Demandan a los pepenadores por robar basura del Relleno Sanitario

“Ya no hay vuelta pa’trás en el plantón”, dijo Anselmo Robles el miércoles 23 a los pepenadores que bloquean el Palacio Municipal. Bajo lienzos de plástico rojo, mujeres y niños, sentados en las bancas o en el suelo del Jardín Guerrero, los hombres. Duraron 14 días —el plantón concluyó el sábado 26— viviendo en el centro de la ciudad, a la intemperie; porque no habían obtenido respuestas convincentes del gobierno a su petición de construir un centro de acopio y de selección de basura cercano al relleno sanitario.
Anselmo Robles, dirigente del Consejo de los Pepenadores e integrante del Frente Independiente de Organizaciones Sociales (FIOS) explica que hace dos años dejaron de trabajar en el tiradero municipal con la promesa de recibir un trabajo en el nuevo relleno sanitario y un terreno para vivir dignamente. Las promesas del municipio nunca fueron cumplidas. Actualmente más de 180 pepenadores viven en condiciones deplorables, sin los servicios básicos, como son agua potable, luz eléctrica o drenaje. “Sólo les pedimos que instalen dos tomas de agua pública para que la gente se abastezca, si es que no pueden meter tubería, eso costaría 20 mil pesos”.
De todos los pepenadores, 80 pertenecen al FIOS y, según Robles, 90 a la Coordinadora Campesina Popular Emiliano Zapata (CCPEZ), cuyo objetivo es apoyar a la gente de las comunidades en la consecución de sus demandas. La CCPEZ tiene consejos en las comunidades de El Herrero, Puerta de Santiaguillo, La Estancia de la Rochera, El Patol, Tlacote el Alto, Mompaní, Palo Alto, San Miguelito, La Gotera y dos colonias de Santa Rosa Jáuregui: Emiliano Zapata y La Loma.
El 14 de julio, 100 pepenadores entraron al relleno sanitario para llevarse aluminio y otros materiales reciclables que rescataron de la basura. Sin embargo, Mexicana del Medio Ambiente, la empresa concesionaria del relleno sanitario, demandó días después a los pepenadores por allanamiento de morada y robo de partes de maquinaria pesada (el número de la demanda es 111/1343/97). El encargado de operación del relleno sostiene: “Tenemos pruebas y fotografías del allanamiento de morada. Rompieron un candado y cuando vieron que les empezamos a tomar fotos la gente empezó a retirarse”. Los pepenadores disienten de esta versión y aseguran que los guardias del relleno les permitieron el acceso sin ningún problema. “Cuando fuimos a declarar dejamos claro que los compañeros pepenadores estaban en la disposición para que fueran a sus casas a revisar”, recuerda Anselmo Robles.
La empresa Mexicana del Medio Ambiente comenzó a trabajar el 11 de febrero de 1995. Obtuvo la concesión de 20 hectáreas para el relleno sanitario por un tiempo de 15 años. Roberto Medina, encargado de operación del relleno, explica que la vida útil del Relleno Sanitario, para el cual sólo han ocupado 4 hectáreas, es de 17 años.
Cuando se le menciona el problema de los pepenadores, Medina hace una amplia defensa de la empresa para la cual trabaja: “Nosotros no les prometimos nada. Solo les pedimos que respeten nuestro trabajo. No los podemos dejar pepenar, si tú ves no hay pepenadores en ningún relleno sanitario, ya que los gases y líquidos producidos por la basura son peligrosos para la salud, además de que se exponen si trabajan junto a las máquinas».
“Le hemos dado trabajo a tres de ellos. Aquí se les emplea para que hagan el papeleo, es decir, que recojan los papeles que el viento dispersa. Les llegamos a pagar hasta cuarenta pesos diarios; les damos SAR, les damos seguro. El problema de los pepenadores es que no están acostumbrados a seguir un horario ni tampoco a usar guantes ni protecciones, porque dicen que así no pueden trabajar y yo los entiendo, pero esas son las normas establecidas. Algunos otros pepenadores que contratamos cobraron una quincena y luego se fueron a emborrachar o a drogar y llegaron tres o cuatro días después a trabajar. Lo mismo sucedió cuando sugerimos que los pepenadores hicieran su pepena afuera de las casas; seleccionar la basura antes de que los camiones pasaran y se la llevaran; solo fueron unos tres días y después ya no regresaron”.
“En mi opinión, el Municipio sí ha ayudado a los pepenadores, cuando llegamos absorbió a muchos como trabajadores. Creo que estas gentes sí han tenido apoyo y no creo que su forma de protestar frente a Palacio Municipal sea la correcta: bañándose en la fuente y tendiendo su ropa alrededor. Creo que debe ser algo mucho más serio”.
“Antes nosotros solíamos ayudarlos mandándoles pipas de agua; durante diciembre hacíamos piñatas para los niños, pero creo que a partir del robo y el allanamiento de morada ese apoyo ya no se les va a dar”.
Jerónimo Sánchez, asesor del FIOS analiza la situación y responde tajantemente a las declaraciones vertidas por el encargado del relleno sanitario: “Cuando el consejo de pepenadores entra al relleno habla directamente con el dueño, un español, y se le pide que les dé chance de trabajar a los pepenadores desempleados. El español dice que a él no le corresponde, que la bronca no es de ellos, sino de la autoridad municipal. Nos dice que por su parte no hay bronca, que el problema es que los del municipio le clavaron una cláusula en el contrato en donde dice que se prohíbe estrictamente la labor de los pepenadores, y explica que tiene presiones para demandar a los compas por cualquier acción que hagan. Al otro día la actitud del español cambia totalmente y les dice concretamente a los compañeros del consejo: “estoy muy presionado por Jesús Rodríguez”.
«En el fondo ¿por qué no han cumplido? ¿Cuánto les puede costar el centro de acopio? ¿200 mil o 150 mil pesos? Se habla de una relación muy estrecha entre algunas autoridades municipales con la empresa, de una consigna para desaparecer a los pepenadores”.
Respecto de la acusación que el encargado del relleno sanitario hace a algunos pepenadores en el sentido de que al ser contratados por Mexicana del Medio Ambiente se gastaron sus quincenas en alcohol, Jerónimo Sánchez responde sin cortapisas: “Fíjate, yo me encuentro muchos más borrachos entre los funcionarios que van a las reuniones pedos, a veces hasta cocaínos y esa gente nunca chambea. A lo mejor a los compañeros les alcanza para una borrachera cada mes, éstos se emborrachan diario, viven pedos toda la vida y bueno, eso no lo dicen los medios”.
Al final de la entrevista con Jerónimo Sánchez en el Jardín Guerrero, el miércoles 23, este reportero observa el mismo paisaje: hombres y mujeres que departen sentados en el suelo, niños que corren por toda la explanada, un grupo de música que se prepara para actuar; todos dispersos en espera de que sus dirigentes les den una respuesta. Una voz reúne a su alrededor a todos los pepenadores para informarles de las pláticas con el municipio, que nuevamente han sido infructuosas. A través del micrófono, se escucha una respuesta que no podría ser más elocuente:
“Compañeros, hemos roto un récord: el de la enchilada más grande del mundo, la enchilada que le estamos dando a las autoridades con estos once días de plantón. Podemos quedamos aquí el tiempo que sea necesario, un mes, dos meses. Si alguien tiene miedo que agarre, se dé la vuelta y se vaya”.



