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A 44 años de distancia: El 68 y #YoSoy132

“En México ha habido una tradición venerable de protesta estudiantil”, indicó Augusto Peón, catedrático de la FCPS

 

Foto:Gabriela Lorena Roldán

Por: David Eduardo Martínez Pérez

Hace 44 años, las plazas públicas de la ciudad de México cambiaron las jardineras y el pavimento por sangre y casquillos de bala. Decenas de estudiantes que se manifestaban contra el régimen en la explanada de Tlatelolco fueron baleados o desaparecidos.

 

Hoy el país tiene sus propios movimientos estudiantiles, que aseguran buscar la democratización de la sociedad mexicana. ¿En qué se parece el movimiento del 68 al #YoSoy132?

Augusto Peón Solís, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) de la UAQ, tenía 17 años cuando comenzó el movimiento estudiantil de 1968. Vivía en la ciudad de México. Aunque no participó de manera directa, sí pudo detectar algunas situaciones que lo emparentan o lo distinguen de #YoSoy132 y otras movilizaciones recientes.

De acuerdo con el académico, la diferencia más clara entre ambos movimientos está en la composición de sus integrantes: mientras los estudiantes que coreaban consignas contra la intervención del Ejército en Ciudad Universitaria provenían exclusivamente de escuelas públicas, el movimiento #YoSoy132 se originó en una institución privada.

Durante la entrevista, Peón Solís aseguró que el hecho de haber estudiado en la preparatoria Centro Universitario México (CUM) de los hermanos maristas, supuso para él un impedimento para sumarse al contingente de los estudiantes inconformes.

“Era un prepa marista con una tendencia muy conservadora (…) Yo pude ver muy poco estando en la prepa. Ya fuera de la prepa pude observar una enorme inquietud. Tenía familiares relacionados con la política, donde se comentaba que la situación se estaba complicando y que el gobierno actuaba de forma irracional. Yo todavía estaba muy chavo”.

El politólogo puntualizó que dentro de las instituciones privadas se vivía un aislamiento “muy fuerte” respecto a las problemáticas más serias del país.

“Nosotros no teníamos una clase de política. No hubo conciencia de lo que pasaba, en la mayoría de las prepas privadas. Me hubiera gustado estudiar en las prepas de la UNAM donde había un ambiente distinto”, señaló.

 

Hemos tenido “una tradición venerable de protesta estudiantil”

El especialista en Ciencias Políticas manifestó que los cambios experimentados por la sociedad mexicana en los últimos 40 años están presentes en los orígenes de #YoSoy132, aunque reconoció que el hecho de que el movimiento haya surgido en una universidad jesuita le resta sorpresa a la situación.

“Hay que destacar que esto no se da en la Anáhuac. Los jesuitas han sufrido históricamente mucha exclusión en España y México, esto porque representan un pensamiento crítico que se ha adentrado en la naturaleza humana y en la naturaleza política de manera ejemplar”.

Desde su punto de vista, la actitud tomada el viernes 11 de mayo por los estudiantes de la Universidad Iberoamericana en relación con Enrique Peña Nieto, estaba totalmente justificada debido a las “torpezas” del entonces candidato.

Sin embargo, negó que el triunfo de Peña Nieto implique necesariamente un retorno al tiempo de Díaz Ordaz, porque eso resultaría en un error que incluso podría llevarnos a una confrontación con los Estados Unidos.

“EU no toleraría un gobierno como el de Díaz Ordaz. Los momentos en los que se han roto los límites y se han atropellado derechos son muy contados desde entonces”.

Para el catedrático, el movimiento del 68 fue un parteaguas en el sentido de que nunca se había utilizado la violencia de esa forma para reprimir a un movimiento en su conjunto.

“En México ha habido una tradición venerable de protesta estudiantil. Los priistas reprimían pero con cierto sentido de los límites, eso se rompió en el 68. Díaz Ordaz, que era muy rígido, se atreve a romper esos límites y eso le cuesta al sistema político. El 68 fue muy distinto a otros movimientos estudiantiles previos. El Estado decidió utilizar masivamente la violencia.”

