En 1991 el PRI creyó que regresaba por sus fueros

En medio de la vorágine que significaron las recientes elecciones, creemos necesario realizar un análisis profundo, para interpretar el significado de los cambios que se avecinan; por esta razón Tribuna Universitaria decidió acudir con Augusto Peón Solís, analista político, exasesor de Manuel Camacho Solís y actual coordinador de la Maestría en Análisis Político de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
— ¿Cuál es su primera impresión ante los resultados de la jornada electoral de 1997?
— De sorpresa, sin lugar a dudas, creo que hay una recomposición de fondo en el marco de las tres fuerzas políticas fundamentales que componen el país. Esto habla de una sensible pérdida de terreno por parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI); lo cual ha de ser muy preocupante para ellos y tendrá que llevarlos a hacer ajustes de fondo en todos los terrenos; desde lo que son sus documentos básicos hasta la selección de candidatos y de dirigencias. También se habla de un fortalecimiento del tripartidismo en el ámbito de la política mexicana.
Para Augusto Peón Solís el resquebrajamiento del PRI se viene dando desde hace mucho tiempo y se ha manifestado de distintas maneras, empezando por la actitud ciudadana en la capital de la República. Desde los años 40s había un nivel de competencia entre los partidos que era muy marcado, en relación al resto de las entidades de la República. Sin embargo, lo significativo — según considera Peón Solís— es que hay un despertar dentro de la ciudadanía, que implica a convicción de querer ejercer los derechos ciudadanos. Al mismo tiempo se demostró un fuerte sentido de responsabilidad y de dignidad personal.
En palabras del analista político la ciudadanía expresó un “¡Ya basta a la cultura política de la subordinación ! Ya basta de seguir manteniendo el sistema cuya característica fundamental es el profundo desequilibrio entre el estado y la sociedad. Es también una búsqueda para redignificar la política en muchas entidades, yo diría en términos nacionales y sobre todo en la capital de la República”.
El significado de que el PRI esté perdiendo posiciones importantes dentro de la política y, que en un momento dado, pueda perder la mayoría se debe a que los ciudadanos estamos entrando a una etapa de mayor madurez política. Es el momento en el que la gente sabe que los procesos se van a respetar; los controles autoritarios por parte del estado se tendrán que relajar y es la oportunidad de que el ciudadano se exprese a sí mismo frente a un ámbito de mayor libertad y mayor competencia partidista. Esto nos habla de que el potencial democratizador dentro de sectores importantes de la sociedad, es un potencial que se había manifestado de manera parcial, porque el entrelazamiento entre instituciones ya establecidas y las reglas del juego no democráticas había impedido o distorsionado la expresión de los intereses ciudadanos. Es así como resume Peón Solís el hecho de que el PRI esté perdiendo la mayoría, sin embargo asienta: «Es el momento en que se actúa con legalidad, limpieza y transparencia por parte de la autoridad política; la ciudadanía tiene oportunidades concretas de expresar lo que antes no había expresado o lo que antes había expresado a través de formas radicales o de movimientos sociales que culminaban con la represión o con el crimen violento de muchos de sus líderes. Es decir ¡sí a la política democrática y no al carácter autoritario del régimen!».
Ahora en las ciudades más importantes de la República mexicana la oposición ha tomado lugares muy importantes; de acuerdo al analista político: “esto tiene que ver mucho con la cultura cívica que se da dentro de los espacios urbanos; donde la gente está mas informada, es más participativa, más crítica. Particularmente en los centros urbanos el ciudadano ha pasado de una postura de demanda a una postura de propuesta; ha pasado de una situación de pasividad a una situación de participación y de querer influir en los cambios. Es por lo anterior que en las grandes ciudades los resortes autoritarios de cualquier régimen tienden a debilitarse. en primera instancia”.
“La lucha por la democracia en México ha sido larga y turbulenta. Baste recordar que en el México contemporáneo la lucha de los estudiantes en el 68 en favor de la apertura democrática, donde murieron cientos de jóvenes. Posteriormente se fueron dando distintas expresiones como, por ejemplo, la insurgencia sindical en los años 70s; un sinnúmero de movimientos desde urbanos — sobre todo en la ciudad de México— hasta la lucha de los indígenas chiapanecos.
“Es una lucha que se ha dado de manera permanente, a veces brota aisladamente, pero también se da en medio de un terrible conflicto para quienes participan, puesto que el Estado ha sido, en ocasiones, negociador pero muchas otras veces represor; entonces no tiene oportunidad de expresarse; el ejemplo más claro es el de la izquierda mexicana, la cual se enfrentó a un aparato cerrado, coercitivo. En estas circunstancias, la izquierda se mantuvo siempre a la defensiva, y ello le impidió demostrar su creatividad y su Imaginación política. ¡Pero, qué tal cuando se abren los medios, cuando se modifica la ley electoral! Entonces encontramos a un Cuauhtémoc Cárdenas y a un López Obrador transformados, haciendo propuestas, moderando posturas y capitalizando los errores de los otros partidos en la contienda por acceder a los puestos.
“A través del tiempo, la oposición —en muchas ocasiones— ha tenido que confrontar la actitud de encomio hacia los presidentes en turno, por esta razón ante la aparente democratización y apertura del presidencialismo tengo un punto de vista prácticamente contrario a todos los que se han vertido en la prensa y otros medios. Hablando concretamente del presidente Zedillo. Habría que aclarar que él llega a la presidencia por accidente. En segundo lugar, nunca a lo largo de su historia política fungió como defensor de la democracia, ni mucho menos. Al inicio de su administración si bien dio muestras a nivel retórico en pro de la democracia, también manifestó una concepción terriblemente limitada de lo que es este concepto. Además, es un presidente que, especialmente durante los dos primeros años de su administración esquilmó el capital político que la ciudadanía le otorgó. Pero también es un presidente con suerte que dentro de una situación bastante desfavorable para la presidencia, se sacó el As de la manga y este As es lo que la sociedad y los partidos por si mismos habían venido construyendo a lo largo de mucho tiempo que es la petición o demanda de democracia en nuestro país. Y lo que hace es montarse sobre esta ola democrática y con inteligencia política aparecer como el gran arquitecto de la misma. Nada es más simbólico que su alocución, después de que se conocieran las cifras preliminares de las elecciones, cuando frente a las cámaras de televisión se presentó con el retrato de Benito Juárez a sus espaldas». Desde el punto de vista política esto, sin duda, resultó impactante porque de pronto los televidentes tenían ¡al Gran Demócrata que viene a culminar la obra que Juárez inició!, ——aquí es donde hay que tener mucho cuidado en el análisis —. Una cosa son los grandes esfuerzos que hicieron nuestros ancestros por la democracia y que murieron por ella como es el caso de Don Francisco I. Madero o de los estudiantes masacrados en el 68; y otra muy distinta tomar una decisión política en favor de las elecciones, que siendo importante, no es el producto preconcebido ni el proyecto del presidente ni de sus allegados dentro de la clase política, lo que ellos están haciendo es usufructuar políticamente el gran sacrificio de generaciones pasadas y utilizarlo en favor de la legitimación de un régimen que está en pleno proceso de cambio pero que es caduco, ineficiente , y en muchos sentidos, impune».
“Yo no quiero decir con esto que no fue importante la decisión de Zedillo, fue muy importante ¡ Pero hay de estaturas políticas a estaturas políticas! Juárez fue un visionario, un gran estadista. Francisco I. Madero dio su vida, literalmente, por la democracia y pasó todas las vicisitudes del mundo para defenderla. Carlos Madrazo pagó con su vida su atrevimiento de querer reformar al PRI. Y, de pronto, un grupo de tecnócratas totalmente apartados de lo que es un auténtico proyecto democrático, se presentan frente a nosotros como los grandes demócratas. Ejemplo de ello fue el actuar de Oscar Espinoza Villarreal, regente capitalino; quien habiendo conducido los asuntos de la ciudad muchas veces con base en la violencia, ahora felicita al triunfador para relevarlo en su cargo, Cuauhtémoc Cárdenas. Entonces, es fundamental dimensionar las situaciones. Una cosa es valorar lo que nuestros antepasados y los demócratas del presente hicieron y hacen en favor de un proyecto democrático de país y otra muy distinta evaluar la actitud de quienes comodinamente, debido a las circunstancias y a las presiones, toman estas circunstancias y dizque conducen el proceso.
—¿Qué pasa con el voto de castigo?
— Yo creo que hablar solamente de voto de castigo es muy limitado. El voto de 1997 es un voto de transformación, de cansancio y nos dice algo completamente nuevo dentro de la sociedad mexicana; es un voto que está dispuesto a castigar, pero en un sentido fundamental, está dispuesto a castigar la irresponsabilidad, los errores y los menosprecios.
Concretamente la campaña de Fernando Ortiz Arana, aquí en Querétaro fue conducida con base en la soberbia priista y el consecuente desprecio ciudadano. Cuando estamos hablando de un régimen en transformación y sobre todo en transformación democrática, estamos hablando de una situación en la cual los candidatos que compiten por los puestos dan la cara al público y debaten sus propuesta frente a la gente, ¡no se vale esconderse!, negar sistemáticamente la participación en eventos, no se vale darla espalda a la sociedad como lo hizo don Fernando, quien ¡en el pecado llevó la penitencia! Probablemente él calculó que la sociedad queretana era la misma de hace 20 o 30 años, pero se llevó un gran chasco, después de todo él compitió con un personajes que no tienen gran experiencia política; mientras que Fernando es un hombre que tiene toda la experiencia del mundo. Yo creo que los queretanos se sintieron defraudados con la campaña del PRI.
