Opinión

METANO: DE LOS CEMENTERIOS AL BIOGAS

Molécula de la Semana

 

Por: Miguel Rea

 

El metano es un gas y el más simple de todos los hidrocarburos. De fórmula CH4, el metano es el componente principal del gas natural y se produce en condiciones de poco oxígeno o enteramente en su ausencia. Se estima que a nivel global aproximadamente 60% de las emisiones de metano son de origen antropogénico, es decir de actividades humanas, incluyendo actividades industriales, agricultura y ganadería y por residuos y basura.

 

Efectivamente, el ganado, o más específicamente las bacterias en el tracto digestivo del ganado producen grandes cantidades de metano a partir de materia orgánica. De forma similar, el almacenamiento del abono del ganado produce metano. Normalmente el cultivo del arroz implica la inundación de los campos de cultivo lo que provoca que los microorganismos bajo el agua degraden la materia orgánica y produzcan metano. El metano se produce también en rellenos sanitarios debido a la descomposición de la materia orgánica almacenada. Las llamaradas de fuego que se pueden observar ocasionalmente en cementerios no son el espíritu de los difuntos sino la combustión de metano resultante de la descomposición de los cuerpos. Las contribuciones de esas fuentes al metano antropogénico son: combustibles fósiles 29%, quema de biomasa 14%, rumiantes domésticos 23%, cultivo de arroz 17% y descomposición de residuos 17%. Sin embargo, el metano también se emite de fuentes naturales incluyendo pantanos, océanos, volcanes y por termitas, entre otros. Las contribuciones de las distintas fuentes a las emisiones naturales de metano son pantanos 72%, termitas 13%, océanos 6% y otras fuentes 9%.

Siendo el principal hidrocarburo atmosférico, el interés actual en el metano radica en que es un gas de efecto invernadero, es decir uno de los gases que están contribuyendo al calentamiento del planeta, categoría en la que también están incluidos el bióxido de carbono, el óxido nitroso y gases fluorados. En la atmósfera, el metano tiene una vida media de 12 años, un periodo más corto de lo que dura el bióxido de carbono. Sin embargo, el metano es un gas de efecto invernadero más potente que el bióxido de carbono porque es 20-30 veces más eficiente en atrapar radiación. Además de esa característica, el metano es un compuesto muy reactivo por lo que su sola presencia produce cambios en la composición de la atmósfera que incluyen una menor capacidad para eliminar otros contaminantes como los clorofluorocarbonos dando como resultado la generación de ozono, monóxido de carbono y bióxido de carbono, otros gases de efecto invernadero.

Se estima que en el siglo XV se producían 180 Tg de metano por año (1 Tg = 1 billón de kilogramos), lo que incrementó a 200 Tg por año a inicios del siglo XVIII, a 300 Tg por año en el año 2000 y a 400-600 Tg por año en el 2010. Todos producimos metano de manera directa o indirecta y la cantidad emitida está directamente relacionada con nuestro estilo de vida. Efectivamente, en el inventario de emisiones de gases de efecto invernadero para México realizado en 2006 los sectores que más contribuyeron a la emisión de metano fueron los desechos que día con día generamos (27.6%), el manejo y tratamiento de aguas residuales que desechamos (24.9%), las emisiones fugitivas de petróleo y gas requerido en hogares y para la fabricación de bienes y servicios (24.3%) y las actividades ganaderas que suministran la carne y lácteos que consumimos (20.1%). Juntos esos sectores representan 96.9% de las emisiones totales de metano inventariadas. Hay observadores que consideran que debido a que las fuentes de metano están relacionadas con actividades humanas es, en teoría, posible controlarlas. De ser así se estima que la temperatura global podría reducirse en un 25%.

Debido a que el metano puede ser capturado de los lugares donde se produce para ser usado como combustible, la captura de metano del biogás es una de las estrategias que se proponen para reducir su impacto ambiental y para reducir el uso de combustibles no renovables. Aunque químicamente similares, el biogás metano es energía renovable a diferencia del gas natural que es un combustible fósil no renovable. Por esas razones, y porque la química es parte de nuestras vidas, la molécula de esta semana es el metano.

 

Referencias

Mer, J., & Roger, P. (2001). Production, oxidation, emission and consumption of methane by soils: A review. European Journal of Soil Biology, 37, 25-50.

 

Wuebbles, D., & Hayhoe, K. (2002). Atmospheric methane and global change. Earth-Science Reviews, 57, 177-210.

 

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