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De Ibrox Park al Corregidora

Por Víctor Pernalete

Hace 42 años, la localidad Ayr, en Escocia, vio nacer a John Linden. La historia no le tendría un lugar especial a un escocés promedio si no fuera gracias al futbol, el lenguaje universal. John es, como la mitad de los escoceses (aunque él diría que más) un hincha del Rangers.


El equipo que hace las veces de local en Ibrox Park es el más ganador de la historia del país británico, con 54 títulos de liga. Ni siquiera su acérrimo rival, el Celtic, también de Glasgow, tiene tantos triunfos como los Teddy Bears.

Más allá de la rivalidad religiosa, que enfrenta desde tiempos inmemorables a protestantes contra católicos, y que se refleja en la modernidad con el azul de los Rangers y el verdiblanco del Celtic en un campo de futbol, John se avoca exclusivamente a su gusto por el futbol y su inculcado amor por los Rangers en el plano deportivo.

Con ese historial grabado en su memoria, un día John Linden fue invitado a España a tocar con un grupo de amigos en el pub local. Esa experiencia marcó a John, ya que en España obtuvo el gusto por el idioma español, cuestión crucial para su futuro.

Ya de regreso en Escocia y con ganas de vivir otra experiencia en el extranjero, Linden estudió para ser maestro de inglés. Un país de habla hispana sería su destino, y fue así como México le abrió las puertas al aficionado a los Rangers escoceses.

San Juan del Río y León fueron sus primeras aduanas antes de que, ya emparentado con una mujer mexicana y una experiencia en Londres, en donde nació su hijo, Querétaro le abriera las puertas a Linden.

La añoranza

Aunque John no vivía en Glasgow, Escocia es un país pequeño en el que un viaje de no más de un par de horas te puede poner en Ibrox Park.

Así, Linden asistía de manera asidua a los partidos de los Rangers, y acudir los domingos al estadio a ver futbol se volvió parte esencial en su vida. Esa costumbre no se podía dejar de lado.

Ya en Querétaro, John tuvo la oportunidad de conocer a un escocés que llegó en el 86 a ver el Mundial de México, y nunca se fue. Aficionado al Kilmarnock, de su ciudad natal del mismo nombre, Kenny (quien merece un capítulo aparte) y John compartieron el gusto por el futbol y se dispusieron, cada 15 días, a asistir a los partidos de los Gallos Blancos, equipo de la ciudad.

Tras ver a los Gallos Blancos jugar contra San Luis Potosí, su Celtic mexicano, y presenciar una gresca en la cancha, Linden quedó prendado del equipo queretano, por lo que su afición fue creciendo poco a poco.

Así como John admira a sus Rangers, comenzó su enamoramiento por el equipo fundador de la Segunda División mexicana. Y así como empezó su historia, Linden se enamoró de un equipo que en aquellos años jugaba el ascenso mexicano.

Para John Linden no tiene sentido hablar de afición por equipos que viven a miles de kilómetros de distancia. Que las Chivas o el América vengan a Querétaro y el estadio se llene de sus colores le resulta poco comprensible al escocés que trae tatuado el escudo de los Gallos en su brazo izquierdo.

“Villamelón se dice, ¿verdad?”, pregunta con un para nada despreciable español al tiempo de que le pide a Kenny, dueño del bar, otra cerveza.

Con esa pasión, John decidió emprender una labor admirable; tras conocer un blog llamado notjustscotishfootball.com, se dedicó a escribir la proeza del pequeño pero histórico equipo mexicano, para el público británico.

“Lo hago desde una visión de aficionado”, cuenta Linden al establecer que su prosa no es la de un periodista, pero cuenta con orgullo que en 2008, cuando Gallos Blancos ganó el primer título ante el Irapuato como parte de su regreso a la Primera División (la siguiente temporada conseguieron el anhelado ascenso en Mérida), “unos cuatro o cinco escoceses siguieron el partido por Internet, después de seguir la temporada de los Gallos Blancos gracias a lo que escribía. No suenan como muchos, pero estamos hablando del otro lado del mundo”, manifiesta con orgullo.

Ese partido marcó su pasión. Después de asistir al Corregidora a decenas de partidos, con unos cinco mil aficionados en promedio, esa noche 45 mil queretanos vieron al conjunto emplumado. Estadio lleno y fiesta completa.

Actualmente, John Linden asiste con su hijo, el pequeño John, a ver a los Gallos Blancos cada 15 días. Encuentra contrastante que después de una vida siguiendo a un equipo exitoso, hoy se apasiona por las humildes proezas de un equipo que forma parte de la historia del futbol mexicano, siempre luchando contra la adversidad de las circunstancias.

 

 

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