Crónica

Mi experiencia en dos Paros universitarios: La rebeldía no muere, no ha muerto, ni morirá

Antes de comenzar la entrevista, nuestro compañero quiso mantener su identidad en el anonimato, pues considera que el movimiento estudiantil somos todas y todos los estudiantes que conformamos la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Este es el segundo movimiento estudiantil en el que participa; el primero fue el paro del Instituto Politécnico Nacional, en 2014, donde estudiantes se pronunciaron en desacuerdo con la modificación del plan de estudios y la aprobación de la reforma en el reglamento interno, esto sin antes ser consultados, violando su derecho a una consulta participativa e informada. Durante aquel movimiento, mi entrevistado fue parte activa; esta vez, comparte, se consideró a sí mismo un “espectador” que, desde su experiencia y perspectiva, apoyó en lo necesario para la lucha de la UAQ:

Soy originario de la Cuidad de México, soy lo que le llaman “chilango”, allá nací y ya en 2020 me vine para acá, a San Juan del Río, Querétaro —me platica, a esta reportera primeriza, nerviosa, abrumada por el liderazgo del entrevistado, pero también entusiasmada por crear experiencia, por escuchar de viva voz vivencias que han marcado a mi entrevistado, que lo han hecho crecer y que pueden aportar algo en los lectores—.

A mí siempre me ha gustado el asunto político, me ha interesado mucho el aspecto de la lucha social, la defensa de los derechos, la conserva del estado de la legalidad en las personas… y, sobre todo, el bien civil en general.

El punto cumbre en cuanto a involucrarme fue en la primaria, fue en donde tuve ese auge. Empecé a descubrir ese liderazgo… esa valía mía para poder confrontar ciertas cosas que no me gustaban. Hasta con mis profesores yo era muy contestón, era muy rebelde, me salía mucho de mis casillas —me cuenta, mientras suelta una pequeña risa—; aunado al punto de que era rebelde hasta con mi familia.

Comenzamos la plática sobre el primer movimiento estudiantil en el que participó, en el que era un estudiante de preparatoria dirigiendo una Comisión de Comunicación, encargada de convocar a los universitarios en lucha y de informar.

Una mañana de septiembre de 2014, fue donde se desató mi primera experiencia, parecida a la que estamos viviendo ahora, que fue el paro del Instituto Politécnico Nacional. Yo estaba estudiando en la vocacional número dos Miguel Bernard del Politécnico —lo que en su equivalente queretano sería una Prepa UAQ—. Para empezar, yo no tenía más que 17 años y dije “pues órale, todavía ni tengo la mayoría de edad para meterme en estos asuntos, pero quiero participar”.

Vi la primera manifestación con un chingo de gente, batas blancas, colores guindas; unas mantas de verdad que de cuatro, cinco, seis metros —recuerda con tono de voz cambiante por la emoción—. Yo decía “dios de mi vida, esto está muy chingón”.

Toda esa cuestión de rebeldía, de interés común y de beneficio para todos, me motiva… me hace sentir vivo, me hace sentir que realmente estoy haciendo algo, que realmente vale la pena hasta el seguir viviendo.

Llegué una noche a la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas IPN (UPIICSA), que fue en donde pasé el paro, por azares del destino; te digo que por algo pasan las cosas. Llegué y dije, “yo quiero hacer algo”, o sea no nada más cuidar una puerta, yo quiero saber qué pasa, qué se hace y en qué puedo aportar.

—¿Qué te motivo en aquel entonces e incluso ahora, a ser parte de estos movimientos? —le pregunto.

No hay una motivación en particular, la realidad es que son muchas y en toda mi vida han aparecido. Para mí más que motivaciones, son como señales de “no te vayas”, cuando me estoy desviado del camino aparece una cosa que dice: ¿adónde vas?, ¡regrésate!, es por acá.

La lucha social, la política y toda esa cuestión de rebeldía, de interés común y de beneficio para todos, me motiva… me hace sentir vivo, me hace sentir que realmente estoy haciendo algo, que realmente vale la pena hasta el seguir viviendo, hasta el seguir adelante, hacer mis proyectos y demás —el relator expresa que le debes poner especial atención a esta declaración, porque es algo que lo representa como persona y lo motiva.

Una vez más, revivo aquellos recuerdos de los días de septiembre en 2014, le pregunto:

—¿Tienes alguna experiencia, vivencia o situación, durante tu primer movimiento, que hasta la fecha te provoque sentimientos?

En general, algo que a mí me hace revivir muchas emociones y me hace sentir muy contento es que exploré una parte de mi personalidad que no conocía, exploré esa parte de comunión, de fraternidad con mis compañeros. Cosas que me llevo muy en el corazón, son las noches que pasé con ellos y cómo todos éramos uno; aunque suene muy mamón… todos éramos uno.

Créeme que lo que más me ha marcado en mi vida hasta el día de hoy, son las personas que conocí, la neta. Conocí personas que eran mucho mayores que yo hasta por seis, siete, ocho años o más; me acogieron, me cobijaron, me procuraron y estuvieron ahí para mí… estuvimos para nosotros.

