San Joaquín: la calidez del huapango serrano

En el estado de Querétaro, al norte, en las temperaturas bajas de la Sierra Gorda, se encuentran pobladores cálidos y hospitalarios, que reciben cada año a sus visitantes para sentir las tradiciones mexicanas; hablo del municipio de San Joaquín, conocido por ser La Catedral del Huapango y del Concurso Nacional de Baile de Huapango Huasteco que se realiza en este lugar.
Este año, dio inicio la edición 52 de su concurso y no fue la excepción encontrar a tríos huapangueros, participantes y familias que provenían de las zonas huastecas: Hidalgo, Veracruz, Puebla, San Luis Potosí y Tamaulipas. Aunque también venían de otros lugares tanto dentro como fuera de nuestro país. Es así, como puedo afirmar que este pequeño ayuntamiento es el corazón huapanguero de México.
Plaza Galisión Camacho
A los alrededores de la plaza principal del municipio, puedes oler y degustar comida tradicional de puestos colocados en medio de la calle. Asimismo, cerca de estos lugares de comida se encuentran múltiples entradas que te dirigen hacia la explanada de la plaza principal, aquí puedes disfrutar de eventos abiertos al público como tríos huapangueros o presentaciones de danza folclórica.
En la parte del techo, colocaron telas de colores; morado, rosa, blanco, naranja y verde. Al centro de la construcción teatral que, se encuentra en la explanada, colgaron una lona del evento nacional. En el suelo, pusieron tarimas para que quienes escucharan a los tríos tocar, pudieran zapatear cómodamente solos o con su pareja. Dentro también estaban los artesanos sanjoaquinenses vendiendo sus productos hechos a mano.
Entre las artesanías destacan las huastequitas, son unas muñecas y muñecos que representan a los seis distintos estilos huapangueros. Son elaboradas con diferentes tipos de vestimenta para que puedan ser identificados. Por ejemplo, la huapanguera queretana tiene la vestimenta con sus faldas coloridas con un diseño floral, un mandil, blusa blanca, quexquémetil negro con rectángulos negros y rojos, collares de bolita en el cuello y en su cabello se peina con tres cordones que son llamativos por sus colores que resaltan a la vista.
Entre los eventos públicos que se suscitaron fueron las vibraciones melódicas de los violines y cantantes huapangueros que tocaban canciones como El queretano, Querreque Mi San Joaquín, entre otros. Por otra parte, encuentro dos eventos muy simbólicos: un ensayo monumental, el cual consistía en reunir a la gente que se encontraba en la plaza para una coreografía con la canción de Mi Querétaro lindo, y el otro fue, una presentación de huapangueros de Houston, Texas.
Estos dos eventos mostraron que el huapango es el corazón del municipio, pues mueve a las personas de la localidad, de otros estados e incluso extranjeros a ser bien recibidos con música, comida, alegrías y momentos irrepetibles que se experimentan a finales de marzo e inicios de abril. Las presentaciones culturales de la explanada son la representación de la felicidad del pueblo, al igual que es una cálida bienvenida para los que quieren unirse a su fiesta huapanguera.
Auditorio Municipal de San Joaquín
La tarima, luces, telas coloridas colgadas, participantes, conductores, músicos con sus instrumentos, organizadores, todo el pueblo y sus visitantes estaba listo para el gran evento estelar: El LII Concurso Nacional de Baile de Huapango Huasteco. La tradición sanjoaquinense que desde 1973 lleva realizándose para competidores nacionales, sin duda alguna, todo esto preparativos mostraban un poco de la pasión que viviríamos en el escenario.
Primero empezaron a eliminarse los participantes de pequeños huapangueros, madres y padres de familia gritando y el público aplaudiendo por sus presentaciones. Después pasaron los de la categoría infantil, juvenil y al final pasaron los adultos. En todo el auditorio se escuchaban aplausos, chiflidos de adrenalina, gritos de los participantes, decepciones de quienes perdían y lágrimas de felicidad de quienes ganaban.
Recuerdo un grito de apoyo de algunos familiares – ¡Echaleeeeeee Toñooooooo!¡Oraleeeeeee Juaaaaaaan! – parecía que expulsaban todo su pulmón en sus gritos. Provenían de todos lados: arriba, abajo, en la tarima, de cerca, lejos… ruido por todos lados. El auditorio resonaba de alegría, San Joaquín se encontraba de fiesta.
