Opinión

Votar o no votar

Por: Rodrigo Castañeda

Esta semana me enfrento a un dilema, no es un dilema existencial, sino un dilema de existencia, porque según el Instituto Electoral de Querétaro (IEQ), en lo que podemos denominar, a falta de un término mejor, un “intento de campaña por promover el voto”, me ha condenado a elegir entre votar, y existir, o no votar y ser condenado al olvido.

La cosa no estaría tan mal de no ser porque la publicidad del IEQ es por demás engañosa. Y digo que no estaría tan mal, porque sí han habido momentos en mi vida en que el “no existir” es una opción tentadora, por ejemplo aquella vez que se rompió la silla en la que me sentaba frente a todo el salón; o la vez que descubrí que mi primera novia me estaba poniendo el cuerno. En ambas ocasiones no haber existido habría hecho de mi día un deleite.

Consideren por un momento la “no existencia” en estos tiempos de crisis. No estar aquí significaría que no tendría que preocuparme por el precio del dólar, ni por mi fondo para el retiro (hasta ahora inexistente), ni por la inseguridad, las declaraciones del presidente o las casas de los funcionarios públicos. Si no existiera no tendría que ser testigo de las pobres, pobres –pero costosas—campañas publicitarias de los partidos políticos, ni de las acusaciones de “tal partido hizo esto, u aquel hizo lo otro, y los de verde me vieron feo, y los de fucsia me grabaron, y los del magenta lo único que han hecho es su canción estúpidamente pegajosa”.

No existir significa, en estos momentos, un remanso de paz; una tranquilidad mental que no se puede alcanzar en un país, ni en un estado, como el nuestro; una calma alejada de las promesas falsas, las propuestas vacías y los jóvenes que solo buscan el hueso.

Pero no, lamentablemente no votar no traería esta bonanza, porque si fuera así yo estaría haciendo una campaña con todos los recursos que pudiera juntar, para que los candidatos y políticos, no votaran. Imagínense, todos nuestros problemas se solucionarían, ya fuera que nosotros no votáramos, o que ellos no lo hicieran. Sin embargo, y para nuestra tristeza, la publicidad del IEQ es engañosa, no cumple lo que promete, solo nos emociona.

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