Opinión

El tiempo de la vida

Por. Ana Cecilia Figueroa

Divulgación de la Ciencia, UAQ

 

La permanencia de los seres vivos en la Tierra varía de una especie a otra con miles de años de diferencia. De ahí la importancia de medir el tiempo en biología, señalan Marlene Soto Calderón y Martha Zertuche, estudiantes de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma de Querétaro.

Así, nos encontramos a las actinobacterias que pueden vivir más de medio millón de años, colocándose como el organismo más antiguo del planeta. El tiempo en biología también encierra paradojas, como aquella que nos muestra que el inhóspito desierto de El Sahara alberga a las “suculentas”, estas peculiares plantas pueden llegar a existir por más de 50 mil años; ese tiempo de vida las iguala con otros seres que habitan en las profundidades del mar: los corales. Por su parte, las plantas llamadas gramíneas pueden permanecer con vida hasta 30 mil años.

Aunque la existencia de los animales más longevos se ve reducida considerablemente si la comparamos con los organismos anteriores, el tiempo que pasan los erizos en la Tierra no es nada despreciable si consideramos que viven hasta 300 años. En la exuberancia de las islas Galápagos, ubicadas en El Ecuador, algunas tortugas pueden permanecer hasta 250 años. Los 80 años que viven los pericos se valora aún más si los comparamos con el colibrí, cuya vida llega a lo mucho a un año.

En comparación con estos vetustos animales, hay otros cuya vida es muy corta como la del insecto efemeróptero o efímero, así llamado porque sólo vive un día; tiempo suficiente para que nazca, crezca, se reproduzca y muera.

Sin embargo, hay otros animales como las abejas, cuyo tiempo de vida varía de una a otra. Por ejemplo, la reina puede llegar a vivir hasta tres años, mientras que las obreras, si acaso, tres meses. Las libélulas, en su etapa de larvas, pueden permanecer con vida un par de años, sin embargo, una vez que pasan ese estadio, no logran sobrevivir más de un par de semanas. En cambio, los mosquitos viven máximo una semana.

Las mariposas monarcas encarnan otra de las aparentes paradojas de la vida animal, pues aquéllas que migran viven hasta cinco años, pero no sucede lo mismo con las que permanecen en el mismo lugar. Esto se explica porque en los individuos que migran, los niveles de la hormona del crecimiento, llamada también juvenil, se mantienen muy bajos, por lo tanto, logran incrementar su esperanza de vida. En cambio, los organismos que no cambian de lugar aceleran la producción metabólica de esta hormona y, por tanto, su tiempo generacional se reduce.

Con el ave “Charrana” pasa lo mismo, pues una vez que llega a la adultez empieza a viajar alrededor del mundo, casi toda su vida se la pasa viajando y, así, cambiando constantemente de residencia, habita en este planeta durante 34 años. Es impresionante el gasto energético que esto representa para ella, pero también, cuando llega a ciertos lugares con determinadas temperaturas, encuentra alimento, pareja, entonces puede anidar y esto le resulta benéfico.

Con los animales voluminosos sucede lo contrario, éste es el caso de los elefantes, los cuales aumentan sus días cuando se encuentran en cautiverio, condiciones en las que pueden permanecer con vida durante 13 años, pero si están en condiciones silvestres su tiempo en el planeta se reduce considerablemente, porque se enfrentan a depredadores, enfermedades y a escasez de recursos alimenticios. No pueden vivir más porque, por su volumen, es metabólicamente más costoso y complicado mantenerse; gastan más energía y consumen más alimento. En cambio, en el caso de los osos, aunque también son muy voluminosos, la hibernación alarga su periodo de vida.

El tiempo de vida de los animales en cautiverio dependerá de cada especie porque, por ejemplo, a un colibrí sería imposible mantenerlo enjaulado, pues necesita estar comiendo cada cinco minutos porque su metabolismo es muy rápido y, además, mantenerlo encerrado lo estresaría a tal punto que no podría vivir más de una hora.

Con estos datos proporcionados por Soto Calderón y Zertuche, queda claro que el tiempo en biología puede ser tan efímero o tan prolongado como la naturaleza de cada especie lo determine genéticamente pero, también, está comprobado que esto puede variar de acuerdo con sus condiciones de vida.

 

divulgacioncienciauaq@gmail.com

 

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