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Bronces al sol

Los próceres de los cuales no se olvida la historia nacional quedan inmortalizados como estatuas que debieran ser más que asiento de palomas

Por: Lourdes Durán Peñaloza

Uno de los atractivos turísticos del Centro Histórico de la ciudad de Querétaro, considerada una de las más conservadas del país, es el homenaje a los héroes independentistas.

La historia comienza ahí, donde la calle 5 de Mayo deja de ser calle para convertirse en andador, y donde actualmente se encuentra la sede del Poder Ejecutivo del estado de Querétaro.

El patio central del Palacio de Gobierno, donde hace más de 200 años se fraguó la conspiración disfrazada de tertulia, es testigo del reconocimiento a dos de los personajes más sobresalientes en la historia no sólo del estado, sino del país: Miguel Domínguez Trujillo y Josefa Ortiz de Domínguez.

A la postre, ella pasaría a la historia como “encarnación de la libertad”, “la más ilustre de las heroínas mexicanas” y, por su puesto, como una “mujer que anheló una patria justa e independiente”. Él, simplemente pasaría.

A ella se le edificaría un monumento un siglo más tarde durante las celebraciones por el centenario de la Independencia –hoy ubicado al lado de una de las principales calles de la ciudad que lleva por nombre “Corregidora”–, con una estatua, águilas y adornos que fueron fundidos en una casa alemana (Glandenbeck und Sohn).

Para su construcción, diseñada por el ingeniero Carlos Noriega, contribuirían estados como Veracruz, Tabasco, Sonora, Sinaloa, Hidalgo, Guerrero, Guanajuato y Chihuahua, y sería inaugurado el 13 de septiembre de 1910 por Francisco González de Cosío, gobernador en turno.

Él, Miguel Domínguez Trujillo, sufriría “el olvido de la historia”. Al pie de su lastimoso busto ubicado en el patio central de Palacio de Gobierno, se atribuye este olvido a su responsabilidad oficial, que opuesta a su deseo de libertad le ocasionó terribles dilemas.

Reconocido por su colaboración intelectual a la lucha armada, el homenaje se remonta a septiembre del 2010, 200 años después de la Independencia de México.

La Alameda, ‘hogar’ de Miguel Hidalgo

Más abajo, en el parque arbolado que a menudo es testigo de los amores y desamores de aquellos amantes que recurren a él en busca del anonimato, toca el turno a Miguel Hidalgo y Costilla.

La Alameda, cuya plantación de árboles comenzó en 1793 cuando estaba en turno el corregidor Ignacio Ruiz Colado, fue testigo de la sustitución de una pequeña estatua del Marqués de la Villa del Villar del Águila, a la que sucedió la colocación de la efigie de Miguel Hidalgo.

Considerado por gran parte de los mexicanos –que no todos– el héroe de la patria y caudillo de la Independencia, el monumento simboliza la gratitud del pueblo queretano hacia él.

El monumento fue inaugurado de manera oficial en septiembre de 1897 y restaurado en mayo de 2003, en el marco de las celebraciones por los 250 años de su natalicio.

Según consta en la placa informativa que se encuentra en la Alameda, los cuatro camellones y las fuentes pequeñas (cuatro también), fueron construidos en época del gobernador Francisco González de Cosío.

En 1989 se construyó la estatua en honor a Vicente Guerrero

El homenaje dedicado al autor de la célebre frase “la patria es primero” y segundo Presidente de México, se encuentra en la plaza pública que lleva el mismo nombre del insurgente y que antes formó parte del convento de Santa Clara.

Ahí, lugar disputado por distintas tribus urbanas en los últimos años, y cuya explanada sirve actualmente como epicentro para que artesanos procedentes de todo el estado de Querétaro expongan sus productos, se reconoce a aquel “que compartió triunfos y derrotas con notables patriotas” en la lucha por la Independencia nacional: Vicente Guerrero.

A ése, que se negó a deponer las armas a cambio de empleos y recompensas que, a través de su padre, fueron ofrecidos por el virrey Apodaca en un capítulo que pasaría a la historia.

“Compañeros: este venerable anciano es mi padre, y viene a ofrecerme empleos y recompensas en nombre de los españoles. Yo he respetado y obedecido siempre a mi padre, pero la patria es primero”, se lee en la placa al pie de su monumento, edificado en septiembre de 1989.

Y en otro de sus cuatro lados, se agrega: “Su vida y sus virtudes son un ejemplo perenne para los mexicanos de ayer, de hoy y de siempre”.

A la actual fuente que acompaña al monumento, obra del arquitecto José Fernández Mendizábal, precedieron otras dos.

La primera inaugurada en septiembre de 1922, durante el Gobierno Estatal de José María Truchuelo, y la segunda instalada por órdenes del gobernador Octavio Silverio Mondragón para sustituir a la primera.

Ignacio Pérez también tiene su lugar en el Centro Histórico

La reciente regeneración urbana de avenida Universidad no impidió que en su cruce con la calle Corregidora se honrara a Ignacio Pérez Álvarez, mejor conocido como el “jinete del destino” o el “mensajero de la libertad”.

Por el contrario, el encargado de llevar el mensaje que dio inicio a la Independencia, la madrugada del 16 de septiembre de 1810, dejó los antiguos adoquines por una moderna plataforma sobre la cual se colocó su efigie.

Tan fresca está la cosa que ni siquiera ha dado tiempo de agregarle la placa informativa.

Sus restos, al igual que los de los corregidores y los de Epigmenio González, yacen en el Panteón de los Queretanos Ilustres, primer panteón del estado que además alberga los restos de personajes anteriores y posteriores a la Independencia, tales como Josefa Vergara y Hernández, el general José María Arteaga Magallanes y Valentín Frías Frías.

Declarado Zona de Monumentos Históricos en 1981 y parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1996, el Centro Histórico alberga una serie de reconocimientos de gran valor artístico, histórico y cultural, en honor de aquellos que cambiaron el curso del país a principios del siglo XIX.

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