electoral

Herrera gana segunda vuelta, pero…

Por Angélica H. Morales

El martes 15 de noviembre fue un día de tensa calma. A partir de las nueve de la mañana se instalaron las urnas de la segunda vuelta para la elección de Rector en la Universidad Autónoma de Querétaro.

Había expectativa en el ambiente; las Facultades, sin embargo, estaban tranquilas. La afluencia de universitarios era poca pero constante, no se vieron los grandes contingentes de votantes como en la primera vuelta.

Surgieron, como siempre, los rumores: fulanito compra votos en tal Facultad, zutanita amenazó a los alumnos, perengano no pudo votar… Nada se comprobó, nadie fue castigado. A pesar de todo, la votación continuó sin disturbios.

El día transcurrió sin mayores sobresaltos, hasta que cerca de las seis de la tarde, cuando el momento de cierre se acercaba, y la gente –nerviosa– empezaba a preguntarse si ya todos habrían votado. Conforme avanzaba el minutero crecía la incertidumbre, la expectativa.

“¿Ya votaste? ¡Corre, que cierran las urnas!”. Y mientras algunos ansiaban que las cerraran y comenzara ya el conteo, otros se apresuraban para no quedarse sin ejercer su derecho.

“¡Ganamos, ganamos!”, gritaron simpatizantes de Gilberto Herrera

Al fin, dieron las ocho de la noche en el reloj y en cada Facultad se cerraba una puerta para iniciar el arduo proceso de contabilizar los votos obtenidos por cada candidato. Varios alumnos y maestros se mantenían en las cercanías a la espera de los resultados.

Los simpatizantes se juntaban según su filiación. A ratos se los podía ver intercambiando miradas, mensajes en teléfonos, papeles doblados.

La información extraoficial comenzó a correr entre todos como un niño juguetón; nada era seguro, salvo que no se podía confiar en esos datos. Llegó el primer rumor: Carrillo ganaba el voto de maestros en Ciencias Políticas; el ambiente comenzó a ponerse álgido.

A partir de ese momento la información fluyó rápidamente; cual caballo desbocado, dejaba una sensación constante de desorden y confusión.

Los votos fueron en aumento y el conteo parecía narrar algún partido deportivo: cuatro de Ingeniería para Herrera. Dos de Bellas Artes para Carrillo. Cuatro de Filosofía para Herrera. Cuatro de Medicina para Carrillo. Cuatro de Enfermería para Herrera. Lenguas y Letras se divide; dos para Carrillo, dos para Herrera.

Cuatro de Derecho para Herrera. Cuatro de Psicología para Carrillo, Ciencias Políticas también se divide, alumnos por Herrera, maestros por Carrillo. Lo mismo pasa con Informática. Cuatro de Contaduría para Carrillo. Otros cuatro de Bachilleres para Carrillo. Dos de Bellas Artes para Herrera. Cuatro de Ingeniería para Herrera. Cuatro más de Química para Herrera. Final: Carrillo, 26 votos; Herrera, 30.

Desde distancias lejanas se escucharon gritos de alegría y felicidad. Gilberto Herrera ganó… Por lo menos la segunda vuelta. Los simpatizantes del director de Ingeniería avanzaban -entre abrazos y felicitaciones– al “búnker” de Herrera. Allí los esperaba ya una gran comitiva del equipo de trabajo y otros allegados al ganador.

Fuera del salón donde se reunían, se podía ver a grupos de estudiantes que gritaban y lloraban eufóricas al grito de “¡ganamos, ganamos!”.

Los mayores intentaban contenerse, y justificaban su pasmo con la frase “es que todavía no me lo creo”. Otros más se abrazaban sin reparo, felicitándose por el arduo trabajo que ahora mostraba sus frutos.

“Me siento muy contento”

Gilberto Herrera se encontraba al fondo del salón, recibiendo calurosamente a aquellos que se acercaban para felicitarlo. No faltó quien, emocionado, le llamaba “Rector”. Las luces de las cámaras lo iluminaban como estrella de cine; él, turbado, agradecía constantemente a la gente.

–¿Cómo se siente?

–Bien, contento, muy contento.

–¿Cuál es el siguiente paso?

–Seguir en la contienda.

Imposible fue preguntarle otra cosa, los universitarios emocionados lo rodearon para seguir felicitándolo. De pronto, de entre todas las voces, surgió una más viva que todas: ¡Vamos a festejar a Rectoría!… Y el éxodo comenzó.

Unas 300 personas se reunieron en la explanada, donde el virtual ganador dio sus primeras declaraciones. Que estaba contento, que ya había hablado con el actual Rector, que éste lo felicitó, que su triunfo era oficial.

Pero la fortuna es extraña y la vida gira sin preguntar a nadie. Tal parece que nadie ganó aquella noche; a pesar de todo, la UAQ aún espera a su nuevo Rector.

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