Opinión

Mi experiencia en la práctica

Por: Benjamín Cano Candelas*

Como parte de nuestro programa formativo del área de Psicología Clínica –5° semestre–, con el apoyo de nuestra Universidad (UAQ) y la presidencia municipal de San Juan del Río, nos fue asignado acudir a los centros de rehabilitación para personas adictas a las drogas y el alcohol. El objetivo es practicar en la aplicación de pruebas proyectivas a los internos para realizar un diagnóstico clínico, hacer una devolución a los internos y entregar el reporte a los encargados de cada centro, mejor conocidos como padrinos. Ya entregado el reporte se espera que la rehabilitación de los internos sea más íntegra y completa, teniendo nuevos elementos, que como ya se mencionó, ayuden a su rehabilitación y reintegración social y familiar.

El total de los centros de rehabilitación a los que estamos acudiendo son ocho, a cada centro acudimos entre seis y siete alumnos a aplicar los test. Las pruebas psicológicas que hemos aplicado y con las cuales haremos dicho reporte son: entrevista anamnésica clínica, HTP, Machover, Test de la Familia y Figura humana bajo la lluvia.

La experiencia de entrar en contacto con los internos ha sido muy enriquecedora, no ha quedado en la sola práctica de la aplicación de pruebas, de lo que por supuesto he aprendido mucho; también veo que, tocando el lado más profundo de ellos, son personas que abren el corazón y cuentan sin ningún prejuicio sus problemas de adicción, problemas de desintegración familiar y su experiencia como adictos. Platicando con mis compañeros coincidíamos en que son personas que necesitan mucho de ser escuchadas, pues el primer día de visita, después de la presentación, al momento de iniciar la entrevista, no era necesario preguntarles mucho para que fueran respondiendo a cuestiones que podrían ser más delicadas en cuanto al tipo de drogas que consumían, el tiempo de consumirlas, etcétera; incluso ellos mismos platicaban de situaciones concretas en las que se habían hecho daño o habían sufrido algún accidente. Un joven de 15 años me platicaba: “lo que yo quería era que mis cuates me escucharan, no que me dieran marihuana, pero como era lo único que había, y me decían que así me alivianaba, pues le entraba.”

Cabe mencionar que los internos tienen una disposición total para aportar lo que se les pide, pues están muy conscientes que esto también les servirá de rehabilitación, además tenemos que el hecho de que estén ahí ya quiere decir que ellos mismos están dispuestos a salir de donde se encuentran. Apuestan por su vida.

Desde mi opinión veo que como seres humanos y más como psicólogos, debemos trabajar en nuestra capacidad de escucha, pues la presencia del otro, como decía Lacan, nos hace sentir que existimos, que verdaderamente somos vistos, oídos, tomados en cuenta, importantes. Esta vez nos tocó a nosotros prestar nuestros oídos para escucharles, pero qué sucederá mañana cuando salgan y regresen a su mismo círculo de convivencia y les vuelvan a ofrecer lo mismo… espero que no suceda lo mismo y que el equipaje con el que fueron dotados en el centro de rehabilitación les sirva.

El ser tocado por esta realidad confirma mi vocación al estudiar psicología, veo que prácticas como ésta ayudan mucho para nuestra formación, no sólo en el ámbito profesional sino también en el humano. Ojalá se nos siga dando la oportunidad y el voto de confianza para seguir acompañando a estas personas.

*5º semestre de Clínica

UAQ SJR

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