El match del siglo terminó. RIP Boris Spassky (1937-2025)

Una noticia ha enlutado al mundo del ajedrez. El otro protagonista del match de siglo de 1972, el ruso Boris Spassky, falleció el pasado jueves 27.
Spassky fue un jugador que tardó en despuntar. A pesar de su inmenso talento, se le daban mal las partidas decisivas, algo fundamental para alcanzar la cima. La historia pudo cambiar si en 1958 derrota a Mikhail Tal en su natal Riga. Tal venció y se convirtió en esa estrella fulgurante que alcanzó en sólo dos años el olimpo ajedrecístico. Fue hasta que Spassky se asesoró con el GM Igor Bondarevsky que explotó su inmenso potencial, ganando legendarios torneos como el de Santa Mónica 1966, o el torneo más fuerte en la historia de la URSS: el 41 campeonato soviético de 1973.
Spassky disputó el título mundial ante el rocoso Tigran Petrosian en dos ocasiones. En 1966 llegó a disputarlo luego de vencer en el interzonal de Estocolmo empatado en puntos junto a Smyslov, Larsen y Tal. Derrotó en fila a los durísimos Paul Keres (6-4), Effim Geller (5.5-2.5) y 7-4 a Mikhail Tal en la final. Sin embargo, Spassky aún no estaba preparado para derrotar al tigre de Armenia y cayó por la mínima (12.5-11.5).
Spassky volvió a recorrer el camino al título mundial, siendo indudablemente el mejor ajedrecista sobre la tierra en el segundo lustro de los años 60’s. Spassky fue el pionero en desarrollar el estilo de juego universal: se manejaba igualmente bien en posiciones tácticas así como en partidas de carácter estratégico, algo desconcertante para ese entonces. El torneo de candidatos de 1968 fue un paseo para Spassky: venció en fila a Geller, Larsen y Korchnoi, coronándose campeón mundial luego de derrotar a Petrosian 12.5 a 10.5 con un estilo agresivo cuando era necesario, y de boa constrictor en otros momentos, algo que destrozó los nervios del armenio.
En 1972, fue el responsable de cruzar espadas con el imparable Fischer en Reykjavik en 1972 representando a la “cortina de hierro”. Mucho se ha escrito acerca de ese encuentro, que ha llenado libros y documentales. Una historia que pudo escribir Tom Clancy y que mantuvo en vilo al mundo en el periodo más álgido de la guerra fría y que a la postre dio el triunfo a Fischer, quien no volvió a jugar una sola partida oficial.
De aquel match se recuerda la sexta partida. El marcador estaba 2.5 a 2.5 y al alzarse con el triunfo, Fischer toma la delantera que ya no perdió. Partida precisa y preciosa, un gambito de Dama que el chico de Brooklyn jugó con absoluta precisión, que al término de la misma, Spassky se levantó junto con el público asistente a aplaudir a su rival por haber creado una obra maestra, un hecho sin parangón en la historia del ajedrez.
De Spassky recordamos dos partidas, dos obras maestras atemporales, llenas de belleza por su originalidad: sus triunfos contra Bronstein en el campeonato de la URSS de 1960, un gambito de Rey. Y la más hermosa de todas, una que me provoca escalofrío en la espina dorsal cada que vuelvo a contemplarla. Su triunfo con negras en 19 jugadas en contra del danés Bent Larsen, primer tablero del Resto del Mundo en su match contra la URSS en Belgrado, 1970. Descanse en paz, gran maestro.