Es lo que me llevo, también que me abrió los ojos a la realidad así muy cabrona, de cómo se manejan muchas cosas hasta en el tinte político. 

De igual manera, destaca aquella experiencia amarga, en la que coincidieron con el movimiento de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

La paradoja de esto es que, a los días…a la semana de que surge el paro del Politécnico, desaparecen a 43 normalistas de Ayotzinapa, en Guerrero. Entonces ya te imaginarás, se hace el revuelo, se hace la conjunción con lo que estaba pasando y sí… se hace un desmadre.

Conocimos también a los normalistas compañeros de los desaparecidos, conocimos a los papás de los desaparecidos — me cuenta desanimado.

A la semana de que surge el paro del Politécnico, desaparecen a 43 normalistas de Ayotzinapa, en Guerrero.

—¿En qué instancias se da su encuentro con los compañeros de los normalistas?

En ese momento, no solamente nosotros queríamos diálogos con el gobierno. Por la cronología de los hechos, nosotros tuvimos el acceso primero que ellos con las autoridades; con el Secretario de Gobernación y con el Secretario de Educación. Los normalistas se acercaron, ambos movimientos se encontraron en la exigencia de atención y de sanción hacia los problemas, se conjugaron simple y llanamente las causas, obviamente ellos tenían una situación más concreta que era encontrar a sus compañeros. 

En ese vaivén, lo que ellos querían era difundir el mensaje de lo que había pasado en realidad. Los normalistas se ofrecieron a contarnos en primera persona lo que había sucedido y cómo se habían dado las cosas.  Lo impactante no fue que hablaron, lo verdaderamente impactante fue ver desde sus propios ojos, su propia narrativa y su propia vivencia las cosas, lo que estaba pasando.

—Desde las posibilidades de su movimiento y empatizando como estudiantes, ¿de qué manera sus movimientos se apoyaron de manera mutua?

Lo que nosotros les ofrecimos en ese momento a los compañeros fue solidaridad, acompañarlos en su lucha e integrarlos a una de nuestras partes exigentes, que buscaba no solamente el amparo para los Politécnicos sino para cualquier estudiante. 

También se llegó a tocar el tema de golpetear de manera mediática. Se empezaron a tomar casetas en las que se dejaba el paso libre a una cooperación voluntaria para el sustento de la búsqueda, porque los normalistas se estaban moviendo con recursos propios.  Se crearon canales de comunicación, para informarnos de manera mutua y ver lo que necesitaban, ellos nos tenían contemplados en sus actividades, en el aporte de víveres y demás. 

—¿Cuándo finaliza el movimiento del Politécnico, aún tenían canales de comunicación o alguna conexión para seguir apoyando la búsqueda de los normalistas?

Cuando se levantó el paro del Politécnico, no fue que haya habido un distanciamiento, ellos ya tenían un paso adelante, ya tenían una Comisión dentro de gobernación: por el respeto de las causas ya no quisimos meternos en esa parte. No nos separamos, simple y sencillamente los objetivos estaban avanzando. Ellos ya tenían un paso adelante, nosotros decidimos respetar su causa y apoyar de una manera más externa.

Le hacía falta humanidad a la UAQ, le hacía falta espíritu de lucha a la UAQ y… yo creo que también le hacía falta mucha identidad universitaria.

Esta vez, desde su experiencia, con la magnitud tan grande como fue el paro del Politécnico y desde su perspectiva, le pregunto para finalizar:

— ¿Cómo ves el movimiento estudiantil de la UAQ?

Yo veo este movimiento, así como muy fuerte, muy débil. Muy fuerte en muchas cosas, en cuanto a la fuerza de voluntad, en cuanto a la valentía que tienen para manifestarse y es algo que celebro bastante, porque en un estado como Querétaro sí la piensas para alzar la voz… la piensas porque no quieres ser señalado, no quieres ser ignorado.

Este movimiento hacía falta, le hacía falta sociabilización a la UAQ, le hacía falta humanidad a la UAQ, le hacía falta espíritu de lucha a la UAQ y… yo creo que también le hacía falta mucha identidad universitaria.

Así veo el movimiento, como algo que ya se necesitaba y que fue el detonante de muchas cuestiones, más allá de la violencia que se genera. Yo creo que es necesario que se continúe, con puertas abiertas, con puertas cerradas, pero que se continúe.  Y no solo con el movimiento sino con la unificación estudiantil.

Es así como dentro de la UAQ, sentados en un espacio del Campus San Juan del Río, que se mantuvo siempre en pie de lucha, rodeados de aquellas paredes con pintas que más que eso son sentimientos y testigos de estudiantes luchando por justicia y terminar con la impunidad, sigo escuchando a un líder que ya lo vivió, contarme sobre aquella experiencia que lo marcó, que le regaló aprendizaje, experiencias y madurez; que desde el anonimato que decidió guardar, se define a sí mismo con seguridad:

Soy la verdad incómoda, con retroalimentación basándome en mi experiencia.

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