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Feminización y desmasculinización, más allá de la orientación sexual

Cualquier apicultor sabe que cuando una colmena carece de reina, las abejas obreras eligen algunas larvas y las alimentan únicamente con jalea real y en vez de emerger abejas obreras, nacerán abejas reinas, capaces de reproducirse y mantener saludable, poblacionalmente, a la colmena: su sociedad.

La sociedad industrializada ha generado innumerables sustancias químicas, muchas de ellas se han clasificado como disruptores endócrinos, es decir que modifican el sistema hormonal de los seres vivos.

La investigación científica ha demostrado que los disruptores endócrinos interfieren en múltiples sistemas fisiológicos, incluso a bajas dosis. Entre los efectos más significativos se encuentran los siguientes: alteraciones de la función tiroidea, disminución de la fertilidad y del éxito de la incubación, graves malformaciones congénitas, anormalidades metabólicas y del comportamiento, desmasculinización y feminización, desfeminización y masculinización, alteraciones del sistema inmune, pubertad acelerada, aumento del peso corporal, alteración de la glándula mamaria y los genitales, así como de la estructura y función de la próstata, disminución de la fertilidad y la fecundidad, entre muchas otras alteraciones.

Obviamente que las voces fundamentalistas inmediatamente lanzan epítetos, pero independientemente de ello, la realidad existe. Los disruptores endócrinos se encuentran en el aire en forma de bifenilos policlorados, dioxinas, furanos, insecticidas, fungicidas, en los fármacos como las fitohormonas derivadas de la soya, alfalfa y trébol, las moléculas que migran de los envases plásticos a los productos en ellos contenidos, entre muchos otros.

Ante los negacionistas de la realidad, habrá que recordarles que en 1962, Rachel Carson, publicó su libro “Primavera silenciosa” alertando sobre el peligro de los plaguicidas, fue denostada e incluso perseguida. En 1996, apareció el libro “Nuestro futuro robado” de Theo Colborn, John Peterson Myers y Dianne Dumanoski, donde se evidencia el peligro del uso indiscriminado de estrógenos sintéticos como el dietilestilbestrol usado en mujeres embarazadas, pues, aseguraba la industria farmacéutica, que producía bebés más grandes y fuertes, suprimía la producción de leche después del parto, aliviaba los síntomas de la menopausia, era útil para tratar el acné, el cáncer de próstata y la gonorrea infantil e incluso para detener el crecimiento. Los ganaderos utilizaron toneladas de este químico como aditivo para los piensos. En el año 1962 surgió la tragedia de la talidomida, miles de niños sin brazos y piernas.

No se trata de creencias, de posiciones fóbicas o fílicas, las evidencias están publicadas en revistas científicas como la Revista Española de Endocrinología Pediátrica. Los éxitos de la ciencia y la tecnología son equivalentes a sus fracasos. ¿qué nos asegura que los comportamientos, las preferencias y orientaciones actuales de los seres humanos no son efecto de la disrupción del sistema endócrino?

Generalmente si a un fumador se le pregunta ¿por qué fumas? La mayoría responde “porque me gusta”, la realidad es que siendo depresivo, la nicotina, que tiene propiedades antidepresivas le provoca calma y placer. No es un gusto, no es una orientación subjetiva, es un fenómeno químico biológico que determina un comportamiento determinado.

Por ello hay que someter a reflexión y pensamiento crítico todo comportamiento, preferencia u orientación, no para etiquetarla, sino para explicarla. Por ejemplo, el machismo tiene una explicación, así como la sumisión femenina, los roles de género y muchos otros comportamientos que han sido estudiados, no para asignarles una valoración moral de positiva o negativa, sino para ampliar el entendimiento humano sobre sus diversidades y cosmovisiones.

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