De cómo Santa Claus se robó la Navidad

(BALAZO)
Si bien el hombre robusto de rojo que entrega regalos es unos de los distintivos de las celebraciones decembrinas, esta invención llegó para incitar al consumismo. Desde Turquía, hasta Coca–Cola, llegó quien opacó a Jesús
La inspiración
Se estima que el cristiano Nikelaos nació alrededor del año 280 en la calurosa ciudad de Patara, en el distrito de Licia, al sur del actual Turquía, territorio tomado por el Imperio Romano. Hijo de una pareja adinerada, quedó huérfano cuando era niño, por lo que heredó la fortuna familiar, misma con la que decidió hacer obras de caridad desde muy joven.
Años después, Nikelaos fue nombrado obispo de Myra, al mismo tiempo que el emperador Diocleciano ordenó a César Galerio exterminar a los cristianos. No obstante, estos pudieron esconderse en cuevas, parecidas a templos tallados en piedra. Sin embargo, en el año 316, el emperador Constantino emitió el famoso Edicto de Milán, que ponía fin a la persecución contra el cristianismo. Posteriormente, los sacerdotes comenzaron a evangelizar en libertad, por lo que Nikealos edificó una iglesia e intensificó sus obras a favor de las personas pobres y necesitadas.
Una de sus obras consistió en ayudar a tres mujeres pobres. Estas, cuyo padre no tenía lo suficiente para pagar su dote para que se casaran, estaban destinadas a quedarse solteras de por vida y a dedicarse a la prostitución para sobrevivir. Al saber esto, Nikelaos arrojó tres bolsas con monedas de oro durante tres noches por la chimenea de la casa de las jóvenes.
Para el 6 de diciembre del año 345, Nikelaos de Myra falleció, y las personas de la región lo volvieron santo. Posteriormente, peregrinos devotos acudían a su templo para obtener algún recuerdo de san Nikelaos, lo que volvió rico al pueblo a través de la venta de sus reliquias y del perfume que hacían de sus huesos y su fama se extendió al punto de considerarlo santo patrón de Turquía, Grecia y Rusia.
Sin embargo, en el año 1087, los comerciantes de la ciudad de Bari, Italia, enviaron a 30 mercenarios para robar los restos de san Nikelaos, al tiempo que construían la ahora basílica de San Nicolás. Esto gracias a la Iglesia Católica, que justificó el robo como una forma de protección ante la invasión del Imperio Musulmán a Turquía. Para el siglo XII (doce, del año 1101 al 1200), un convento de monjas francesas, inspiradas en los relatos sobre san Nikelaos, comenzaron a regalar alimentos a las personas pobres a través de medias o calcetas, puesto que no tenían otra forma de entregar los víveres.
Santa Claus llegó
Debido a la influencia protestante, que estaba en contra de la venta de reliquias de los santos, en el siglo XVI (dieciséis, del año 1501 al 1600) se le cambió el nombre de san Nikelaos a Papá Noel. Es entonces que el santo cristiano incorporó a varios personajes paganos que repartían regalos a las infancias, tales como el hada Befana de Italia, los ancianos Berchta y Knecht Ruprecht de Alemania y el gigante Olentzero de España, quien era acompañado de duendes de barba blanca, gorro y botas.
Alrededor de 1624, los inmigrantes holandeses llevaron esta devoción a Estados Unidos, al tiempo que fundaron la ciudad de Nueva Ámsterdam, la ahora Nueva York. Con la diferencia de que estos le llamaban Sinterklaas a su santo patrón. Fue hasta 1809 que el escritor Washington Irving, a través de la sátira Historia de Nueva York, deformó al santo holandés, y lo llamo, de manera inglesa y burlesca: Santa Claus. Para 1823, el poeta Clement C. Moore publicó un poema en el que dio consistencia al todavía mito de Santa Claus, basándose en el personaje de Irving.
Este personaje adquirió el cuerpo de hombre gordo y amigable con barba blanca en 1863, gracias al dibujante sueco Thomas Nast, al incluirlo en sus tiras navideñas para la revista política Harper’s Weekly. De este modo, también se vistió de rojo, con botas altas y gorra. Se cree que Nast se basó en la vestimenta europea de aquella época para crear a tal personaje, que ya poco tenía que ver con san Nikelaos de Myra.
En 1896, la revista mexicana El Mundo Ilustrado, incluyó a este personaje como un anciano que conducía una bicicleta, el transporte más novedoso de aquel entonces, mientras fumaba una pipa, cargaba un gran costal lleno de regalos y un libro titulado “Lista de buenos niños y niñas”. Además, esta versión vestía un mameluco tejido de lana roja, una prenda que ayudaba a contrarrestar el frío de México en aquella época.
Mientras tanto, el Santa Claus estadounidense llegó a Inglaterra, y de allí a Francia, donde se combinó con el personaje Bonhomme Noël, que resultó en el Papá Noel de España, quien se parecía físicamente a Santa Claus, pero con vestimenta blanca y dorada.
Santa Claus en Querétaro
Para 1928, la portada de la revista queretana El Heraldo de Navidad, incluyó, “sin querer”, expresa el actual cronista municipal, Eduardo Rabell Urbiola, “la imagen que vendría ser la definitiva”: un anciano que observa un globo terráqueo, con una pluma encima de su oreja derecha y un bolso de cuero sobre su hombro izquierdo.
En ese mismo siglo, el XIX (diecinueve), la empresa Coca–Cola le encargó al pintor Haddon Sundblom que remodelara la figura de Santa Claus para utilizarla en sus anuncios.
Desde entonces, este personaje se volvió el distintivo de la Navidad y de la entrega de regalos a base del consumismo comercial. Simultáneamente, comenzó la producción de películas en Hollywood y de promocionales con este Santa Claus, donde se ignora el nacimiento de Jesús, acontecimiento que en latín tardío se dice “Nativitas”, origen de la palabra Navidad.



