Opinión

La hora de los pueblos

He seguido de cerca el proceso de articulación que desde octubre de 2016 realizan más de una docena de organizaciones sociales en Querétaro. Esos grupos forman un mosaico con diversidad de agendas, ritmos y métodos. No buscan integrarse en una sola organización ni dar a luz algún membrete corporativo. El paso que han dado es fundamental, por modesto y complejo a la vez: han construido un espacio de encuentro con capacidad para el diálogo y la escucha atenta.

Es un esfuerzo que incluye aprendizajes para manejar diferencias, sospechas internas y, en general, la desconfianza que como un cáncer suele impedir el avance de construcción de alternativas vigorosas frente al orden establecido. Un primer punto de llegada se alcanzó el pasado viernes 24 de agosto, con la celebración de la Feria-Foro de Organizaciones Sociales, en las instalaciones de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en el marco de la Lección Inaugural de los cursos semestrales.

Como ponente central asistió el abogado Vidulfo Rosales Sierra, figura clave para que no haya caído en el olvido uno de los sucesos más traumáticos de los últimos años en México: la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, un hecho que condensa la precariedad nacional, la impunidad del Estado y la resuelta determinación de encontrar justicia. El abogado mostró la capacidad organizativa de un movimiento con alta capacidad de resistencia, justo a unos días de cumplirse tres años de este drama, que es una auténtica vergüenza histórica.

Al evaluar autocríticamente el movimiento, Vidulfo Rosales dejó para la reflexión importantes nudos que sobre cuales deben reflexionar tanto estudiantes como las organizaciones locales. Entre ellos, por ejemplo, la acción mancomunada entre la movilización y la defensa jurídica, y la importancia de tomarle la palabra al Estado para hacer avanzar el marco normativo y el diseño institucional. De esto el ponente conoce lo suficiente, pues como cabeza del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, llevó la defensa legal de 20 mil indígenas afectados por el proyecto hidroeléctrico de La Parota y consiguió que el Tribunal Agrario fallara en favor de los pueblos.

En el Foro del viernes 24, los integrantes de la Red de Organizaciones Sociales de Querétaro suscribieron un pronunciamiento que sienta las bases para empujar de manera más eficaz la agenda colectiva. Vale tener en cuenta que algunas de esas organizaciones se nuclean a partir de reivindicaciones muy específicas y otras se configuran para la defensa de derechos sociales ganados y que están en riesgo. Algunas más para rechazar embates y amenazas del Estado o para exponer alternativas creativas de restauración de equilibrios perdidos. Las hay también que plantean la urgencia de repensar integralmente el papel que corresponde a la sociedad en las actuales circunstancias. Es necesario enfrentar con más vigor la defensa de derechos y el empuje de proyectos para construir un mundo donde la convivencia se finque en la justicia. Sin autoritarismo, sin corporativismo, sin prácticas que reproducen el sistema que criticamos. Para esto es necesario aprender a escuchar con paciencia y apertura. Se dice fácil pero todos necesitamos aprender un poco.

En los planos global, regional y local hay evidencias claras de cómo el mundo está organizado en la más brutal asimetría. El sistema económico, que no es obra de Dios sino de los hombres, responde a una deliberada vocación depredadora y generadora de exclusión. Ni la libertad ni la igualdad, menos aún la fraternidad, han avanzado lo suficiente desde la Bastilla. Ante la crisis civilizatoria, ya lo han venido advirtiendo muchos pensadores, es la hora de los pueblos.

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