Opinión

Una historia general de las drogas

Por: Ricardo Rivón Lazcano

(ESCOHOTADO, Antonio. 2005. Historia General de las Drogas. Ed. Espasa.)

Una selección de fragmentos.

1. Otra cosa es que presentar el uso de drogas como enfermedad y delito haya acabado siendo el mayor negocio del siglo.

Llevado a su última raíz, este negocio pende de que las drogas no se distingan por sus propiedades y efectos concretos, sino por pertenecer a categorías excéntricas, como artículos vendidos en tiendas de alimentación, medicinas y sustancias criminales. Una arbitrariedad tan enorme sólo puede estimular desorientación y usos irreflexivos.

2. Querer que Dios nos quiera, decía Spinoza, es querer que no sea una substancia infinita. En más clara medida vale esto para el cultivo del conocimiento, un objeto inmortal que sólo promete hacernos algo menos ignorantes. Si se prefiere, amar sólo aquello que nos corresponda limita innecesariamente nuestra capacidad de afecto. La libertad, que en sus etapas iniciales llama a la insumisión, madura como sentimiento de goce ante ella misma.

3. La experiencia vivida con drogas diferentes en épocas diferentes y lugares diferentes, nos ofrece un banco de datos sobre el modo como el hecho de ser legales, ilegales o ajenas a cualquiera de esos estatutos influyó sobre su producción y consumo. A la luz de estos datos es oportuno repasar el cuadro de las razones expuestas por el prohibicionismo farmacológico.

 

4. Lícita o ilícita, toda sustancia capaz de modificar el ánimo altera la rutina psíquica, y rutina psíquica se confunde a menudo con cordura; vemos así que el abstemio acude puntualmente al psiquiatra para recibir camisas de fuerzas químicas -los decentes neurolépticos-, y la sobria dama a recibir como ansiolíticos unos toscos simulacros del opio.

 

Sin embargo, no conozco catadores de vino que sean alcohólicos, ni gastrónomos que devoren hasta la indigestión. Lo común a ambos es convertir en arte propio una simple costumbre de otros.

 

Fármacos de paz

 

 

Opio, Morfina, Codeína, heroína, tranquilizantes “mayores” (entre los más conocidos están las fenotiazinas), tranquilizantes “menores” (se denominan ansiolíticos -liquidadores de la ansiedad- etimológicamente), somníferos, vinos y licores.

Fármacos de energía

Cocaína, anfetaminas, cafeína.

Fármacos visionarios

MDMA o éxtasis, marihuana, haschisch, mescalina, LSD, ergina, hongos psilocibios y sus alcaloides.

Fármacos recientes

Ayahuasca, iboga, kahua.

 

5. Los padecimientos tienen mil orígenes e intensidades. Pueden ser un leve dolor de cabeza constante y un cólico nefrítico agudo, cuando no la pérdida de alguien muy querido, un descontento consigo mismo, el trauma de sufrir una intervención quirúrgica o la premonición de una muerte próxima.

Sería ridículo hacer frente a distintas fuentes e intensidades de padecimiento con los mismos recursos, y por eso los humanos han ido inventando remedios adaptados a cada condición.

 

6. La cuerda que sirve al alpinista para escalar una cima sirve al suicida para ahorcarse, y al marino para que sus velas recojan el viento.

 

Seguiríamos en las cavernas si hubiésemos temido conquistar el fuego, y entiendo que aquí, como en todos los demás campos de la acción humana, hay desde el primer momento una alternativa ética: obrar racionalmente -promoviendo aumentos en la alegría- y obrar irracionalmente, promoviendo aumentos en la tristeza; una conducta irreflexiva acabará haciéndonos tan insensibles a lo buscado como inermes ante aquello de lo que huíamos.

 

De ahí que sea vicio -mala costumbre o costumbre que reduce nuestra capacidad de obrar- y no dolencia, pues las dolencias pueden establecerse sin que intervenga nuestra voluntad, pero los vicios no: todo vicio jalona puntualmente una rendición suya.

 

7. Sólo me resta sugerir -por el bien de nuestra generación y de las sucesivas- una nueva forma de abordar el asunto en cuestión. No es preciso cambiar del día a la noche, pasando de una tolerancia cero a una tolerancia infinita.

 

Caminos graduales, reversibles, diferenciados para tipos diferentes de sustancias y toda especie de medidas prudentes son sin duda aconsejables.

Lo esencial es pasar de una política oscurantista a una política de ilustración, guiados por el principio de que saber es poder y de que el destino de los hombres está en el conocimiento.

 

(http://www.escohotado.com/historiageneraldelasdrogas.asp)

rivonrl@gmail.com

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