Opinión

Rendición de cuentas

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

PARA DESTACAR: Fueron puestos contra sus propias palabras. Quedó evidenciado un trabajo legislativo muy precario y una avalancha de aprobación de asignaciones presupuestales que constituyen la más absoluta negación de sus compromisos. Paren de sufrir los ciudadanos tomando muy en serio el papel que les reconoce el artículo 39 constitucional.

Cuando se promovía en redes sociales la sesión de rendición de cuentas de los diputados federales, ocurrida el martes 16 de agosto en nuestra Casa de Estudios, una ciudadana formuló una exclamación muy reveladora: “¡y todavía hay que ir a escucharlos…?”. Pues sí, hay que escucharlos, y hay que escucharlos con atención, pues solo así podremos comprender cómo funcionan los políticos, requisito necesario para encontrar el modo de entenderse con ellos en la democracia.

Mientras los ciudadanos no se asuman como mandantes, la democracia continuará siendo una entelequia, una hermosa entelequia, un precioso pero imaginario arreglo floral. Mientras los ciudadanos no asuman que en su persona reside la soberanía nacional, los políticos seguirán haciendo de las suyas por los siglos de los siglos.

En todas las esquinas del país y en todos los espectaculares del Periférico debería estar inscrito el breve texto del artículo 39 de la Constitución, cuyas dos primeras oraciones dicen a la letra: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste”. A los gobernantes se les llama “mandatarios” no porque sean los mandamases, sino porque son mandados, porque obedecen al mandato de quienes los eligieron.

La democracia no es cómoda. La democracia es confrontación, es encontrarse con el otro distinto, es combate abierto en una sociedad donde conviven intereses incluso antagónicos y abismales. Bauman, un estudioso de ese concierto polifónico que son las redes sociales, dice que el diálogo real no consiste en hablar con la gente que piensa como uno.

Las redes sociales “no enseñan a dialogar pues ahí es muy fácil evitar la controversia”, bloqueando o eliminando interlocutores. Y justo eso, pero en proporciones magnificadas, es lo que hacen los ocupantes del poder político: bloquear o eliminar adversarios. Ni los ven ni los oyen. En la vida cotidiana ningún diálogo auténtico entre diferentes es cosa sencilla, y los gobernantes tendrían que habituarse a ello.

Parlamentarios al fin, pues lo suyo es parlar, los diputados son diestros en el arte de salirse por la tangente, maestros en esgrima verbal y están acostumbrados a evadir el bulto. En general puede verse a los legisladores sonreír socarronamente ante las superficiales preguntas de banqueta, que casi nunca tocan cuestionamientos de fondo.

Por eso, lo relevante del ejercicio de rendición de cuentas realizado el martes a convocatoria del Instituto Nacional Electoral y la Universidad Autónoma de Querétaro, radica en que hoy fueron los diputados federales los que tuvieron que comprender que el diálogo con los otros no es cosa sencilla. Las preguntas, planteadas por conducto de los investigadores Luis Alberto Fernández y Marcela Ávila Eggleton, partieron de contrastar sus compromisos durante los debates de 2015, el Diario de Debates de la Legislatura federal y el registro oficial de su desempeño legislativo. Fueron puestos contra sus propias palabras.

Quedó evidenciado un trabajo legislativo muy precario y una avalancha de aprobación de asignaciones presupuestales que constituyen la más absoluta negación de sus compromisos. Cito un ejemplo que tiene que ver con la aprobación del presupuesto federal, que es una facultad exclusiva de la Cámara de Diputados.

Habiendo sido el presupuesto global para el año 2016 superior al de 2015, los legisladores queretanos votaron a favor de asignar a la educación menos recursos que el ciclo precedente. Le redujeron 2 mil 70 millones de pesos de un plumazo. Eso desde el propio presupuesto, sin contar los dos recortes que vendrían con posterioridad por decisión unilateral del Ejecutivo federal.

La gente no debería sufrir a sus políticos, como sucede en el país y en casi todo el mundo. Tendría que encontrar el modo de asumir el control sobre ellos. Habría que decir a los ciudadanos: ¡paren de sufrir! Paren de sufrir tomando muy en serio el papel que les reconoce el artículo 39 constitucional. Cité antes las dos primeras oraciones que forman ese artículo y dejé la tercera como postre. Dice: “el pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Para que sepamos quiénes deberían mandar en este país.

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