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Areopagítica digital

Por: Víctor López Jaramillo

I

Hace 2,500 años, el griego Eurípides en su obra Suplicantes escribió: “Todo el que pueda, debe dar consejo a su patria. ¿Ves? Cada uno puede salir a la luz pública, o esconder su grandeza si le place callarse. ¡Hay algo mejor, acaso, que esa igualdad!”.

Se refiere, claro, a la libertad de expresarse como un valor básico de la democracia. Por ello, esa frase fue incluida como cita introductoria en el texto que el poeta inglés John Milton pronunció en contra de la censura y a favor de la libertad de impresión ante el Parlamento inglés el 14 de junio de 1643.

En ese discurso, titulado precisamente Areopagítica, por ser el Areópago -una especie de Consejo ateniense- una institución similar al Parlamento inglés, John Milton se pronuncia en contra de las intenciones de las Cámaras de los Lores y los Comunes de no permitir la impresión de ninguna obra que no fuese aprobada por los parlamentarios, además de la prohibición de importar libros ya impresos a la isla británica.

En el discurso, hecho durante los agitados momentos de la Revolución Inglesa, John Milton hace gala de su erudición y conocimiento de la cultura clásica, destaca la importancia de la libertad de expresión como uno de los valores que permitieron florecer la cultura y la política en la Grecia y Roma clásicas.

Y advierte: “Si pensamos en regular las prensas, para con ello enderezar los modales, deberemos regular toda casta de solaces y pasatiempos, todo aquello en que los hombres hallaren su deleite. No habría que oír música, ni debería canción ir al pentagrama o ser entonada, como no fueran dóricas y graves. Ni sin permiso debería espaciarse la danza para guardar la mocedad de ademán movimiento o porte de los que vuestro permiso no estimara honestos… ¿Quién habrá de vedarlos?, ¿o lo harán 20 licenciadores?”

Siglo y medio más tarde, en el preámbulo de la Revolución Francesa el 4 de diciembre de 1788, el Conde de Mirabeau retoma lo dicho por Milton y agrega: “No es suprimiendo la libertad de prensa como se podrá uno jactar de llegar a ese fin, puesto que los menores asuntos exigirán la misma censura; y así por ese método, no haríamos otra cosa que ponernos trabas ridículas e inútiles”.

Y agrega que la censura es una afrenta y un gran motivo de desmoralización para las letras y para quienes la cultivan: “la inteligencia y la verdad no son mercancías susceptibles de monopolio ni cuyo comercio pueda someterse a reglamentos especiales”.

II

Conviene desempolvar las palabras dichas por estos personajes, que por su férrea defensa de la libertad, permitieron crear momentos que transformaron al mundo.

Conviene pararse en los hombros de esos gigantes ahora que en el Senado de la República se discutirá un proyecto de ley que definirá los siguientes años las comunicaciones en nuestro país, ya sea en el ámbito de televisión, telefonía o redes sociales.

México también tiene sus momentos históricos de defensa de la libertad de expresión. Aun cuando iba de caída su movimiento, Miguel Hidalgo creó un periódico, El Despertador Americano, para difundir las ideas independentistas y defenderse de las acusaciones que le hacía la Iglesia Católica.

La Guerra de Reforma y la Intervención Francesa tuvieron como baluartes a una generación de escritores y periodistas que con la pluma y la espada, en el campo de las ideas y en el campo de batalla, dieron la pelea por defender un proyecto, que más tarde que temprano se consolidó.

Durante la Revolución Mexicana también hubo momentos heroicos. Y precisamente en el Senado de la República, Belisario Domínguez defendió la libertad de expresión y cuestionó acremente al gobierno golpista de Victoriano Huerta. Fue asesinado por esbirros del usurpador. Hoy, la medalla que lleva su nombre se otorga a quienes se considera han hechos grandes servicios a México y la humanidad.

Durante el largo gobierno del PRI en el siglo XX, la libertad de prensa y expresión eran rehenes del gobierno en turno. El delito de “disolución social” era el instrumento legal para detener a los críticos del régimen.

Hoy, ante un nuevo escenario en las comunicaciones y en el que el régimen político del siglo XX no termina su ciclo, se ha emprendido una reforma en telecomunicaciones.

La carta de presentación del movimiento No más poder al poder, que encabezan varias organizaciones, entre ellas la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, resume claramente el problema por el que atraviesa este país:

“El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL) señaló en el Programa para licitar dos nuevas cadenas de televisión que este mercado “registra un alto nivel de concentración, ya que Grupo Televisa y Televisión Azteca en su conjunto concentran, directa o indirectamente, 95 por ciento de las concesiones, 96 por ciento de la audiencia y 99 por ciento de los ingresos por publicidad…”

“Se sabe, adicionalmente, que las líneas de telefonía fija de Telmex llegan al 79.4% del total del país y que Telcel presta servicios al 70.20% de los clientes de telefonía móvil, mientras que a través de Prodigy se otorgan servicios de acceso a Internet al 76.9% de los usuarios del país”.

Aunque en la primera fase de la reforma se dieron pasos positivos, el punto definitorio que sería las leyes secundarias muestra un severo retroceso.

III

Conviene desempolvar las palabras dichas por estos personajes durante momentos que transformaron al mundo y que su férrea defensa de la libertad permitió dejar atrás oscurantismos.

Hoy, las universidades públicas tienen que alzar la voz ante la reforma en telecomunicaciones que será discutida en junio. Académicos, políticos, ciudadanos tendrán voz en este espacio periodístico para discutir el tema. Una ley que no favorezca sólo a las corporaciones o a la clase política, una ley en la que el ciudadano vea respetados sus derechos. Difícil, pero no imposible.

 

Actuar local y pensar global. Este es un capítulo más en la larga historia de la defensa de la libertad de expresión. Un episodio más en la lucha por la transformación de nuestro país.

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