Opinión

Petróleo compartido

Por: Salvador Rangel

El 18 de diciembre de 1937, los representantes de las empresas extranjeras se negaron a aceptar las nuevas condiciones señaladas por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, no obstante haber sido reconocida su constitucionalidad por ejecutoria de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sin aducir como razón de dicha negativa otra que la de una incapacidad económica, lo que trajo como consecuencia necesaria la aplicación de la fracción XXI del Artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en el sentido de que la autoridad declara rotos los contratos colectivos derivados del mencionado laudo.

Ante la negativa de aceptar el laudo de la Suprema Corte de la Nación, el gobierno -en uso de sus facultades- decreta la expropiación, actitud que todo el pueblo recibió con júbilo.

Ante la negativa de aceptar el laudo, el viernes 18 de marzo de 1938, el presidente Lázaro Cárdenas del Río expidió el decreto de expropiación de la industria petrolera.

El 23 de marzo se llenó el Zócalo de la Ciudad de México de miles personas que, de forma voluntaria, acudieron a manifestar su solidaridad a su presidente y a su gobierno; el 28 de marzo se llevaron a cabo manifestaciones en las principales ciudades del país.

La gente apoyó no nada más con su presencia, sino que célebres son las fotografías donde se ve a las personas haciendo donativos de dinero, joyas, para colaborar en el pago de las indemnizaciones.

Del 18 de marzo de 1938 a la fecha han transcurrido 75 años y 146 días de la histórica fecha en que el presidente Lázaro Cárdenas del Río recobraba para la nación un bien para beneficio de los mexicanos; y ahora, el 11 de agosto de 2014, en el patio central de Palacio Nacional, el actual presidente -acompañado de gobernadores, presidentes de las cámaras de diputados y de senadores, líderes de los partidos políticos (a excepción de la izquierda), representantes de cámaras de comerciales; en una palabra las “fuerzas vivas de la política y la economía”- anuncia que la industria petrolera aceptará la participación de la iniciativa privada nacional y extranjera. Aplausos, fotografías, caras sonrientes, todo son buenos augurios. Afuera de Palacio Nacional, cientos de policías resguardan el recinto oficial, ¿qué los inquietaría?

Hay quien llama al presidente “visionario”, que rompe esquemas que huelen a viejo, hay que abrirse a la modernidad, hay que compartir la riqueza, que algo ha de quedar a los mexicanos.

Se dice a todo mundo: el petróleo seguirá siendo propiedad del Estado, que regulará todo, y cuando se firmen los contratos con las empresas extranjeras, que no tienen el menor asomo de ser damas de caridad, ya veremos cómo se parte el pastel y quién se lleva la mejor tajada. Y no es de dudar que cuando exista alguna duda relacionada con los contratos y el diferendo se tenga que arreglar, no serán los tribunales de la nación quienes lo decidan. No, nada eso, se acudirá a los tribunales internacionales y ya sabemos -de antemano- quién perderá el litigio.

Pocas son las voces que señalan los riesgos de la modificación a la Constitución y al esquema de política energética, existe todo un plan para que el pueblo única y exclusivamente escuche las bondades de las reformas; quienes señalan los errores son los amargados y -como dijo Echeverría- “los emisarios del pasado”.

El senador por el Partido del Trabajo, Manuel Barttlett, considera que el gobierno engaña al pueblo al asegurar que el petróleo sigue siendo de la nación.

La izquierda ha manifestado que es una reforma entreguista en función de las necesidades de Estados Unidos y de los dictados de organismos internacionales.

Y flotan muchas dudas, sobre todo en la llamada ronda cero, donde quedarán establecidas las actividades y áreas geográficas en las que PEMEX seguirá o en las que podrán asociarse las empresas privadas. Y las licitaciones ya están en la puerta, serán en el primer trimestre de 2015.

Se pretende que todo quede definido antes de que termine el actual sexenio, es un capital político para que el PRI presuma y sea una plataforma para allanarle el camino al heredero de Palacio Nacional.

El “nuevo” PRI ha regresado para quedarse, no importa cambiar conceptos nacionalistas, para eso tiene mayoría en las Cámaras de diputados y senadores, y si le faltan votos, siempre tendrá “asociados”.

Y los nostálgicos se quedan con el recuerdo de la imagen que representaba a Pemex, el charrito de las piernas arqueadas y vestido con los colores nacionales y sombreo charro. Ahora es PemexUsa.

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