Información

“Bien clarito lo he visto a él, pero en sueños”

La Caravana de Madres Centroamericanas en busca de sus hijos migrantes recorre 14 estados de México sin perder la esperanza

Foto: Yunuen Banda Calixto

Por: Ricardo Lugo Medina

Un fatídico panorama desdibuja los rostros de 60 mujeres salvadoreñas, hondureñas, guatemaltecas y nicaragüenses.

Algunas buscan a hijos, otras a esposos, sobrinos o hermanos; otras cinco a nadie, porque encontraron al motivo de su travesía. Su fe es más poderosa que rumor alguno.

El municipio de Tequisquiapan es la nueva escala y mientras algunas cuentan que sus hijos supuestamente fueron arrollados por el tren o secuestrados por grupos criminales, otras los encuentran perdidos en el olvido, casados y con una familia en México, sin mandar mensaje a sus familiar a lo largo de 10 ó 20 años.

La esperanza despeja aquellos estragos que el arduo recorrido ha causado hasta ahora. Escuchar, hablar, observar, y las interminables entrevistas, fotografías e ilusiones, no paran desde que la Caravana de Madres Centroamericanas en busca de sus hijos migrantes desaparecidos arribó a México el pasado 16 de octubre.

Para estas mujeres, México es un país azaroso. Lo supieron desde que la prensa internacional pregonó que hay 60 mil muertos por el combate al narcotráfico y que en un lugar llamado San Fernando, Tamaulipas, encontraron 72 cadáveres de migrantes centroamericanos dos años atrás.

Foto: Yunuen Banda CalixtoSin embargo, la precariedad en la que viven, la indómita religión que las impulsa, el cariño a los suyos y el deseo de encontrar a sus hijos, las tiene en México recorriendo 14 estados que forman parte de las rutas migratorias que unen a las fronteras del sur con la de Estados Unidos.

Jorge y Mauro Orlando tienen algo en común: su madre Clementina Murcia González se encuentra en la caravana. El primero tiene desaparecido 26 años y el segundo 11. Aquél partió a los 23 años, éste a los 17. Son originarios del sector Chamelecón, en San Pedro Sula, Honduras.

“De Jorge yo tuve una pista, me dijeron que el tren me lo había matado en Guadalajara, pero a mí no me entregaron el cuerpo ni estoy segura de eso. Yo vengo con la esperanza de encontrar alguno de los dos”, relató Clementina.

“A mí me hubiera gustado venir a conocer México, pero con mis hijos. Está muy bonito, pero no es una alegría para mí andar por acá buscando a estos muchachos.

“Con todo esto tenemos una esperanza, sabemos que a donde llegan los periodistas la gente tiene que ver la televisión, comprar el diario, y qué tal si por casualidad mis hijos se juntaron con alguna mexicana y por sorpresa me reconocen.

–¿Por qué vinieron sus hijos?

–Jorge porque donde trabajaba nunca le aumentaron. Lo que ganaba era un sueldo de hambre, trabajaba hasta los sábados en el taller y ganaba 70 lempiras –46 pesos mexicanos– a la semana.

–¿Para qué te alcanza?

–En aquel tiempo alcanzaba para un poco más. Él miraba un pantalón, unos zapatos o una camisa que le gustaba en los aparadores y sólo se hacía la ilusión, pero no podía comprarlo porque me daba la mitad del dinero que ganaba, le quedaban 35 lempiras a él y 35 lempiras a mí. A veces le guardaba de a pesito y se los daba después para que comprara unos zapatos, pero él me decía que no. Todo eso lo impulsó a venir.

Me dicen que me lo mató un tren en Guadalajara, pero hasta que no lo vea, estaré tranquila.

 

De “sueño americano” a “camino de la muerte”

En cambio, Mauro no fue capaz de dar la noticia a su mamá, él probaría la suerte de su hermano y sin señal alguna desapareció. Partió rumbo a Estados Unidos.

–Mauro es mecánico –continuó su mamá–, la última llamada que tuve de él fue de Tuxtla Gutiérrez. Me pedía dinero, le mandaba 50 ó 100 dólares, siempre me pedía. Yo le preguntaba que por qué, dónde estás; él me contestaba: “no, mami, es que tengo este problema, tengo otro problema”, pero yo digo que me mentía.

Siempre decía distintas versiones y yo le decía: “no sé cómo será que vos me estás hablando, ¿está alguien con vos, te tienen atrapado?”, “No mami, mándemelo” decía él. Yo le respondí que no tenía dinero, “tú papá padece del corazón, está enfermo y sólo él trabaja aquí”; pedí dinero prestado para comprar los dólares y mandárselo.

En esa última llamada, doña Clementina, ante la incertidumbre y la preocupación de que un segundo hijo se encontrara en México en busca del “sueño americano”, le dijo a Mauro que se regresara, que no tenía necesidad de “andar por allá sufriendo hambre y frío.”

