México vs. Arabia: Un último grito antes de la eliminación

El último baile o como diríamos en México: “en el último parcial me recupero”. Cuatro goles eran lo que necesitábamos para clasificar a la siguiente ronda, un escalón más para llegar al tan anhelado “quinto partido”, pero antes de un quinto hay un cuarto al que siempre pasamos, ¿no?
Las esperanzas de ganarle a la selección que derrotó a Argentina eran mínimas y es que México llegaba al último partido de la fase de grupos sin anotar un solo gol, ¿Dónde estaba la fe y esperanza mexicana, es más, qué diría un creyente?
–¿Pasamos o no pasamos?– preguntó un aficionado al padre de la iglesia.
–Pues… está difícil, ¿no?– respondió el padre sin querer dar muchas ilusiones.
–No diga eso padre, usted es un hombre de fe.

Nuevamente, México se entregó a su religión esperando un milagro, aunque por la hora del partido las especulaciones eran que el mexicano promedio estaría de 1 a 3 en los restaurantes viendo el partido y a las 4 en los bares para curarse del mal de amores… de amor a la camiseta.
Desde el primer tiempo el Tri parecía estar en su campo, la gente permanecía sin fe pero con patriotismo. Parecía más un ring que un campo de futbol, durante un minuto hubo cerca de cuatro derribadas seguidas a jugadores mexicanos, hasta que hubo tarjeta amarilla.
El partido entre Argentina y Polonia fue al mismo tiempo, por lo que un ojo estaba en México y otro en Argentina, se pasó página de polémica del fin de semana entre Leo Messi y el “Canelo” Álvarez, de todos los penales que el argentino había metido en su vida este era el que tenía nuestro futuro en sus manos, pero no llegó.
Los tiros de esquina fueron acompañados por cánticos de “¡gol, gol, gol!”, pero por aún más empujones y jaloneos árabes. Un campo de juego convertido en campo de batalla en el que parecía que el objetivo era desarmar al Chucky Lozano.
Era el primer partido contra Arabia y el dominio se veía, pero no en el marcador, si no era el Chucky era Vega o Chávez o Martín, todos decididos a meter el tan anhelado primer gol de México en esta Copa del Mundo.
Ya en el segundo tiempo llegó el segundo de esperanza: el primer gol de Argentina y en el minuto 47 cayó el primer gol mexicano por parte de Martín. Nunca hubo tanto amor entre aficionados como con ese gol, ¡el primero de México en Qatar!
De repente ya no eran cuatro goles, con dos más la armábamos. Cinco minutos después (minuto 52), llegó el gol más limpio y bonito de la Copa -hasta el momento- con una zurda de Chávez que cayó directo en la parte superior derecha de la portería.
Los aplausos no le hicieron justicia a la energía del momento, el éxtasis fue acompañado por cánticos que exclamaban: “¡México, México, México!” ¿Se tocaban el escudo o el corazón?, ¿era alegría o un paro cardíaco?: “me va a dar algo, guey”.
Si en siete minutos del segundo tiempo metieron dos, y aún quedaban 38 minutos, mínimo sí llegaba otro, ¿no?, pues al minuto 55 parecía que el Ángel de la Independencia sería retirado para colocar una estatua del Chucky Lozano, pero el gol fue anulado por posición adelantada.
Toda la esperanza mexicana se convirtió en gallardía absoluta: “anúlenlo, total vamos a meter otro”, indicó un fan. La actitud y determinación colocaban a México en los octavos, por un momento dejó de importar que el Tata Martino fuese el Director Técnico; era México y su selección, un equipo que repuso todo el nivel que no dio en los dos partidos previos -que no fueron malos, pero no fueron los mejores.
Un México que resistió el juego aéreo contra Polonia, le atajó un penal a Lewandowski; le jugó al tú por tú a Argentina hasta que llegaron los goles de Messi y Fernández; así como un encuentro elegante y latino frente a Arabia que les permitió meter tres goles, aunque uno fue anulado, pero bueno, a Argentina le pasó lo mismo con los goles anulados en el partido inaugural del grupo.
Segundo gol de los argentos y los mexicanos gritan como si fuéramos compatriotas, hasta se escucha un “Julián Álvarez ya eres mexicano”. Todas las vibras y astros apuntaban para que México pudiese clasificar, todo dependía de un gol, ya que estábamos empatados con Polonia en puntaje y goles, excepto en tarjetas. El Canelo debería ser futbolista polaco para recibir tarjeta roja y que México pase a la siguiente ronda, o la más realista: un gol más.
La tensión estaba a flor de piel y la lluvia de tarjetas amarillas a Arabia no se hizo esperar: parecía que buscaban desarmar al muñeco diabólico, hasta el arquero andaba en la mitad de la cancha para detener el balón del equipo mexicano.
Kevin Álvarez y Rogelio Funes Mori ingresaron y nuevamente, el pase dependía de Argentina, ya sea que su selección o Funes Mori metiesen gol, pero Argentina debía hacer servicio a la comunidad para que México pasara a la siguiente ronda con… un director técnico argento.
Ya con toda la carne en el asador, llegó el minuto 86, de que Antuna falló un gol sin arquero no hablaremos, pero si del gol que metió y anularon por ser fuera de lugar. La hazaña a un gol de distancia, si en siete minutos entraron dos, mínimo otro sí llegaba, ¿no?.
Pues sí llegó… se nos cumplió lo que deseamos, pero no nos hizo sentir mejor, no especificamos gol de quién… el tercer gol del partido: gol de Arabia.
México acarició la gloria, estaba en el punto más alto, pero todo lo que sube tiene que bajar y eso fue en el minuto cuatro del tiempo extra cuando la defensa mexicana seguía en las nubes del posible triunfo, y el bendito 10 de Arabia metió un gol que acabó con toda esperanza, la gente ya ni quiso ver, los asientos fueron desocupados y la idea de “siempre pasamos” se desvaneció. No soñamos con un quinto partido porque ni siquiera llegamos al cuarto.
Jugamos como nunca y perdimos como siempre, no el partido, sino el mundial, México se va con un partido ganado, el mismo que lo dejó fuera. Hora de despertar, México vuelve a casa en fase de grupos después de ocho mundiales desde Argentina 78 en los que mínimo el cuarto partido estaba asegurado.
Estamos fuera y es una pena.