Sin embargo, aun advirtiendo que Peña no sería un nuevo Díaz Ordaz, Peón Solís aseguró que existe cierto hilo de continuidad entre 1968 y 2012 y señaló que el hilo tiene que ver con “la cerrazón del sistema”.

Como ejemplo de “cerrazón del sistema”, el catedrático citó las ocasiones en las que se insinuó que Andrés Manuel López Obrador sería un peligro para México de ganar la Presidencia y que transformaría al país en una dictadura de corte socialista.

“La cerrazón está en la idea de segregar y excluir a personajes considerados de alta peligrosidad como López Obrador. Entre la actuación de Fox en 2006 y la Díaz Ordaz en el 68 no hay muchas distancias. Habiendo diferencias significativas, la trayectoria histórica sigue manteniéndose, hay un conservadurismo temeroso de figuras que representen un cambio real”.

Indicó también que aunque la sociedad mexicana sea más compleja que en el 68 debido a situaciones como la revolución tecnológica, no se ha llegado todavía al punto de considerar que México viva una democracia real.

“Hubo cambios electorales pero nada más. Se transformó el régimen en varios sentidos, como el abandono del presidencialismo, no obstante es sólo un cambio en las reglas para acceder a los puestos de autoridad, pero el Estado tiene aún un sentido oligárquico y antidemocrático”.

También visualizó nuevos retos para los movimientos estudiantiles, pues dijo que la realidad política de México es tan compleja que para un movimiento caminar sobre ella puede llegar a ser “como andar sobre engrudo o un terreno pantanoso.”

De acuerdo con él, lo “pantanoso” en la forma mexicana de hacer política, viene de que el autoritarismo mexicano no está claramente definido, pues a diferencia de autoritarismos claramente identificados con la izquierda o la derecha, éste ha cambiado de ideología según su conveniencia.

“El de aquí fue un autoritarismo muy distinto al del cono sur, por ejemplo. Siempre fue un autoritarismo gelatinoso: un poco de izquierda, un poco de derecha, no se puede saber quién es el enemigo, generar un cambio es una auténtica y absoluta pesadilla para todo movimiento social”, dijo.

 

Movimiento del 68 buscaba “reconciliar la forma con el fondo”

Para el académico, las únicas trabas no son las que provienen del autoritarismo; también existe “un problema grave” de disociación entre la forma y el fondo dentro de la política mexicana.

“La formalidad de los discursos políticos no embona con la realidad social económica del país. El Estado debe negociar con esa realidad, aunque al negociarla se rompan los principios. Hubo una disociación entre la formalidad y el fondo. En la política mexicana la forma no representa el fondo”.

Aunque reconoció que éste no es un problema exclusivo del PRI, sino que se remonta al siglo XIX, Augusto Peón garantizó que “debe ser superado” haciendo que lo que dicen las leyes sea exactamente igual a lo que sucede en la práctica.

En ese sentido consideró que el movimiento del 68 buscaba “reconciliar la forma con el fondo” luchando por una sociedad más igualitaria y “permitiendo a los mexicanos presenciar de la manera más cruel las contradicciones del sistema político mexicano”.

Aseguró que aunque el movimiento #YoSoy132 da señales de que se va a debilitar con el tiempo, también marcó un antes y un después al introducir la polémica en una campañas que “se estaban viendo muy planas”.

Finalmente manifestó su deseo de que el gobierno de EPN tome conciencia sobre la importancia de eliminar las contradicciones presentes en la sociedad.

“El problema es que no creo que eso pase, porque ya hay una actitud muy presuntuosa donde se busca, como siempre, dar la imagen de que México es distinto y de que ya se respetan todas las libertades, cosa que lamentablemente no sucede”, manifestó el catedrático.

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