— ¿Qué significa a nivel nacional que los grandes personajes que tenían asegurada la victoria hayan perdido?
— Yo creo que nos indica el daño que la vieja manera de hacer política causa sobre quienes pretenden acceder a puestos de elección popular en el marco de circunstancias muy distintas a las del pasado. La vieja forma de hacer política —vertical y autoritaria— ha enmohecido la capacidad de respuesta y la imaginación política de los candidatos. Nada puede ejemplificar esto como el debate de Cárdenas y Del Mazo —quienes contendían por la jefatura del Distrito Federal—. Sabemos que Cuahutémoc no es un artista del debate, pero cuando vimos a Del Mazo, observamos lo que un sistema político podía ser sobre quienes buscan puestos dentro de su esquema, es decir, limitarlos extraordinariamente. Es una forma de hacer política que, fundamentalmente ahoga el potencial creador de mucha de su gente.
— ¿ Hacia dónde se dirigirá el PRI?
— Creo ahora va tener una de las épocas más duras de su historia; el PRI es un partido que ha terminado por desacreditar las instituciones políticas mexicanas. Múltiples veces se han intentado cambios dentro de su estructura, todas y cada una de ellas, han fracasado. Hubo una pésima lectura por parte del PRI de las elecciones intermedias de 1991 donde ellos ganaron. Pensaron que habían arrasado y que el PRI regresaba por sus fueros, pero no se dieron cuenta que detrás de ese voto estaba el peso de la figura de Carlos Salinas y probablemente fue el último voto de confianza de la ciudadanía hacia el partido. De esta manera, el PRI desaprovechó la oportunidad de reformarse y continuó empleando los mismos mecanismos del pasado. En estas elecciones las viejas maneras de hacer política, impuestas por el tricolor, se han terminado. Ahora la tarea fundamental radica en cómo ser un partido político de transición. No creo que el acta de defunción ya se halla expedido, el PRl aún cuenta con vastos recursos, infraestructura a nivel nacional y gente talentosa; además continúan teniendo un importante apoyo del electorado. En conjunto, estas son ventajas nada despreciables; las cuales pueden explotarse hacia el futuro siempre y cuando el partido dé un giro de 180 grados.
— Cree que el PRI dé un giro de 180 grados?
—El problema del PRI es que su sentido de autocrítica es nulo. Ahora es probable que, ante su derrumbe electoral, se vean en la necesidad imperiosa de un cambio. Pero antes deben aprender a conocer sus limitaciones. Qué contraste con el PRD que en dos ocasiones se pensaba que moriría y que de las cenizas resurgieron para consolidarse como la tercera fuerza política del país.
Según la apreciación de Augusto Peón Solís, ahora el PRI es el primero en preocuparse por una reestructuración. Por su parte, el papel de Acción Nacional en la vida política ha tomado rumbos muy importantes; tal es el caso de triunfos como las gubernaturas de Querétaro y Nuevo León. Sin embargo, al panismo nacional le preocupa la derrota en el Distrito Federal, el PAN deberá aprender de este fracaso. Mientras que el PRD ahora tiene una gran responsabilidad para gobernar el D.F. asevera Peón Solís: “es necesario que los partidos hagan un análisis hacia adentro de su partido, es decir, un reajuste, reestructuración y renovación basados en el sentido de la autocrítica. Es decir la tarea ya no es hacia afuera y a la crítica de los errores de los demás partidos, sino que la labor se centra en el análisis de los partidos hacia sus bases.”
— ¿México puede exclamar que ahora es ‘ democrático?
— Mi opinión es que México no es democrático, aún le falta mucho. Se dio un paso importante el 6 de julio, pero este paso, ni siquiera, involucró la transmisión del poder presidencial a la oposición. La jornada electoral significa el primer ladrillo en la construcción del edificio de la democracia. Cuando se fortalezcan las instituciones que van más allá de lo electoral y se vean permeados los hábitos democráticos y las actitudes en pro de la democracia, entonces si, México será democrático. ¿De qué nos ufanamos?, ¡de las primeras elecciones limpias, legales y transparentes a tres años del 2000! Se requirió de 80 años después de la muerte de Madero para lograrlo. ¿Me pregunto si esto es un gran logro?
Para Peón Solís “hacer política no es cuestión de observar el presente, sino, construir el futuro” Después de dichos antecedentes y un análisis profundo de lo que significó el 6 de julio en la historia de México, Augusto Peón Solís considera que las decisiones del gobierno deben incluir transformaciones que conduzcan a reformas de fondo; las cuales deberán atender a las necesidades del pueblo mexicano. Finaliza Peón Solís “Sin embargo, no hay que olvidar que las elecciones se dieron en un marco institucional que deja muchísimo que desear y nada garantiza que porque fueron limpias, los demás procesos sigan el; mismo rumbo».



