Opinión

Nuevo recuento de daños

Amplia gama de grises

Por: José Luis Álvarez Hidalgo

“El poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente”

Vox populi

Se nos fue el año y hacer el recuento de los agravios en materia de los medios de comunicación es largo y desalentador; en primer lugar, el posicionamiento de estos poderes fácticos es cada vez más ultrajante para la democratización mediática. La conclusión es una: para los poderosos la definición de democracia es muy sencilla: hacer todo lo que les venga en gana sin que exista regulación alguna de por medio. De allí, que el menor atisbo de regulación sea visto como una terrible amenaza al incalculable poder que ahora poseen y van por más, quieren todas las canicas, todo el poder absoluto. Y se los estamos entregando en bandeja de plata.

Me voy a permitir revisar tres sucesos nodales que a lo largo de esta 2013 fueron definitorios en el actual estado de cosas en el tema del empoderamiento excesivo de los medios. Los aspectos a analizar son los siguientes: el poder de la televisión, la reforma en telecomunicaciones y el papel de los concesionarios de la radio ante la aplicación de dicha reforma. La primera parte de esta reflexión la haremos en esta entrega y fue inspirada por la conferencia del escritor Fabrizio Mejía Madrid que impartiera en nuestra Universidad Autónoma de Querétaro a mediados de año y que resultó muy edificante para reflexionar sobre el rubro que nos ocupa.

El conferencista cita una frase de Emilio Azcárraga Milmo, apodado “el tigre”, que sintetiza todo el ideario de los dueños de los medios: “Para cada hecho existen dos versiones: la tuya y la mía, y la tuya me vale madres”. Esta aseveración es contundente e inobjetable; en efecto, el despotismo con el que se manejan las televisoras es lacerante, no les importa destruir la capacidad de análisis e interpretación del mundo real del televidente a través de la telebasura que ofrecen, sino que a partir de la información que difunden en sus noticiarios tergiversan los hechos de tal manera que no perturben la estabilidad del poder político. Lo cual confirma la connivencia que siempre ha sostenido el poder fáctico de los medios con el poder político y el religioso.

Es tal el poderío de Televisa, afirma Fabrizio Mejía, que son los responsables de retrasar la transición democrática en el país porque así conviene a sus intereses, se llenan la boca con aires de redención democrática y resultan ser los más encarnizados enemigos de la democratización de los medios. Recordemos que cualquier acontecimiento que ponga en entredicho al poder, este suceso se silencia o se parcializa para no dañar la imagen del gobernante. Basta citar la nula cobertura informativa de la matanza del 2 de octubre o el silencio de López Dóriga ante la manifestación de los estudiantes dela Ibero en contra de Peña Nieto y que propició el surgimiento del Movimiento #YoSoy132.

A un año de que Peña Nieto usurpe el poder a través de un nuevo fraude electoral, las cosas no han cambiado ni tantito. Televisa creó un Frankestein, un monstruo llamado Peña Nieto al que hizo a su imagen y semejanza, al que hizo candidato a la presidencia y lo hizo ganar. Le produce la mejor telenovela de todos los tiempos de la televisora y le fabrica una esposa de plástico a la medida: la heroína perfecta del melodrama perfecto…y fueron felices para siempre.

Ahora Peña Nieto paga la factura aTelevisa por la presidencia y por 50 años de censura al servicio del poder, le condona una deuda al fisco por 3 mil millones de pesos, la compra de Telecomm, la aprobación de su fusión con Iusacell, miles de favores políticos y el tesoro más valioso: una concesión de por vida que nos sumirá en la peor esclavitud mediática a la que hemos sido sometidos jamás. La proclama de Mejía Madrid parece inútil: “¡Apaga tu televisión!”

Este es el triste panorama que nos espera para el 2014: un poder mediático favorecido y robustecido por el propio Estado mexicano que tendría que regularlo y someterlo a sus designios, pero no. Televisa y TV Azteca van por todo y esperan seguir gobernando este país lo que resta del sexenio. Eso les prometió Peña Nieto y se los va a cumplir a carta cabal. Por lo pronto nos despedimos de esta columna, recuperamos aquella con la iniciamos hace más de 20 años en el semanario Nuevo Amanecer; cambiamos de investidura, pero tenemos que redoblar el coraje y los bríos de la lucha periodística. Volveremos a ser tigres y sí, de papel.

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