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Cambio de llaves en la élite

Por Víctor Pernalete

Pese a que los electores eligieron a un partido distinto para que gobierne la capital del estado, lo cierto es que la presunta alternancia en el poder no es más que un intercambio de las llaves de la ciudad entre los nombres más representativos de las élites queretanas.

Roberto Loyola Vera, presidente municipal electo en Querétaro, recupera para el PRI la capital del estado, que hace 15 años Francis­co Garrido en mancuerna con su hermano Ignacio, arrebataban al partido que gobernó Querétaro prácticamente durante la totalidad del siglo XX.

Logró vencer a un Armando Rivera que entró en la historia de la política queretana, precisamente en aquel episodio histórico en el que Acción Nacional volvió realidad sus sueños y sacó al partido hegemónico del Palacio de Gobierno.

No es sorpresa ya para nadie que en esos años, cuando Armando Rivera entró en la función pública como titular de la Secretaría de Desarrollo Económico, un claudicante secretario Particular del gobernador saliente se autoexiliaba para no hacerle sombra al proyecto de su hermano mayor, el gran artífice de la alternancia queretana.

Uno se esconde, el otro se codea con la crema y nata del poder

Rivera Castillejos, un «nuevo queretano», había logrado hacer migas con la crema y nata del poder económico de Querétaro al trabajar en la empresa de los Ruiz Obregón, Fomento Queretano, que fue adquirida recientemente por el consorcio FEMSA por la módica cantidad de seis mil 600 millones de pesos.

Mientras Armando, colaborador cercano del Loyola gobernador, empezaba a forjar su carrera política, el Loyola priista, una suerte de Juan José Ruiz Rodríguez noventero, dejaba el ala protectora del antiguo gobernador, y ya sin futuro en la política, con su partido en la lona, se alejó del ámbito público queretano.

De acuerdo al libro Los Panistas, de Mireya Cuéllar, Armando Rivera se hizo panista en 1999. Como el mismo Armando relata en su libro de campaña Armando Rivera, una vida para ser contada, en septiembre de 2001 fue invitado, tras un breve receso de la administración pública, a colaborar nuevamente en la administración estatal como secretario del Trabajo. Esto, sumado a su encomienda dentro del partido, como tesorero, le abrió las puertas de la candidatura a la presidencia municipal en 2003.

La administración municipal de Armando Rivera fue la cúspide de la montaña panista queretana. A partir de ese gobierno y junto el estatal que tenía en sus manos Francisco Garrido, la novela panista fue cambiando poco a poco a una historia de terror que con el pasar de los años, propició la salida del blanquiazul de la casa de gobierno.

Cuando en 2006 Rivera Castillejos terminó su periodo en el municipio, Manuel González Valle lo relevó y con él, la debacle panista comenzó su rodaje. Con algunos años en el poder, los huesos parecían ser pocos para las hambrientas fauces panistas, que se pelearon ferozmente la próxima gubernatura del estado y provocaron fracturas en el interior del partido.

Rivera coquetea con el PRI

Manuel González Valle, aprovechando su frescura, arrebató la candidatura a Armando Rivera, hijo político de Loyola Vera y de Garrido Patrón, con quienes terminó de romper tras la “alta traición”.

De esa manera Rivera Castillejos, siempre amigo del poder, coqueteó intensamente con el rival odiado, el Partido Revolucionario Institucional, y estuvo a poco de cambiar de camiseta, para buscar nuevamente la presidencia municipal y así empoderarse de nuevo para ir tras la gubernatura del estado.

El intento salió mal. Las altas esferas panistas frenaron sus aspiraciones y le obligaron a volverse a someter al ostracismo político.

El affaire blanquiazul tuvo su costo: el Palacio de Gobierno. Por suerte para ellos, el carisma de Pancho Domínguez, aunado un pésimo candidato como Jaime Escobedo, mantuvieron la alcaldía en manos panistas. Al menos, por tres años más.

Con el poder del estado nuevamente en las manos del PRI, la carrera panista se volvió cuesta arriba. Volviendo a sus antiguas prácticas de oposición, entorpecieron el relevo del Instituto Electoral de Querétaro, situación que provocó la salida de un olvidable Jorge García Quiroz de la Secretaria de Gobierno.

Tras su salida, el gobernador José Calzada, en una movida magistral, recuperó a un viejo conocido del priismo local, que tras 12 años, tenía el apellido más panista del estado. Roberto Loyola Vera dejaba a un lado la notaría que le consiguió su madre para tomar una Secretaria de Gobierno maltrecha, el punto más débil de la administración estatal.

Con ese encargo, y en tan sólo un año, Roberto Loyola puso en boca de la política queretana su nombre. En un panorama político en el que su antiguo mentor tiene aún sus cartuchos, ya que ocupará una curul en el Senado de la República, Loyola se coló hábilmente, y ante la ausencia de nombres de peso, en la tercia, y luego en la dupla, de candidatos a la alcaldía.

El dedo rojo finalmente lo consintió, y con un nombre cargado de panismo, emuló la hazaña de su hermano 15 años después. Aunque Ignacio logró la gubernatura, el valor moral de su victoria se equipara a la del alguna vez secretario particular.

Armando Rivera, el alguna vez discípulo de Nacho, como le dice en su libro, fue vencido por su vecino, como ha dicho en más de una ocasión. Tanto Armando como Roberto han declarado vivir en la misma calle en Jurica, y que hace algunos ayeres, era normal verles compartiendo la mesa de sus hogares.

Hace 15 años, el símbolo de la alternancia se llamaba Ignacio Loyola. Hoy, el nuevo símbolo de la alternancia se llama Roberto Loyola. Hace 15 años, Roberto Loyola se alejaba de la política para allanar el camino de su hermano. Hoy, Ignacio Loyola se aleja de la política para allanar el camino. Hace 15 años un saliente Enrique Burgos decía adiós a la vida pública. Hoy, ya labran su nombre sobre su silla en el Senado. Hace 15 años, un joven Armando Rivera comenzaba su despegue político en un gabinete que reflejaba el cambio. Hoy, un colmilludo Armando Rivera fue vencido por el músculo del Estado. Armando, que entró a la cancha de la política de la mano de un Loyola Vera, hoy es mandado a la banca gracias a otro Loyola Vera.

Ayer y hoy, los nombres de la alternancia son los mismos.

 

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