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Casino Winland: Un vacío de autoridad

José Calzada Rovirosa, gobernador del estado, aseguró ante los medios: “no más casinos en la entidad”

Foto: Gabriela Lorena Roldán

Por: Víctor Pernalete

El 25 de agosto del 2011, la tragedia se empeñó en Monterrey. Esa ciudad norteña, símbolo del desarrollo económico e industrial de México, que se estira y aspira a ser como sus vecinas ciudades norteamericanas, bien conoce la sangre y el miedo. La delincuencia organizada y el narcotráfico han transformado a la cuna del crecimiento. Pero ese día, todo fue un poco más allá.

En el transcurso de la tarde, cientos de personas probaban su suerte en el Casino Royale, una casa de apuestas propiedad de Juan José Rojas Cardona, el entonces desconocido “Zar de los Casinos”. En un momento, emisarios de Los Zetas llegaron al lugar, rociaron de gasolina e incendiaron el recinto. Las pésimas medidas de seguridad y de protección civil del casino redondearon una masacre que terminó con la vida de 52 personas.

Mientras tanto, Querétaro, la tierra del “no pasa nada” veía como la Plaza Constituyentes recién abría sus puertas. Como parte de la atracción principal, un llamativo local en color rojo, con el nombre Winland estampado en su costado, tenía como intención abrir sus puertas a la oferta queretana. Un engañoso restaurante-bar escondía la naturaleza propia del lugar: era un casino.

La tragedia de Monterrey puso a los casinos en un lugar paupérrimo dentro de la opinión pública. Diversos reportajes periodísticos mostraron la vida y obra de Juan José Rojas Cardona, y el asco generalizado hacia dichos lugares se fue esparciendo. De pronto, el tema se volvió rentable incluso a nivel político.

Foto: Gabriela Lorena RoldánJosé Calzada Rovirosa, gobernador del estado, en una de sus habituales alocuciones ante los medios de comunicación, aseguró “no más casinos en la entidad”. Y así, Winland se vio sometido a las penumbras del ostracismo. Hasta hoy.

En este punto, comienza a ser importante indagar en qué o quién es Winland. El casino de Corregidora pertenece al Grupo Mapuche, pero la licencia de autorización, que no está explícitamente concedida para el estado de Querétaro, pertenece a Palacio de los Números. ¿Y de quién es Palacio de los Números? De Juan José Rojas Cardona, el Zar de los Casinos.

Además de esto, Winland se encuentra a escasos metros del Colegio de Bachilleres o el Tecnológico Industrial. El artículo 38 de la Ley Federal de Juegos y Sorteos señala que no se puede instalar un casino a menos de 200 metros de una instalación educativa. Incluso, en su momento, una asociación de padres de familia solicitó a la Secretaría de Gobernación no permitir la apertura del casino amparándose en dicha ley.

En Monterrey, en 2011, un casino Winland ya estuvo en el ojo del huracán. Y es que el 14 de julio de ese año, inspectores de la capital de Nuevo León se dieron cita en el casino, sin embargo, fueron recibidos con agresiones e insultos por parte de los empleados de seguridad del establecimiento. No fue sino hasta la intervención de la Policía Municipal e incluso de algunos elementos del Ejército mexicano, cuando se restableció el orden, con un saldo de 19 detenidos y tres empleados municipales lesionados.

Los inspectores acudieron al lugar para clausurarlo ya que se comprobó que el casino incumplía la normatividad en cuanto a usos de suelos y protección civil.

En el caso específico de Querétaro, Grupo Mapuche se amparó en dos ocasiones en contra del Municipio de Corregidora, uno con el número 1798/2011, el cual fue sobreseído, y el 352/2012, que fue negado. Aun así, el municipio comandado por Carmelo Mendieta Olvera otorgó los permisos necesarios de protección civil y uso de suelo para que Winland pudiera funcionar.

Madruguete de verano

Tras el Tercer Informe de Gobierno de José Calzada Rovirosa, prácticamente la totalidad de la administración pública queretana se fue de vacaciones. Fueron horas de vacas flacas para la esfera de gobierno en Querétaro. Pero en esos momentos, llegó la sorpresa. Un día, Winland ya estaba abierto.

Carmelo Mendieta, alcalde de Corregidora, y Gilberto Rodríguez Martínez, su secretario de Desarrollo Sustentable, no cogieron el teléfono. Estaban de vacaciones. José Calzada Rovirosa tampoco se encontraba laborando, por lo que poco se supo de la mágica apertura.

Una vez que las administraciones regresaron de vacaciones, se encontraron con la sorpresa de que Winland, un año después, abrió sus puertas al público.

