Qatarsis mundialista

¡Una, sólo una, te pido, Ochoa!

¿Plegaria o reclamo?

No sabía si era plegaria o reclamo, pero el grito retumbaba en mi cabeza: era el grito de los aficionados que, desesperados por el penal marcado por el VAR tras un jalón de camiseta de Moreno a Lewandowski, superestrella del Barça, tenía a México contra las cuerdas en el debut mundialista contra Polonia en el estadio 974 en Qatar.

¡Una, sólo una!, era el mantra que suplicaba por el milagro, tomando en cuenta que el portero pentamundialista Guillermo Ochoa no tiene como especialidad atajar penales y que tuvo una mala actuación que terminó con las aspiraciones de su club.

¡Una, sólo una! Y Robert Lewandowski, el delantero de Polonia que en el club Barcelona rompe todas las redes de Europa toma el balón y se enfila. ¡Una, sólo una! y algo pasa. El temible delantero se ve nervioso, o al menos así se ve en las cámaras de televisión. Finalmente dispara sin mucha fuerza hacia el costado izquierdo y Ochoa se recuesta para atajar. ¡Una, sólo una! Y estalla el júbilo de millones de mexicanos incluyendo a quienes están junto a mí viendo este juego.

El festejo no era exagerado. Llegamos con pesimismo a este Mundial, llenos de dudas por el desempeño de la selección que en otras épocas ha recibido el mote de Ratones Verdes. Que si Chicharito y Vela, que si Raúl Jiménez está lesionado, que si el Tecatito también, que si Funes Mori trae la pólvora mojada., que HH era mejor jugador cuando estaba feo, que si Guardado ya no aguanta todo el juego y que si Memo Ochoa no sabe salir en el área nos van a golear.

Y Alexis lloró y yo lloré, todo fue por el himno

Todo quedó en el olvido en cuanto sonó el himno nacional y se vivió la primera imagen emotiva al ver a Alexis Vega romper en llanto. Silbatazo inicial y comenzó el juego. Un arranque nervioso, trabado, como de boxeadores estudiándose en el primer round. Todo se pelea en la media cancha en donde México le apuesta más a trabar el juego que al talento, esperando que por las bandas el Chucky Lozano o Alexis hagan magia y le hagan llegar un balón a modo a Henry Martin.

Ante esto, Polonia regala la media cancha y le apuesta al contragolpe, a un balonazo que encuentre a Robert Lewandowski y que fusile a Memo Ochoa. Así transcurren los primeros minutos, con un tricolor intentando tejer jugadas, pero ahogándose en el último tramo de la cancha. Y cuando se logra armar una, o el delantero no la remata correctamente o rebota en el arquero polaco.

Un primer tiempo con dominio infructuoso mexicano. Arranca la segunda mitad con la misma tónica. Los de verde intentando armar jugadas, pero topándose con una muralla polaca. Y Polonia esperando el contragolpe para cazar a la zaga mexicana.

La maldición del pase lateral

Ante ese muro imposible de pasar, la selección tiene que recurrir al odiado pase lateral que bien jugado busca que la defensa rival se mueva y buscar por donde colarse, pero en el caso mexicano, los pases laterales son de rutina y sin intención. Peor aún, se tiene que recurrir al antifutbolístico pase hacia atrás, incluso retrasándola de media cancha hasta el portero. ¡Así no!, exclaman los aficionados que están junto a mí. Y es en uno de esos pases retrasados es de donde se origina el error en la salida que terminará con el penalti a favor de los polacos.

¡Una, sólo una! Y el minuto 55 marca el júbilo no por anotar sino porque se evitó la caída. La moral polaca se derrumba y parece que ahora sí México dará el golpe definitivo. Pero los pases laterales y las filtraciones intrascendentes no logran derrumbar la línea defensiva de los de blanco y rojo. Una caía de Alexis en el área parece penal pero el árbitro no marca nada y el DT mexicano es amonestado.

El Chucky Lozano es una piñata que los polacos agarran a palos. ¿Y las tarjetas? Este árbitro parece que no quiere amonestar a más de uno. Y vienen los cambios y el embate mexicano se detiene. Entra Raúl Jiménez que muestra su falta de ritmo y no conecta con el equipo. Después sale Alexis y la delantera mexicana queda más chata.

Grito de gol ahogado

Los polacos frustrados piden la hora, pero México sigue al abordaje. Como única respuesta, Polonia ensaya tiros de media distancia, supongo que en su análisis descubrieron que es un punto débil de Ochoa, pero sus tiros pasan muy lejanos.

En el último minuto de compensación, Antuna, que ha entrado por Alexis, dribla a un par de polacos y queda en el borde del área mientras Jiménez se desmarca para quedar solo… y Antuna en vez de darle el pase, saca un calcetinazo que va a dar a las manos del arquero. Es todo. El grito de gol ahogado en las gargantas mexicanas y la frustración polaca que sentía que este partido era suyo.

En los cálculos mexicanos, este era el juego que casi definía la calificación porque ante Argentina se da por perdido y contra Arabia, por ganado. Sin embargo, la magia del futbol se hizo presente una vez más y previo al juego, una sorprendente Arabia derrotó a una soberbia Argentina, que había considerado al grupo como fácil. Hoy todo vuelve a empezar y México se juega la vida frente a Argentina, que llega herida y con dudas. ¡Una, sólo una!, les pedimos ahora contra los albicelestes.

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