, sino que empeora las cosas).

Este exceso de “opciones para elegir”, sin embargo, no necesariamente contribuye al ejercicio de la libertad sino, probablemente, conducirá al naufragio.

Una pregunta salta a la vista: ¿Cómo lograrán estas opciones la unidad de la mayoría, para vencer a la clase en el poder, si no han buscado antes el consenso entre ellas?

Al ciudadano común le sucede actualmente lo que al Burro de Buridán: al tener tantas opciones terminará por abstenerse. (La metáfora medieval del filósofo Buridán, plantea que si se colocan dos pacas idénticas de alfalfa y agua, equidistantes a los lados de un burro, éste se paralizaría al no saber cuál elegir, y moriría de hambre).

Si no se abstiene, las votaciones tan fragmentadas (incluidas las que se obtienen mediante despensas o tarjetas Monex) harán nuevamente que los más pudientes (¿Margarita o Ricardo?) obtengan el voto “mayoritario” (no más de un 23 por ciento), como sucedió en las pasadas elecciones, cuando los ciudadanos hartos de los políticos se abstuvieron, facilitando el triunfo tramposo del PRI.

¿Cómo conseguir que los movimientos sinceramente alternativos dejen de verse sólo a sí mismos? Una auténtica transformación radical requiere que superen su ingenuidad, entren en un proceso estratégico de escucha mutua, y estudio profundo de la realidad actual; se articulen (sin subsumirse) en un solo y poderoso frente opositor para el 2018, y trasciendan el momento electoral, para seguir construyendo a largo plazo, las nuevas estructuras políticas.

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