Opinión

Violencia porril en la Universidad

Por: Ángel Balderas Puga

anbapu05@yahoo.com.mx

PARA DESTACAR: El acto más irresponsable lo llevó a cabo el representante general de LSU, maestro de la Escuela de Bachilleres, cuando arrojó en el recinto gas pimienta. Llevar este gas a una asamblea significa que hubo premeditación para intentar reventarla a cualquier costo, evidencia la intención de impedir, de manera violenta, que la asamblea ratificara el resolutivo del Consultivo.

Ante la situación inédita de la anulación del pasado proceso electoral en el Sindicato de Académicos de nuestra Universidad y siguiendo lo que marcan los Estatutos de nuestro Sindicato, el pasado 7 de noviembre, el Consejo Consultivo (compuesto por los delegados sindicales de todas las Facultades), con base en el artículo 81, aplicable a cualquier caso no previsto en los procesos electorales, resolvió convocar a un nuevo proceso electoral lo más rápido posible.

Un delegado sindical de la Escuela de Bachilleres, que se presentó a la sesión megáfono en mano, intentó con violencia interrumpir el uso de la palabra que tenía otro delegado sindical. De la misma manera, afiliados que no son delegados sindicales intentaron interrumpir la sesión. Todo esto quedó registrado en video.

Ante la falta de condiciones para llevar a cabo la sesión en la sede original, los delegados se trasladaron a otro espacio, donde finalmente, pudo llevarse a cabo la reunión y donde delegados de 11 de las 14 Facultades que componen nuestra Universidad acordaron reponer el proceso electoral.

Siempre con base en el artículo 81, dicho resolutivo debía ser ratificado en una Asamblea General, la que convocada para el día siguiente 8 de noviembre.

Los simpatizantes de la planilla descalificada “Lucha Sindical Universitaria” (LSU) promovieron, mediante correos electrónicos y redes sociales, que los maestros y las maestras no acudieran a la asamblea. El día de la misma estuvieron repartiendo volantes, defendiendo la toma de nota que de manera apresurada les dio la Junta Local de Conciliación y Arbitraje.

En el ingreso del recinto, algunos profesores arengaban a los maestros a que no se registraran y a que entraran sin registrarse pues la asamblea “era ilegal” (aunque nadie les hizo caso), unos cuantos jubilados rompieron su papeleta de votación. Los que hicieron estas acciones estaban en su derecho a hacerlas así como los que no asistieron de manera deliberada.

 

La violencia desatada

Pero a lo que no tenían derecho es al uso de la ‘violencia’ para tratar de impedir el desarrollo de la asamblea. Si sus acciones no fueron convincentes para un gran número de profesores que deseaban votar, deberían haber aceptado esto pero no hacer lo que hicieron.

Al inicio de la asamblea, el maestro de la Escuela de Bachilleres, Hugo Pascual Rivera, se levantó y de manera violenta trató de quitar el micrófono al Secretario de Actas; mientras este leía el resolutivo del Consultivo, rompió el papel que leía y trató de arrancar el cable del micrófono. Es ridículo que en redes sociales se diga que “no se les permitió hablar” cuando el principal causante del boicot al uso del micrófono fue el maestro Rivera. Esto quedó registrado en varios videos.

Casi de manera simultánea, el excandidato de LSU a la Secretaria de Asuntos Laborales, profesor de la Facultad de Derecho, ‘con violencia’, trató de robarse una de las urnas de votación, desconectar una bocina y la energía eléctrica de micrófono y bocina. Al final, esa urna fue destruida. Esto quedó registrado en varios videos.

También casi al mismo tiempo, de manera violenta, un pequeño grupo de jubilados trató de apoderarse de la otra urna de votación, cosa que no lograron, pues al ver esto cientos de maestros emitieron su voto a pesar de los obstáculos que les ponían los seguidores de LSU.

Me tocó presenciar de cerca, cuando de manera violenta, un exsecretario general del SUPAUAQ y exdirector de la Escuela de Bachilleres, con fuerte aliento alcohólico, trató de impedir el voto de una maestra de la Facultad de Bellas Artes, jalándole el brazo y tratando de arrebatarle el voto de su mano. ¿Por qué presentarse a una asamblea después de haber bebido alcohol?

Gas pimienta

Pero el acto más irresponsable lo llevó a cabo el representante general de LSU, maestro de la Escuela de Bachilleres, cuando arrojó en el recinto gas pimienta. Ya circula en la red un video en el que se muestra claramente cuando activa un nebulizador con tal gas.

Este acto irresponsable podría haber derivado en una tragedia de grandes proporciones pues arrojar gas en un recinto cerrado podría haber provocado el pánico de los asistentes.

El recinto no cuenta con salidas de emergencia, está en un cuarto piso, seguramente tiene un límite de carga para un determinado aforo de personas (el que puede reducirse si comienza una actividad frenética). En el interior había, al menos, una maestra embarazada, dos maestras asmáticas, una maestra con glaucoma, personas de la tercera edad y hasta una niña, hija de una maestra.

Llevar gas pimienta a una asamblea significa que hubo premeditación para intentar reventarla a cualquier costo, evidencia la intención de impedir, de manera violenta, que la asamblea ratificara el resolutivo del Consultivo. Actitudes porriles que nuestra Universidad no se puede permitir.

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