Las reacciones no se hicieron esperar y a los pocos días, el casino cerró sus puertas al no cumplir a cabalidad con la normatividad municipal.

Cuando parecía que la apertura del establecimiento no había sido más que un impulso de verano para los dueños del mismo, una vez más el casino abrió sus puertas, esta vez el tercer fin de semana de agosto, argumentando que ya se habían resuelto las inconsistencias con el Municipio.

La situación motivó incluso la intervención de diputados de oposición, luego de que Marcos Aguilar Vega, nuevo diputado federal y que en ese momento contaba todavía con su estirpe de legislador local, cuestionó a Jorge López Portillo Tostado durante la glosa del Tercer Informe de Gobierno, respecto al por qué se abrió Winland, si el gobernador del estado había prometido que ningún nuevo casino abriría sus puertas en la entidad.

La respuesta del secretario de Gobierno fue contundente: el Gobierno del Estado sólo se encarga de las licencias de alcoholes, las cuales están en regla, y la normatividad para Juegos y Sorteos depende exclusivamente de la Federación.

Pero la respuesta fue aún más amplia. De acuerdo a López Portillo, la Secretaría de Gobernación federal envió un oficio explicando que el casino no cuenta con los permisos en regla para operar y por lo tanto, sería clausurado. El secretario de Gobierno no tardó en especificar que dicha clausura es únicamente operable por las autoridades municipales o federales, quitándose así la responsabilidad de encima.

Al cierre de esta edición, con dos semanas cumplidas desde que el Gobierno Federal comunicó al Estatal que los permisos no están en regla, Winland sigue abierto.

¿Hasta dónde llega la responsabilidad del Gobierno Estatal? ¿Por qué si no está en manos de la administración del estado, José Calzada se atrevió a asegurar que no habría ningún otro casino en Querétaro? ¿Quién es el verdadero responsable de que Winland siga operando?

Son preguntas que, de momento, nadie quiere responder. Y es que la cerrazón en el tema es complicada. José Luis Aguilera Rico, diputado de Movimiento Ciudadano, explicó que la normatividad en cuanto a casinos escapa de las esferas tanto municipales como estatales.

“Tú abres un casino en Corregidora, y es que como si abrieras un establecimiento. Te dan los permisos municipales, si necesitas permiso de alcohol vas al estado y te lo dan. Pero no viene en ningún apartado de la ley que es una apertura de casinos. Si nosotros no establecemos lineamientos y reglamentos en los municipios y losFoto: Gabriela Lorena Roldán regidores no se ponen a trabajar en el tema, abriremos casinos cuantas veces quieras”.

De acuerdo al próximo regidor de la capital queretana, si un empresario quiere abrir un casino y cumple con las normatividades necesarias, y el Municipio no lo acepta, se puede amparar con el Tribunal de lo Contencioso Administrativo y seguir en funcionamiento.

Además, las licencias para casinos, otorgadas por la Federación no están especificadas para un territorio en particular, sino que pueden ser válidas en cualquier lugar de la República. Así, una licencia que pudo estrenarse en Monterrey, pudo haber migrado a Querétaro y ser utilizada para instalar un casino en la entidad.

Aguilera Rico indicó además que no sólo Winland, que llegó tras la tragedia del Casino Royale, funciona en los límites de la ley. Otros casinos aceptados como Big Bola tienen características que sobrepasan lo permitido por ley, al ser éste el único establecimiento en Querétaro que abre durante las 24 horas del día.

Tequisquiapan también ha visto como en los últimos meses un casino de nombre Time Bar ha abierto sus puertas de manera engañosa, bajo la excusa de ser un restaurante-bar, y habiendo recibido los permisos necesarios por Raúl Orihuela González, en una de sus últimas acciones antes de dejar la administración en diciembre pasado para buscar el Senado de la República.

Así es como se manejan los casinos en México. Querétaro, el estado “donde no pasa nada” ya ha visto como poco a poco, las garras de dicho negocio se han ido encajando mañosamente en el corazón de la entidad. Winland sigue operando, con todo el historial y el contexto que tiene tras de sí, sin que nadie pueda dar una palabra concreta.

El Municipio, sumido en graves problemas de inconsistencias administrativas, no parece tener la intención de, al menos, explicar lo que sucede. El Gobierno del Estado, tras haber prometido no más casinos, se ha hecho a un lado y parece no estar dispuesto a poner las manos al fuego. La Federación, que supuestamente ya ha notificado la irregularidad del casino, no ha venido, hasta el momento, a cerrar el casino.

Lo único cierto es la incertidumbre. Los casinos son un tema que quema. ¿Querétaro será preso de ellos?

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