Asimismo, todo se escuchaba y veía en el auditorio. No olvidaré la emoción de los jóvenes que ganaban e inmediatamente se abrazaban y brincaban de felicidad; de los pequeños gritando emocionados; de los infantiles sonriendo hacía la luz del escenario de que habían ganado; pero, sobre todo, en la cara de los adultos llenos de lágrimas y que se abrazaban tiernamente, se balanceaban ligeramente de izquierda a derecha y lloraban.
Mientras ellos estaban disfrutando de su momento de gloria, la gente se llenaba de alegría al ver cómo esta pareja demostró su pasión, dedicación y disciplina cada vez que zapateaban. Su baile demostró la fuerza de la experiencia y la sutileza de los años, algo que prendía el corazón, pues te inspiraban cada paso la disciplina y el anhelo de querer ganar.
Sin embargo, aquí no termina el concurso. Tuvieron una premiación donde ganaron dinero, huastequitas y un reconocimiento, había fotografías por todos lados de la prensa. Luego, dio comienzo a la categoría de Campeón de Campeones, donde habrían bloques de los distintos estilos de huapango donde se eliminarían hasta quedar un solo representante de cada forma de bailar.
Es decir, por bloques de participantes se estarían eliminando hasta quedar solo un representante, a continuación, se haría la final para ver cuál pareja bailaba mejor un estilo: ese sería el campeón entre miles de parejas. En la final, solo quedan seis parejas en la tarima: una de tamaulipeco, otra de poblano, una de queretano, otra de hidalguense, una de veracruzano y otra de potosino. De ahí, solo quedaba un ganador que se llevaría el corazón de San Joaquín.
Había parejas que ya estaban cansadas pues habían bailado un día anterior desde las ocho de la noche hasta las siete de la mañana. Este último día solo bailaron hasta las tres y media de la madrugada. En algunas mujeres, en sus talones, tenían rojo como si se les quisiera cortar el pie de tanto bailar. Es así como tuvimos presente el deseo de ser la mejor pareja de este concurso y recibir el reconocimiento de su baile.
Fue así como antes de pasar a la final, existieron tres desempates, uno en el estilo poblano, veracruzano y potosino. La gente gritaba de la emoción al ver quién iría a la final a representar cada estilo. Por otra parte, existió un percance en el desempate potosino, pues el conductor mencionó a las parejas equivocadas, todos con chiflidos y mentadas de madre no pararon por dos minutos, que parecieron una hora de euforia.
Gritaban – ¡Los cuatro, los cuatro, los cuatro! – el pueblo estaba deseando ver huapango, también querían respeto a los concursantes. Luego de esto, se aclaró todo, no regresaron las parejas que mencionaron equivocadamente y siguió el evento. Tras esto, el pueblo no reclamó nada pues se trataba de un error humano que cualquiera podía cometer tras los nervios de algo tan grande que estaba aconteciendo.
Finalmente, dio inicio el último baile, la tarima sacaba polvo, las luces brillaban con más intensidad en el escenario, los gritos y aplausos sonaban estrepitosamente, los cantantes dejaban su pulmón en esa última canción. Y cuando se acercaba el final, el último zapateado acompañado de un -¡eh!- marcó historia en ese pequeño pueblo. El jurado tenía que decidir quién era el Campeón de Campeones, dieron un largo descanso con música y el pueblo empezó a bailar mientras esperaban el resultado.
Se reunieron los concursantes en la tarima, mencionaron el tercer, luego el segundo y al llegar al primer lugar, todos estaban ansiosos por saber quienes serían la mejor pareja de este año. Ganó una pareja de sanjuanenses con el estilo potosino, la emoción, alegría y un abrazo fueron necesarios para festejar su triunfo. Chiflidos, aplausos, gritos, más abrazos de sus grupos, familias, entre compañeros, muestras de apoyo sinceras en el evento.
La emoción, pasión, ruidos resonaban en todo el lugar. Un evento emocionante lleno de alegrías. Y, a pesar de que hubo derrotas y mostraron una parte fría del concurso, nunca dejó de ser cálido el lugar, pues aquellos que perdían eran bien recibidos por sus familias, grupos, amigos, además de que los llenaron de abrazos y aplausos por su esfuerzo.El huapango, es un corazón cálido que San Joaquín abrió para que su pueblo y sus visitantes no sufran de los fríos que existen en la Sierra Gorda queretana. El evento terminó, pero los participantes, personas y música siguieron hasta el amanecer. En las calles escuchabas risas, zapateados, parecía que el pueblo en sus días de fiesta no dormía, pues eran fechas para vivir de alegría y de celebración por los nuevos campeones del concurso.