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Coro Infantil Sinfónico armoniza 130 realidades distintas

Por Miguel Tierrafría

Los niños son el presente, no el futuro, además de que son el verdadero patrimonio de la humanidad, aseguró José Rocha, quien lleva casi una década siendo el director del Coro Infantil Sinfónico de Querétaro y en donde a pesar del unísono de voces cantando bajo una misma melodía, sus realidades desafinan la armonía en la que ensayan Carmina Burana.

En su receso, juegan, vienen y van corriendo de un lado para el otro; se dispersan para después continuar los ensayos en que están envueltos. Pasa la media hora y se reúnen en forma de media luna para continuar los ensayos.

El maestro Pepe, como le dicen sus pupilos, les da la indicación a su pianista y éste inicia el ritual del humano y el instrumento bajo un solo ser: la música. Y entran en escena la expresión corporal, la voz coordinada con las notas musicales que emite el piano, un escape de las discordantes realidades de casi 130 niños.

Santiago es de estatura baja pelo negro, tiene ocho años de vida y lleva cuatro meses en el coro, le gustan los cuentos con imágenes, jugar con el balero y sus materias favoritas en la escuela son educación física y música. La apariencia de Santiago es de un niño tímido, pero con un lenguaje no verbal distinto entre los niños.

–¿Cuántos viven en tu casa?

–Muchos.

–¿Como cuántos?

–Como cien, creo que sí.

–De seguro te la has de pasar bien divertido ahí, y de hermanos, ¿cuántos tienes?

–No, yo no tengo hermanos.

Jimena de 16 años, integrante del coro, afirmó que siempre se equivocan en su nombre.

–¿Cuál es tu libro favorito?

–Hasta ahorita lo que he leído sería Donde habitan los ángeles. Es un libro de Claudia Celis.

–¿De qué trata?

–Es de un niño que su mamá lo tiene como en el olvido, él vive con sus tíos, uno de sus tíos es doctor y su tía es ama de casa y él vive con ellos, pero cuenta sus aventuras, su mamá una vez va a casa de sus tíos y le presenta a su nuevo esposo y entonces el niño piensa que ya se va a ir con su mamá otra vez. Ella se lleva al esposo y no la vuelve a ver.

–¿El niño nunca ve a su mamá?

–No, es algo triste eso pero sus historias y sus expresiones son como muy tiernas.

El ajetreo y el estrés pareciera que invaden el mundo de la niñez, ya que Jimena se encuentra ocupada en distintas actividades que si bien fomentan su conocimiento, creatividad y la alejan de los vicios, la acerca al mundo donde los adultos viven su vida alejados de los momentos donde el compromiso es tan sólo con el juego y la diversión.

–¿Y te gusta leer?

–Sí, me gusta mucho leer, sólo que a veces no me da tiempo porque estamos en clases de muchas cosas, de coro, de natación, de inglés, también a veces de chino, también de francés, de matemáticas y luego la tarea.

–¿Y tienes mascotas?

–No, porque mi mamá trabaja mucho y no tenemos tiempo de cuidarlo.

–¿Cuáles son tus películas favoritas?

–Mis favoritas son todas las de Crepúsculo.

–¿La vas a ir a ver a la premiere?

–Cuando pueda.

 

Sacrificios, experiencia y hambre de triunfo

En Tequisquiapan, los sueños, el talento y las ganas de salir adelante es lo que motiva a Lupita, quien viaja hasta la capital del estado para los ensayos de Carmina Burana.

“A mí me gusta mucho porque es un pasatiempo donde dejo un rato atrás la escuela y ya descanso un poquito más porque me gusta mucho cantar, no me aburro ni nada porque me gusta mucho cantar, es algo que me gusta hacer”, declaró Lupita, quien es fanática del rock clásico y tiene la intención de formar un grupo donde unan sus acordes y tocar este género musical.

