Opinión

Un bazarista que asombra

Por: Agustín Escobar Ledesma

Para pergeñar el siguiente texto busqué una frase célebre que describiera de cuerpo entero a Hugo Gutiérrez Vega. Después de consultar diccionarios, revistas del corazón, directorios telefónicos, la Biblia, el libro vaquero y la bola de cristal de internet, la que más me satisfizo fue una expresión de la autoría de Hemingway, quien señala que el secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad. Sin embargo, para redondear la personalidad de Hugo, yo le adicionaría dos virtudes más: humor y bondad.

 

Por supuesto que el enunciado del autor de “El viejo y el mar” nos perfila a un intelectual como Gutiérrez Vega, quién a pesar de ser abogado, poeta, escritor, actor, catedrático, diplomático, dueño de una memoria privilegiada y enciclopédicos conocimientos, nos deslumbra con su don de gentes, debido a que establece puentes de comunicación horizontales con cualquier persona, a diferencia de los soberbios que no están preparados para la vida porque, apenas se trepan a un tabique, se marean y se muestran serviles con los poderosos y prepotentes con los menesterosos.

Hombre de innegable y arraigado compromiso social, Hugo Gutiérrez Vega no vive en una amplia residencia de grandes jardines como los intelectuales orgánicos de nuestro país; para ejemplo de quienes le admiramos, nuestro querido poeta, siguiendo la senda de la austeridad republicana de Benito Juárez, comparte con su inseparable esposa Lucinda un modesto departamento en Copilco, situado en el sur de la antigua México-Tenochtitlan, debido a que, como don Quijote, durante toda su vida se ha dado a comprar y leer libros con tanta afición y gusto, que por lo regular olvida la administración de su hacienda.

Andar en Querétaro

Es del demonio público (Efraín Huerta dixit) que nuestro poeta ha mantenido una larga relación de amor-odio con nuestra levítica y conventual ciudad de Querétaro; la parte oscura es la que le dispensan a manos llenas los sectores más reaccionarios que lo han agredido, amenazado, aborrecido e incluso exorcizado, porque cuando fue rector de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), a finales de 1966, recuperó -por acuerdo de Patrimonio Nacional- el Patio Barroco, anexo a la parroquia de Santiago Apóstol, sitio en el que merodeaba una parvada de arpías yunquetas que salió volando con las uñas desenvainadas para desollar vivo a quien se atrevió a atentar contra “el patrimonio de Cristo”.

Por supuesto que el alto clero queretano, ante la devolución del Patio, en el último estertor de los cristeros, encabezado por el obispo Alfonso Toriz Cobián, se fue con todo contra el rector de la UAQ; estamos hablando de mediados de la década de los sesenta del siglo pasado, cuando las beatas de escapulario y rosario se santiguaban al escuchar los nombres de Lucifer, Juárez, Marx, Lenin, Fidel y Hugo. En aquellos días, la mayoría de los queretanos todavía se enjugaba las lágrimas por el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo y recordaba con nostalgia la feroz dictadura de Porfirio Díaz.

No está por demás señalar que Gutiérrez Vega no sólo no tomó un centavo de manera indebida cuando estuvo al frente de la UAQ (1966-1967), sino que él mismo redujo su sueldo a siete mil pesos porque le pareció injusto ganar el doble que los profesores universitarios. De cualquier modo, la diferencia entre la máxima autoridad y los académicos se emparejaba y hasta era rebasada, debido a que las cenas -en la casa de Lucinda- con los maestros, los personajes que venían a dar conferencias y los funcionarios de las diferentes embajadas con las que se hacía las semanas culturales corrían por cuenta del rector. Ahora, después de aquel parteaguas universitario, el ahora exrector tampoco ha cobrado un centavo como pensionado o jubilado por los valiosos servicios prestados a la comunidad queretana.

Memoralia

En cierta ocasión, consultando la hemeroteca del Archivo Histórico de Querétaro, encontré un viejo periódico local cuya radiante sección de sociales reseñaba el enlace matrimonial de Lucinda Ruiz Posada y Hugo Gutiérrez Vega, joven y hermosa pareja hincada ante el altar en que el poeta, con la mirada, le dedica una declaración eterna: Eres como una isla, / te rodeo y me ajusto a tus formas.

Al continuar hojeando el pesado vademécum, páginas adelante saltó a mi vista una declaración del joven abogado solidarizándose con el gobierno de la Unidad Popular, de Salvador Allende, nota ilustrada con una fotografía de Hugo; recordemos que en 1970, fue presidente del Comité de Apoyo a la Unidad Popular, de Salvador Allende.

Premios al mérito

Hoy, con la juventud acumulada (León Portilla dixit) de sus primeros 80 años de vida, nuestro poeta queretano de Guadalajara también ha atesorado un sinfín de premios y reconocimientos, encontrándose entre los más significativos el recibido en 2011, que lo acredita como miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Además, en el 2012, le fue otorgado el premio nacional de periodismo “Carlos Septién García”; y un año después, el presidente de la República le entregó el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura.

Humor con humor se paga

El humor es otra de las facetas de Hugo que cualquier persona puede disfrutar los domingos en su columna “Bazar de asombros”. Recuerdo una de las que más me han hecho morir de risa: “El arcángel “Grabiel”, “el Patotas” y “Jefté”, en donde nuestro autor narra una serie de anécdotas en torno a las tradicionales pastorelas de nuestro país, espacios en los que el humor involuntario es representado espontáneo y vital, como sucedió en Bernal, en donde se anunció con la debida solemnidad: “Ya parió María, ya parió José, parieron los pastores y el niño también”.

Más celebridades

Otra frase célebre que encontré para teclear este textículo (léase texto pequeño) es una de Miguel de Cervantes, quien señala que “La humildad es la base y fundamento de todas las virtudes, y que sin ella no hay alguna que lo sea”, enunciado que también -a mi parecer- es un traje a la medida de quien dirige el suplemento cultural La Jornada Semanal y que hoy, en su avanzada edad, como dice Marx (Groucho, por supuesto), tiene la intención de vivir para siempre, o morir en el intento.

En vida hermano…

El 29 de noviembre se cumplirán 48 años de la toma del Patio Barroco y, desde mi perspectiva, el H. Consejo Académico de la Facultad de Filosofía está ante la oportunidad de reconsiderar su negativa y, ahora sí, nombrar a este simbólico lugar “Patio Barroco Hugo Gutiérrez Vega”.

 

Ya lo dijo el Caudillo del Sur, la Universidad es de quien la trabaja.

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