Opinión

Una persona sin odio

Punto y seguido

 

Por: Ricardo Rivón Lazcano

 

Voy con Slavoj Zizek en la cabeza.

 

 

 

Hay un montón de cosas en la vida –y la economía es una de ellas–, en las que tenemos que tener un montón de confianza en lo que nos dicen, porque la mayoría de nosotros sentimos que no tenemos las herramientas analíticas para saber lo que está pasando.

Y luego pienso en la contraparte, en esa minoría que no sólo no duda ni siente que duda, sino que está completamente segura de que lo que dice es La Verdad con mayúscula.

La práctica comunitaria es dialéctica, la práctica sectaria es dogmática. La primera está abierta y viva. La segunda está muerta y mata.

La primera acepta las contradicciones y las hace convivir para transformarlas en el marco mismo de su existencia; la segunda es unidimensional, no solo ignora las expresiones diferentes, las aniquila.

La vida es caótica, construimos relatos para darle sentido. Caótica, contradictoria y sin sentido. Los relatos que construimos son tan magníficos como las grandes y pequeñas religiones, las grandes y pequeñas teorías científicas, las grandes y pequeñas ideologías. Tan magnificas como las ficciones literarias de distinta calidad, como las racionalizaciones minimalistas que nos hacen salir airosos de cualquier entuerto cotidiano, de cualquier dilema moral.

Escritores que escriben sobre nada pero están diciendo muchas cosas. Parece que no pasa nada. Escriben desde lo mínimo, que en realidad es lo que nos pertenece. Pequeñas situaciones, cositas. Situaciones que se viven en el camión, en el super, caminando en la calle, la escuela, el trabajo.

Por ejemplo, escribir sobre la costumbre de bautizar a los hijos con nombres de personajes famosos y que suele convertirse en motivo de bromas. Pero ¿es realmente gracioso? ¿O en el nombre se encierra una clave sobre el destino de quien lo lleva?

O escribir sobre personas sin nombre famoso pero que les encantaría ser famosos más allá de aquellos trágicos 15 minutos.

Alguien sabe y escribe del drama de los refugiados climáticos. Pero los preocupados por forjar su propia fama no los ve redituables.

Otro describe la historia de un caminador de carretera que quizás descubrió la respuesta a la pregunta de qué chingados hacemos aquí. Describe la historia del caminador pero deja para la siguiente entrega la respuesta a la pregunta.

La izquierda suele equivocarse, y mucho, pero como la derecha, no sabe arrepentirse… otro tema de ficción.

Ella –para seguir ejemplificando– se interroga como si ella fuera la realidad (dice que es un buen método) ¿Por qué, para imponer la justicia (que siempre es la idea de justicia de alguien), se tiene que aniquilar algo, humanos por ejemplo?

Y Zizek sigue y sigue. Ahora en forma de ensayo.

 

Las famosas líneas del diario del Che Guevara: “déjenme decir, con el riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario es guiado por un fuerte sentimiento de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”.

 

No es tanto la “Cristinización del Che” sino más bien un “Cheitización” del propio Cristo   –el Cristo de las palabras de Lucas: “Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, su esposa e hijos, sus hermanos y hermanas– e, incluso su propia vida -no puede ser mi discípulo” (14:26), punto que va en exactamente la misma dirección que la famosa frase del Che: “Tú tienes que endurecerte, pero sin perder la ternura”.

 

La declaración de que “el verdadero revolucionario es guiado por un gran sentimiento de amor” debería ser interpretada conjuntamente con la mucho más problemática afirmación del Che Guevara sobre los revolucionarios como “máquinas de matar”.

 

Dijo el Che: “El odio es un elemento de lucha, el odio implacable del enemigo que nos impulsa a ir más allá de los límites naturales de los hombres y transformarnos en máquinas efectivas, violentas, selectivas y asesinos fríos. Nuestros soldados deben ser así, una persona sin odio no puede derrotar a un enemigo brutal”.

 

rivonrl@gmail.com

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