Opinión

Luchas estudiantiles en la UAQ. Brevísima reseña histórica

Morelia, Michoacán – Al reescribir estas líneas (compartidas inicialmente el 12 de octubre por el Caralibro), pareciera que el paro y esta etapa de lucha está por cambiar de situación. Según el acuerdo entre rectoría y Facultades Unidas UAQ, se proyectó levantar el paro —que no la lucha, espero— el 3 de noviembre. Veremos.

A casi un mes de que estalló el paro y toma de instalaciones de la UAQ —el 30 de septiembre—, quisiera continuar con la reseña-comparación-balance de algunas de las luchas estudiantiles más emblemáticas de la historia de la Universidad, como lo fueron las de enero de 1958, mayo de 1980 y ahora, octubre de 2022.

El 12 de octubre, el paro protagonizado por parte de la comunidad estudiantil de la UAQ organizada en torno a Facultades Unidas UAQ, cumplió doce días en dicho estado, los mismos que duró el “paro” (entrecomillo porque fue durante las vacaciones) que también protagonizó una parte de la comunidad estudiantil en 1958, hace sesenta y cuatro años, tras el cual se consiguió la Autonomía —siempre relativa— de la Universidad de Querétaro. El 18 de octubre, la lucha actual igualó la cantidad de días —dieciocho— que la UAQ estuvo en paro en mayo de 1980, hace cuarenta y dos años, cuando, una vez más, la base estudiantil fue la protagonista de una recordada lucha, aunque, en ese caso, el paro fue formalmente convocado por el Consejo Universitario.

En 1958, sólo hubo una reunión informal de pocos estudiantes previo a la convocatoria, más numerosa, en la que se declaró la “huelga”, como le llamaron. Tiempo en el que transcurrieron unas 48 horas. En 1980, las y los normalistas ya sumaban varias semanas en paro, en cambio, las y los universitarios reaccionaron inmediatamente a la represión del 8 de mayo —cuando el Estado Mayor Presidencial y policías frenaron con violencia una marcha de normalistas—, pasando sólo un puñado de horas entre la represión y la convocatoria al paro. En este 2022, la sucesión de acontecimientos no se diferencia sobremanera de las luchas anteriores. La “gota que derrama el vaso” se suma a un historial de agravios y experiencias previas, y a un contexto nacional de luchas estudiantiles-sociales. En los recientes cinco años han sucedido paros contra la violencia de género institucional en la UNAM, la BUAP y la Universidad de Guanajuato, así como protestas por la misma problemática en decenas de universidades públicas y privadas. Incluyendo la UAQ.

En 1958, el pliego petitorio fue modificado conforme avanzaron los días y profundizaron la discusión, pasando de demandar la restitución del rector Díaz Ramírez —hoy en día, el auditorio que lleva su nombre fue renombrado por quienes protestan— a exigir la Autonomía hasta el sexto día en paro. En 1980, no sólo hubo un pliego, sino varios, las y los normalistas tenían el suyo, el cual se ve alterado tras la represión ya referida, y la UAQ hizo el propio, donde, entre otros puntos, hacían suyo el de los normalistas; sin embargo, después de varios días, las diferencias al interior de la comunidad universitaria llevaron a que hubiese dos pliegos universitarios. Por lo que no es ninguna anomalía que el pliego de hoy en día haya pasado por un proceso similar. Tampoco es novedad el que haya sido cuestionada la forma y el fondo del mismo.

En ese sentido, tanto en 1958 como en 1980 hubo voces estudiantiles contrarias a sus respectivos paros, ya sea porque los consideraban injustificados o porque consideraban que había otras formas de protesta. Los paros y huelgas siempre provocan estas divisiones y mientras más se prolonguen, sus efectos divisorios se acrecientan. Como ejemplos, tenemos los importantísimos movimientos estudiantiles de 1968 y 1999 en la Ciudad de México, el primero sumó poco más de cuatro meses en “huelga” y el segundo nueves meses. Sus prolongados paros siempre fueron discutidos por la comunidad estudiantil, a veces de manera muy ríspida, en sus asambleas. No hay paros tersos.

Tanto en 1958 como en 1980, las y los estudiantes, solicitaron y recibieron asesorías “externas”, ya sea de docentes u otros estudiantes, aunque siempre intentaron y, considero, lograron mantener la voz cantante. Por ejemplo, en 1980, las y los normalistas fueron asesorados por las y los estudiantes universitarios, quienes a su vez eran asesorados por las y los docentes solidarios con la causa. En ambas ocasiones, como ahora en el 2022, se les criticó por ello, acusándoles de querer “politizar” la lucha, de estar siendo “manipulados” por “gentes extrañas”. En 1958, dizque por el PAN, la Unión Nacional Sinarquista, por el rector recientemente removido, hasta por el temible comunismo; en 1980 por universitarios priistas molestos con el gobernador y, para no variar, también por comunistas de diversas organizaciones. Tanto en 1958, en 1980 y ahora (en este último caso, al menos, según mi observación a la distancia), los señalamientos son infundados.

En 1958, por cierto, adjunto al Comité de Huelga compuesto por puros hombres, surgió un Comité Femenil Pro-Huelga protagonizado por las primeras universitarias de la ciudad, lo que nos habla ya de la búsqueda por parte de algunas mujeres para ir abriendo y conformando espacios de participación pública-política; en 1980, si bien la mayoría de los considerados «líderes» estudiantiles, tanto entre normalistas y universitarios, seguían siendo los hombres, la base de mujeres ya era más numerosa, me atrevo a decir que incluso mayoritaria. En el 2022, es evidente que son las mujeres las que dirigen las demandas.

Por otro lado, resulta curioso que, en estas tres luchas, el Consejo Universitario, es decir la máxima autoridad universitaria, ha estado ausente en dos. En la primera el “Honorable” Consejo era un espejismo supeditado al rector (para constatar, pueden revisar las actas de sus sesiones). En la coyuntura actual, tampoco ha sido un ente-espacio de discusión u moderación. En condiciones extraordinarias, como lo es un paro, el Consejo bien podría haber efectuado una sesión extra en otra sede o hasta en línea, aunque, claro, se supone que sin la presencia de las, les y los consejeros estudiantiles en paro. Sólo en 1980 se estableció que el paro no tenía porque interferir con las sesiones del mismo, al fin que el único tema a resolver eran las demandas planteadas en sus pliegos y que ninguno de los puntos a tratar iban realmente dirigidos hacia la autoridad universitaria.

Hay muchos ángulos que observar en todo movimiento social y, dependiendo el caso, algunos de esos ángulos suelen tener, en su momento y con el tiempo, más luz que otros que permanecen en la oscuridad. El reto de todo individuo que participa y/o observa un movimiento social es intentar ver más allá de su propia individualidad (sus posiciones, lecturas, experiencias, deseos, etc.), lo que no es evidente. Menos cuando se trata de comprender la postura del otro.

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