Ouch, extrañas reacciones

Llegué al cine con el deseo de ver la cinta Nadie hablará de nosotras cuando hablamos muerto; pues me gustan los títulos con el sujeto en femenino y además en plural. Pero ese día tampoco podría verla porque la persona que me acompañaría ya la había visto. Estaba resignada a ver abuso de poder. Sin embargo, el individuo con quien quedé de verme, llegó 15 minutos después de la hora acordada y en ese momento sólo empezaban dos películas: la que yo deseaba ver pero no así mi acompañante. Entramos a ver Crash, extraños placeres. No teníamos la menor idea de lo que trataba, yo recordaba haber visto algunos carteles en la calle y, casi sin pensarlo, optamos por verla. Cuando entramos, ya estaban apagadas las luces y tuvimos que sentamos en la primera fila de la parte de arriba.
La primera escena, sugestiva y erótica, te hace pensar que será una película muy sensual: se distingue a una mujer caminando junto a un avión, dentro de una bodega de verduras, después se le ve recargada en un carro, saca uno de sus pechos y lo coloca con suavidad sobre el cofre del carro, el cual es de color oscuro, parece estar sola, pero segundos después, se ve detrás de ella un hombre, quien comienza a alzarle el vestido; en una toma cerrada, se ven las piernas de la mujer hasta los gluteos. El hombre besa a la mujer y finalmente hace el amor con él, la cámara vuelve hacia el rostro de la mujer, quien disfruta de las caricias y besos del hombre desconocido. Pasan unas escenas sin importancia y después se ve un hombre que parece ser un productor de cine, haciendo el amor con su secretaria, una mujer muy atractiva de rasgos orientales. Es una película muy bien realizada, aunque algunas personas se sienten ofendidas al verla, y llegan a salirse del cine; aunque se la pasan burlándose de las escenas eróticas, la toman como una película pornográfica, pero lo último que tiene es pornografía, es una cinta de buen gusto que toma un tema completamente psicológico, el de las llamadas “perversiones sexuales”.