“Aquí tienes tu casa y te esperamos nosotros, no eres huérfano todavía, vente muchacho no andes sufriendo.

“Yo les digo a las autoridades de aquí de México que nos ayuden a encontrar a nuestros hijos. Si ya están los huesos de mis hijos no sé qué reacción voy a tomar, pero les pido que no nos vayan a engañar a todas las madres que estamos aquí, que nos den a las verdaderas personas que tienen nuestra sangre y no a otro muerto, que no nos den otros huesos.

“Si no, ¿qué chiste tiene andar haciendo el sacrificio de llevar a otro que no es de nosotros y que a otra madre le den el mío que no es nada de ella? Sólo una puede comprender al hijo y el amor que se le tiene. Dios primero y luego está el amor de madre.

“De parte de todas las mamás, yo les exijo a las autoridades que nos entreguen nuestros hijos y que respeten los derechos humanos. Dios hizo la tierra para todos. Y la gente cree que es el mismo ‘sueño americano’ que en los años cincuenta o sesenta, hoy ya no es así, ahora es el camino de la muerte.”

 

20 meses sin saber de su hijoFoto: Yunuen Banda Calixto

Corría marzo de 2010. Álvaro, ataviado por el estigma con el que muchos centroamericanos viven, comenzó con la travesía y partió de Nicaragua hacia Estados Unidos.

Sin embargo el destino lo sumaría a la estadística no oficial, la cual anuncia que 70 mil migrantes han desaparecido en territorio nacional a lo largo del sexenio de Felipe Calderón.

Carmen Lucía Cuaresma, madre del desaparecido, expresó que él la llamaba continuamente, pero hace 20 meses no sabe nada de su hijo.

“La última vez que me habló fue de Veracruz. Después me dieron una pista de que lo habían visto en Tierra Blanca, pero el mismo que me dijo, me contó que ahí secuestraron a 40. Me pregunto si mi hijo estará secuestrado, pero yo le hago a que está vivo para no andar sufriendo tanto.

“Para mí él es todo porque es buen hijo. Yo soy residente en Costa Rica porque hay un poco más de trabajo, y también mi hijo vivió siete años allí. Estudió bachillerato, también la universidad. Tenía un oficio de embobinar motores de bombas de agua. Pero Álvaro se vino con la esperanza de que una hermana que vive en Orlando me lo iba a ayudar. Económicamente no me lo ayudó.

“Una vez le habló a mi hermana para que le mandara dos mil dólares porque estaba en peligro, pero no sé de qué peligro hablaba él.

Carmen no puede ocultar su tristeza. La voz se le quiebra, los ojos se le humedecen y arrojan una lágrima que recorre su rostro para dejar en claro que el dolor que siente va más allá de cualquier muro de frontera, o de cualquier legislación extranjera.

“Mi hijo era el que ayudaba allá. Al venirse él, a mí me dejó mal. Tengo esperanza y la fe en Dios para que me dé fuerza y hallar vivo a mi hijo. La esperanza y la fe son las que nos mueven.”

Carmen relata que compañeras suyas encontraron a sus hijos: una de ellas 21 años después y otra a los nueve años. Por lo que tiene la esperanza de hallar al suyo, que tan sólo tiene 20 meses desaparecido.

 

Foto: Yunuen Banda CalixtoUna demanda común a las autoridades

La petición coincidió entre las madres. Todas demandaron el respeto a los derechos humanos por parte de las autoridades. Y no ocultaron el extenso agradecimiento que tienen con las autoridades y asociaciones civiles que las ayudan en su trayecto por México.

Ercilia Ayala también busca a su hijo Juan Carlos Rivera Ayala. Madre hondureña que proviene del departamento de Santa Bárbara y tiene 10 años de no recibir noticia alguna de Juan, quien partió a los 15 años de su casa. Él estuvo en México un año, regresó a Honduras solamente por ocho días y enseguida regresó sin antes dejar un número de teléfono para que doña Ercilia se comunicara con él.

“Después de eso ya no volví a saber nada de él. Unas vecinas se sacaron la bulla y dijeron que en Radio América habían salido unos nombres y entre ellos el de mi hijo, dijeron que lo habían matado. Mi esposo les preguntó y dijeron que eso fue lo que escucharon, eso fue a fines de noviembre del año pasado.

“Tengo la esperanza de que primero Dios él esté casado acá. Será la creencia, sabe, pero yo dos veces lo he soñado que ha llegado con dos niños y que son igualitos a él y que todo lo que decían las noticias fue pura mentira. Bien clarito lo he visto a él, pero en sueños.”

La Caravana de Madres Centroamericanas llegó a Tequisquiapan el martes 23 por la noche. Sostuvieron una reunión con familiares queretanos de migrantes desaparecidos. Al día siguiente una reunión con la prensa en la Posada Tequisquiapan.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba