Opinión

Trump: la broma ha llegado muy lejos

Para destacar: El actual contexto político de los Estados Unidos termina por aplastar la lógica. En otro escenario, las intenciones presidenciales de Trump, tendrían que estar destinadas al fracaso; a estas alturas, Trump, tendría que ser la idea de nación equívoca, que sus ciudadanos superaron; un remanente de la intolerancia, del racismo, del odio, pero que jamás volvería a generar frutos; la realidad no va con la lógica.

Por:Daniel Muñoz Vega

Donald Trump ha ganado 7 estados de las elecciones primarias del Partido Republicano. ¿Es en serio que muchos lo quieren de presidente? Trump es una broma de muy mal gusto que se comienza a tomar en serio.  Sus intenciones presidenciales son un signo claro de la tremenda crisis política que viven los norteamericanos: por una parte, la eterna figura de los Clinton con su discurso demagógico y simplón; por la otra, Donald Trump se muestra impresentable. Así está la cosa, es lo que hay.

El futuro no es alentador, lo “menos peor» ante la inminente derrota del otro contendiente demócrata, Bernie Sanders, es que los Clinton regresen a la Casa Blanca; sin embargo, la amenaza es otra; ahí está Trump,  haciéndose el gracioso; su impostura gana adeptos, es infame, él y sus votantes.

¿A qué aspira alguien que desea poner la dirección de un país en manos de Trump? Estados Unidos es adicto al miedo; aquel discurso del terrorismo y de las armas de destrucción masiva, constituyó la cosmovisión política de los norteamericanos en la década pasada. A pesar de la perversidad que hubo en las operaciones bélicas del gobierno de George W. Bush y la exhibición de ésta, los estadounidenses no han podido entender  el contexto político, social y económico en el que viven hoy, sería mucho pedirles que entendieran un contexto global, donde interfiere tanto la política norteamericana.

Ahí está nuevamente el miedo, encausado por Donald Trump. Su discurso es descarado. Me resulta incomprensible que siga elevando el vuelo ante las constantes manifestaciones de odio hacia musulmanes y latinos. Abomino su aceptación a las prácticas de tortura. Trump se presenta cínicamente y habla sin tapujos: «El enemigo está decapitando a los cristianos y los ahoga en jaulas, y nosotros somos demasiado correctos políticamente como para responder de la misma forma», «Restablecería el waterboarding (ahogamiento simulado) y un infierno mucho peor que eso» —Palabras de Trump—. De este estilo es su retórica, y con estas palabras, toma ventaja sobres sus contendientes republicanos.

El actual contexto político de los Estados Unidos termina por aplastar la lógica. En otro escenario, las intenciones presidenciales de Trump, tendrían que estar destinadas al fracaso; a estas alturas, Trump, tendría que ser la idea de nación equívoca, que sus ciudadanos superaron; un remanente de la intolerancia, del racismo, del odio, pero que jamás volvería a generar frutos; la realidad no va con la lógica. Hoy puede llegar a ser presidente un tipo nefasto que encausa  ideales lamentables. Por eso la figura de Trump exhibe los fantasmas que Estados Unidos no ha logrado superar. Explica la concepción que muchos estadounidenses tienen sobre el mundo.

Si Trump se impone como candidato republicano, nos haría entender el nivel cultural en que se encuentra gran parte de los Estados Unidos. Exhibiría su decadencia. Podría ser, sin exagerar, el inicio de la caída de uno de los imperios más efímeros que ha tenido la humanidad. Los norteamericanos no pueden apostarle al suicidio, no pueden darse a entender de tal manera hacia al exterior y mucho menos, acabar con las posibilidades para transformarse hacia el interior.

Si la victoria de Hillary Clinton no representa más que la reinstalación de un proyecto político de antaño, es dentro de los males, el menor. La situación alrededor de Trump es tan lamentable, que hasta Clinton se ha convertido en una esperanza para muchos; bastantes de ellos, no votaran por ella sino en contra de Trump.

Debe haber una pizca de sensatez por parte de la sociedad y visualizar el modelo de país que estarían construyendo a partir del millonario neoyorquino. Sea lo que pase, no vienen tiempos mejores; Estados Unidos no ha apostado nunca por la paz, y sus ciudadanos viven dentro de una democracia simulada y rancia, que no les garantiza vivir con armonía, que simplemente funciona como mecanismo de defensa contra sus miedos, pero es por medio de su sistema por el que definirán su destino cercano: el propio y el de gran parte del mundo. Deseo que Dios bendiga a América, aunque no crea en él.

 

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