Opinión

República laica

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

Este lunes 30 de noviembre se están cumpliendo tres años de la publicación de la reforma constitucional por la cual se definió el carácter laico de la República. Así dice textualmente del artículo 40 de la Constitución federal: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal…”. Se trata de una definición concatenada a otras disposiciones relativas al carácter laico de la educación pública y la conformación de los gobiernos locales, ajenos a confesiones religiosas. Con esa reforma se otorgó rango constitucional a la determinación de establecer que la sociedad asumirá su vertebración moral no a partir de credos y autos sacramentales, sino a partir de leyes, es decir, de normas discutibles y adoptadas democráticamente.

Sin embargo, se trata de una definición que a pocos parece importar. Durante los últimos teres años no han cesado las señales en contra del espíritu laico de la república. Antes bien, han arreciado, sobre todo ante la proximidad de la visita del Jefe del Estado Vaticano, dentro de tres meses.

Trátese de gobernantes panistas, priistas o perredistas, lo mismo da, a ninguno parece importar el espíritu del artículo 40. El Jefe de Gobierno del Distrito Federal, por ejemplo, montará en el zócalo una réplica de los frescos de la Capilla Sixtina, máximo símbolo del poder pontificio, justo donde son ungidos los papas. Al tiempo, las dos cámaras del Congreso de la Unión sostienen una pública disputa para que sea a su recinto al que acuda el papa, y en la misma línea, el líder del Movimiento de Regeneración Nacional abandonó su alergia a los viajes internacionales y se hizo retratar con el pontífice en la mismísima plaza de San Pedro.

¡Quién ha olvidado que el jefe del Ejecutivo Federal, en el contexto del apocalipsis fallido del último huracán, dio la espalda a las explicaciones científicas para arrinconarse en la comodidad de las concepciones religiosas y decir que México que salvó gracias a rezos y cadenas de oración! En sintonía con este desparpajo, hace unos días el Instituto Nacional Electoral se negó a dar vista a la Secretaría de Gobernación para que se sancionara a un clérigo que en un acto litúrgico hizo una oración explícita por un candidato panista en Tamaulipas al iniciar su campaña.

Ya en el delirio, el presidente nacional del Partido Encuentro Social utilizó un foro en la Cámara de Diputados para reprobar que Dios “haya sido sacado de la vida pública” y demandó que los mexicanos elijan a líderes “temerosos de Dios” y que ajusten sus actos a la fe. Actitudes como la de este legislador alientan a voceros del catolicismo yihadista mexicano, como el semanario del Arzobispado de México, que exige frenar la “dictadura” de la Suprema Corte, a la que acusan de promover el vicio y ser “embrión de la destrucción”.

La religión no actúa en el vacío social ni tiene que ver con el castigo eterno. Su contenido ambivalente puede lo mismo inspirar la liberación de los pueblos que servir para el cultivo de la ignorancia y la opresión. Por lo general, su uso político en México va por esta última ruta.

Y, claro, cómo no detenernos en Querétaro, que es una mina en materia de conductas contrarias al referido artículo 40. Un dato de 2012: habiendo sido ya discutida la reforma constitucional, un sábado de agosto el gobierno de José Calzada mandó a misa a su secretario de Gobierno, quien se dejó ver en la primera fila de la Catedral como testigo del acto litúrgico por el cual el obispo “consagró” a Querétaro “al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María”.

Si a José Calzada le encantaba montar a caballo con el obispo Faustino, al actual gobernador no le disgusta la compañía de ese fino caballero. Se les vio juntos, por ejemplo, en la inauguración del Torneo de la Amistad, hace unos días, y en el mismo espíritu pudimos ver el lunes 16 a uno de los miembros de su gabinete anunciando junto al Vicario General del obispado el programa de la primera peregrinación de san Junípero Serra, que el sábado último llegó a Jalpan.

La única instancia que parece interesada en velar por la laicidad de la república es la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Precisamente en los últimos días de octubre, ese máximo tribunal negó el amparo a una mujer que exigía que en la escuela de sus hijos se impartieran clases de religión católica. Veo en esto particular interés porque se trata precisamente de un ama de casa radicada en Querétaro. Resulta que la señora recurrió a la Corte para insistir en su exigencia pues considera que deben impartirse clases de religión en la escuela primaria llamada “República Federal y del Senado”, en la colonia Las Hadas, por el rumbo de El Cerrito. Para los que tengan un poco de paciencia, ahí están las 54 páginas del expediente de Amparo (439/2015). La Corte, desde luego, le ha respondido que no.

Vista a contraluz, esta resolución revela la existencia de una pulsión dogmática enraizada en los estratos medios y bajos de la sociedad, esto es, no sólo entre los gobernantes. Puede percibirse allí una nostalgia de los días en que el presupuesto asignaba una partida para el culto divino, cuando el Ayuntamiento presidía las procesiones y cuando los diputados se asumían súbditos de la Virgen del Pueblito. Si volvieran esos tiempos no serían pocos lo que se arrodillarían de contento.
El espíritu laico de la República tiene por delante muchas batallas que librar.

 

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