De igual forma, el gusto por la música ha traído muchos sacrificios para Lupita y su familia. La gira del Coro Infantil Sinfónico a China implicó un esfuerzo extra para acudir al certamen, en el que no ganaron, pero “fue un gran esfuerzo porque nos pedían mucho dinero y a la mera hora más dinero y tuvimos que vender muchas cosas para poder ir, estuvo muy padre el viaje, conocer a más personas de otros lugares, convivir con las demás personas, estuvo muy padre”, puntualizó.

“Nos salíamos con otras de mis compañeras y nos íbamos a botear en las fiestas, entonces querían que cantáramos para que vieran que era cierto porque no nos creían, porque como éramos muy chicas”, explicó

–¿Cuánto tiempo estuvieron boteando?

“Estuvimos en la Feria del Queso y el Vino, casi toda la feria íbamos diario, saliendo de la escuela nos íbamos para allá y a botear… y ya nos íbamos a las 10 u 11 de la noche”, expresó mientras los cantos de fondo se escuchaban como eco en el salón del Centro Educativo y Cultural Manuel Gómez Morín.

La conjunción de estilos, de tonos, los sopranos, mesosopranos, la expresión corporal se une bajo las mismas melodías, en la frescura de la niñez; la intrepidez de algunos niños que corren de un lado para otro, salen con libertad hacia el baño, se sientan.

Mientras tanto Lupita sigue expresando su experiencia en el coro.

Aparte de los sacrificios económicos que conllevó una convivencia con personas de culturas distintas, consideró que durante su viaje a China, “faltó más preparación porque los otros coros se metían en su papel y lo interpretaban muy bien, esa experiencia se me quedó, de que ahorita le tengo que echar muchas ganas, meterme en mi papel de solista, porque siento que sólo así lo podré hacer mejor”.

Ante todo, el apoyo al gusto por la música es correspondido por sus papás. Lupita, quien cursa el tercer año de secundaria y que además sabe tocar el violín y la guitarra, manifestó que “me han estado apoyando mucho porque también pagamos el transporte, todo lo que es necesario para venir para acá a Querétaro porque no tenemos quién nos traiga (…) como somos varios los que venimos en una camioneta nos toca cooperar de 40 pesos por niño.”

La música como distracción y refugio de problemas familiares

Lalo es de los niños que nació para la música: lleva ocho años tocando el piano y un poco menos la marimba; estudia segundo de secundaria en conjunto con el Conservatorio de Música, aunque en su escuela no le agrada que sus compañeros sepan de su pasión por las corcheas, los acordes, los silencios y los pentagramas.

Por otra parte, la separación de sus padres ha significado una serie de problemas como el desalojo del lugar donde vivían.

–Mi papá y mi mamá están separados, mi papá no sé en qué trabaje y mi mamá es nutrióloga de una estancia de una guardería del ISSSTE.

–¿Pero ves seguido a tu papá?

–Primero no, bueno hace como dos años que se separaron y fue un año que no lo vimos. Fueron psicólogos a platicar con nosotros y ya luego terminó y ya estaba todo bien, pero otra vez hubo pleito porque mi papá dijo que se iba a ir a México y se fue un miércoles en la noche y el jueves en la mañana llegamos.

Entonces mi mamá llegó del trabajo y estaban dos mudanzas y estaban sacando las cosas de la casa, que no es de nosotros, es de mi tío, y entonces nos enseñó un papel donde decía que mi tío nos la había pedido, pero mi papá había firmado de enterado y no sabíamos y nunca dijo nada.

Aun con esas adversidades, la música une a esa niñez de distintos lugares y realidades, mientras el orquestador de este coro, José Rocha, levanta la voz, se engancha en el compás de la música, manotea y se mueve entre los espacios donde la niñez entabla un romance con el arte de emitir sonidos, utilizar los silencios y manejar el tiempo a placer.

Con respecto a la niñez, el director del Coro Infantil Sinfónico recomienda fomentar la alegría de los niños, porque, dice, se trata de una niñez triste, o un pueblo triste.

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