Ser optometrista, ¿qué significa?

Para muchos de nosotros, la optometría no es solo una profesión: es una historia que se construye con experiencia, descubrimiento y compromiso. En mi caso, como en el de numerosos colegas, su significado se fue forjando con el tiempo, a medida que avanzaba en mi formación y vivencias clínicas.
Cuando ingresé a la carrera de Optometría en la universidad, como muchos jóvenes, tenía apenas una noción general de lo que implicaba esta disciplina. Pronto descubrí que la optometría es una ciencia compleja y fascinante, donde convergen áreas como la química, la medicina y la física, todas unidas en torno a la comprensión del sistema visual. Cada clase era un nuevo asombro: el ojo humano y su funcionamiento se revelaban como un universo en sí mismo.
Los primeros semestres estuvieron llenos de teoría, pero también de práctica entre compañeros, amigos y familiares. Fue en ese intercambio inicial donde comenzamos a aplicar lo aprendido, a tomar confianza y, sobre todo, a entender que detrás de cada evaluación había una persona que necesitaba ver mejor. Sin embargo, el momento en que la optometría cobró su verdadero sentido fue cuando inicié mi servicio en la clínica universitaria.
Ahí me enfrenté, por primera vez, a pacientes reales con necesidades reales. Comprendí entonces la responsabilidad y el privilegio de poder contribuir a mejorar su calidad de vida. Desde prescribir lentes hasta canalizar casos a otras áreas de especialización, o bien recomendar valoraciones médicas complementarias, cada atención era una oportunidad de impactar positivamente. Conté siempre con el respaldo de mis maestros, pero también aprendí que dar lo mejor de mí podía marcar la diferencia en el día a día de otra persona.
Antes de terminar la carrera, ya había tenido la experiencia de atender a bebés, adultos mayores y personas con discapacidad; de adaptar ayudas ópticas a quienes vivían con baja visión; de brindar terapia visual para mejorar habilidades específicas, y de adaptar lentes de contacto especializados. Cada caso representó un desafío, pero también una oportunidad invaluable de crecimiento. Fue así como terminé de enamorarme de esta profesión.
Hoy sostengo con orgullo el título de Licenciada en Optometría, un grado que aún es poco conocido, pero profundamente valioso. Creo firmemente que no se elige ser optometrista: la optometría te elige a ti. Es una profesión que, con conocimientos, lentes y luz, permite brindar un tratamiento integral para que las actividades cotidianas se realicen con mayor comodidad y autonomía. Tenemos en nuestras manos el poder de transformar la forma en que las personas ven el mundo, y con ello, la posibilidad de mejorar su vida.



