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¿Cumplen bibliotecas infantiles su objetivo?

Por Martha Flores

“Muchos niños vienen a las bibliotecas, simplemente para pasar el tiempo, porque están espantosamente solos y porque se necesita que se les dé algo que hacer”, escribió Geneviève Patte en su libro Déjenlos leer. Los niños y las bibliotecas.

Cuando los niños visitan una biblioteca es por una tarea escolar, porque sus padres los mandan y muy poco por gusto, manifestaron los propios niños que acuden a la Biblioteca Infantil Manuel Gómez Morín.

En esta biblioteca los niños toman la decisión de qué hacer en el espacio de la biblioteca, únicamente son guiados si lo piden, aunque la mayoría de las veces no es así.

La biblioteca cuenta con secciones como ludoteca, Red Central de Informática Infantil, bebeteca y espacio para la lectura informal, esta área luce con pequeñas mesas y sillas de colores, también hay una sala, área de juego y equipo de cómputo.

Cuentan con aproximadamente 14 mil libros; de todo este acervo los niños prefieren cuentos fantásticos. Son más de 10 pasillos donde están ubicados los libros y no hay una sola placa que los clasifique, por lo que los usuarios no tienen parámetros para elegir y buscar un libro.

“La lectura es un placer que no se aprende ni se enseña, pero al cual predispone una educación que valorice la curiosidad, el gusto por experimentar, el poder de la representación y de la imaginación”, plantea Geneviève Patte.

La tecnología ha roto con todas las barreras, son jóvenes, ancianos y niños quienes viven hoy en día lo que las máquinas les ofrecen. Las viejas costumbres han quedado atrás, los viejos juegos y hábitos de los niños son parte del pasado y lugares como las bibliotecas son poco visitados por los pequeños.

 

Hasta 300 niños visitan la Biblioteca Gómez Morín cada fin de semana

Entra una niña de ocho años aproximadamente. Es su primera visita a la biblioteca, la señora que la acompañaba hizo el registro y dejó a la niña en la inmensidad del lugar. De manera inmediata se dirigió al área de libros, paseó por los pasillos y al no encontrar nada de su agrado visitó el área de juegos y sin terminar de convencerse decidió utilizar una computadora.

Son más de 50 equipos de cómputo, ocupan mayor espacio que el área de biblioteca. De los siete niños que se encontraban en el lugar un martes a las 2 de la tarde, cinco usaban una computadora y dos estaban en el área de juegos.

Con esto podemos preguntarnos si un libro puede competir contra una computadora; al parecer a los pequeños les llama más la atención la tecnología y las máquinas.

Por su parte, el bibliotecario dice que de lunes a martes visitan la biblioteca de 90 a 150 niños, mientras que en sábado y domingo el número aumenta y llegan a asistir entre 250 y 300 menores.

El gusto por leer se pierde y no ayuda a recuperarlo que en una biblioteca como en la Gómez Morín se ponga en la misma sala las computadoras y los juegos.

Los niños se pierden buscando un libro que los atrape y puede verse que muchos libros no han sido tocados en mucho tiempo.

 

“Te recomiendo”, “clásicos”, “artes”, “misterios”, entre los apartados en que se clasifican los libros

En lo que respecta a la Biblioteca Infantil del Museo de la Ciudad, si bien es mucho menor la cantidad de niños que asisten al día, los pocos que visitan las instalaciones se centran en la lectura.

El espacio de esta biblioteca es 15 veces menor que el de la Biblioteca Manuel Gómez Morín. Cuenta con tres mil libros aproximadamente y alrededor de 15 visitas en un día.

En este lugar los niños no pueden perderse en la inmensidad del espacio pues los libros están ubicados en distintas secciones, éstas son: “te recomiendo”, “animales”, “clásicos”, “artes”, “misterios”, “personas” e “informativos”.

El lugar es colorido y la distribución de los libros es en dos pisos, los objetos que hay en la biblioteca invitan al niño a disfrutar de un libro; cuenta con tres lugares de lectura: el primero con mesas y sillas pequeñas, un tapete con cojines y un gran sillón, además de esto, cuentan con un pequeño escenario teatral.

Ahí es fácil identificar libros como El príncipe feliz, El sombrero de Ramirito, El patito feo, La gitana de las flores, El pájaro y la princesa, Matilda, El misterio de Arquímedes y Una isla bajo el sol.

Las bibliotecarias son tres en este lugar, a diferencia de la Biblioteca Gómez Morín (que tenía cinco para toda el área).

En la Biblioteca del Museo de la Ciudad, el personal dijo que la mayoría de los niños acuden con sus papás, sin embargo son ellas las que orientan a ambos para decidir qué libro leer.

 

El reto consiste en equilibrar lo atractivo, lo fantástico y la lectura

El lugar es uno de los factores principales que incentivaran la lectura. Ofrecer a los niños un lugar gris, frío y sin fantasía, asegura que será poco visitado, sin embargo ofrecer una gran biblioteca, donde los niños se sientan perdidos, no servirá de nada.

Resulta complicado lograr el equilibrio entre lo atractivo, lo fantástico y la lectura, sin embargo no es imposible. El fomento a la lectura debe ser desde la biblioteca, identificando la singularidad de cada niño, para así aproximarlo, impulsar el hábito por las letras y no por los juegos virtuales. Otra cuestión es tener la selección de obras adecuadas para cada grupo de edad.

El bibliotecario debe conocer a profundidad la temática de cada uno de ellos; él juega un papel muy importante en el fomento a la lectura, no tiene que caer en el extremo de atosigar al lector, ni tampoco dejar en el olvido al pequeño, debe guiarlo, responderle preguntas y generarle otras.

Seguro aún quedan por ahí los pequeños que prefieren sentarse a disfrutar de un “buen” libro, sumergirse en la fantasía en medio de letras, dibujos, magia, animales, hechizos, princesas y príncipes.

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