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Día mundial para la prevención del suicidio

El suicida, lejos de negar la voluntad, la afirma enérgicamente. Pues la negación no consiste en aborrecer el dolor, sino los goces de la vida. El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece.

-Arthur Schopenhauer

El suicidio supera en cifras a los homicidios y a las guerras juntas: cada 40 segundos una persona termina con su vida, lo cual es una cifra 20 veces menor al número de intentos de suicidio en todo el mundo. Desde el 2003, el 10 de septiembre se estableció como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con la finalidad de fomentar consciencia sobre el fenómeno del suicidio.

Con este motivo fue realizada la Jornada de Intervención en Crisis en Intentos de Suicidio y Estrategias de Prevención en el aula Forense de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) en conjunto con el Centro Estatal de Salud Mental del Estado de Querétaro (Cesam), la Coordinación Estatal de Protección Civil Querétaro (CEPCQ) y con presencia de integrantes de la Secretaría de Salud de Querétaro (Seseq).

“Intenté matarme de diferentes formas: mezclando puños de pastillas con alcohol, respirando gas butano, ahorcándome, cortándome; intenté golpearme la cabeza para causar un traumatismo, pero quedé inconsciente. No sé si en el fondo era mi cuerpo que por impulso no me permitió matarme, pero le di pelea. También pensaba en quienes me quieren. En realidad, por algunos no quería hacerlo para no causarles dolor; pero por otros, lo único que me detenía era no poder ver su cara cuando pensaran que ellos habían tenido parte de la culpa”, confesó en entrevista un estudiante de la UAQ que pidió anonimato.

El 10 de septiembre, en los países integrantes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través de diversas intervenciones por parte de organismos e instituciones, se auspician terapias y seguimiento a personas que intentaron suicidarse; a la vez que se busca un tratamiento más mesurado sobre el suicidio por parte de los medios de comunicación.

Las cifras en Querétaro

En el estado de Querétaro, entre 2010 y 2016 se dio un promedio de 6.9 muertes por cada 100 mil habitantes. Para el 2017, Querétaro se situó en el noveno lugar a nivel nacional, con el 10.5 por ciento del total de casos en el país; en contraste, Guanajuato en el mismo año fue el primer lugar con el 15.9 por ciento. Hasta finales de abril del presente año, la Fiscalía General del Estado había registrado 20 casos de suicidio en Querétaro. Por otra parte -y en discordancia-, el Cesam registró 29. De enero a abril, el gobierno municipal solo detectó dos casos de tentativas suicidas, los cuales fueron también canalizados al Cesam.

“Si hubiera tenido un arma, creo que ni aun así habría intentado volarme el cráneo. Creo que la forma más bella de morir es hacerlo sentado frente al mar, aunque sea algo romántico. Eso, o morir dormido, pero tendría miedo de quedarme atrapado en un sueño más desagradable que en el que todos vivimos a diario. Calderón de la Barca no se equivocó cuando dijo que ‘la vida es sueño’. No tiene nada de diferente este mundo. Todo es percepción. Incluso si mueres en un sueño es probable que te mueras en la ‘vida real’”, expresó el joven estudiante.

El primer estudio sistemático de este fenómeno fue ‘El Suicidio’ de Émile Durkheim, publicado en 1897; en él, Durkheim -considerado uno de los pilares de la sociología- estableció cuatro tipos de suicido: el altruista, el egoísta, el anómico y el fatalista. No obstante, fue solo la primera incursión en el conocimiento científico respecto al suicidio.

La jefa del Cesam, Marbella Espino Cortés, presentó en la jornada de intervención realizada en la UAQ la conferencia ‘Epidemiología del Suicidio’ en la que indicó que solo una mínima parte de la población con problemas de salud mental -independientemente de la gravedad de estos-, acude a instituciones de servicios de salud “mucho menos a psiquiatras o psicólogos. Pesa mucho aún el estigma de la gente en relación a si requerirá o no un servicio de salud mental. ‘Yo no voy al psiquiatra, yo no estoy loco, no lo necesito, tengo que poder solo’. Es muy difícil que la gente reconozca la necesidad de acudir a un psiquiatra o psicólogo”, aseveró.

Espino Cortés recalcó la dificultad de llegar a resultados científicos que expliquen las variaciones del número de suicidios en función de los diferentes factores en que se contemplan. Puntualizó que la estructura, el alcance y la capacidad institucional de los sistemas de salud en México representan un reto para alcanzar a tener un desarrollo técnico y científico que permita acceder a una comprensión clara del suicidio en el país.

Por ello, a pesar de tener cifras relativamente fieles sobre suicidios, es difícil llegar a interpretaciones del fenómeno: sus causas y factores decisivos en la actualidad. “No tenemos las estadísticas que quisiéramos; no sabemos cómo medir todos estos fenómenos”, lamentó.

Violencia aumenta posibilidades

Señaló que el impacto de que una persona sea violentada sexualmente supera una triplicación de las probabilidades de que piense en cometer suicidio. Respecto a casos de violencia como robos, agresiones físicas, amenazas o acoso, señaló que estos duplican las probabilidades de que las personas cometan un acto suicida. Resaltó que también las catástrofes naturales influyen en la disposición de una persona a intentarlo.

“Sabemos que los determinantes en relación al suicidio son múltiples”, constató. Entre los principalmente aludidos se encuentran trastornos por adicción, adversidades en la infancia -tales como el abuso sexual o agresiones-, eventos traumáticos, trastornos mentales, violencia sexual, la muerte de un ser querido, al igual que enfermedades y discapacidades físicas. “Los números de estrés postraumático se han incrementado en los últimos años y la asociación del suicidio con [respecto al] estrés postraumático es cada vez más notoria”, resaltó.

En el caso de Querétaro, por año, hubo desde el 2013 hasta el 2017: 114, 97, 119, 102 y 136 suicidios registrados por la Fiscalía General del Estado, por lo que no hay una tendencia clara respecto al incremento o decremento, a pesar del crecimiento de la población. En razón de género, en la entidad los hombres representan una porción tres veces mayor en relación a las mujeres en los años 2013, 2014 y 2016, mientras que en 2015 y 2017 las cifras de suicidio en varones fue cuatro veces superior. “De los 10 a los 39 años sigue siendo el rango de edad en mayor riesgo” indicó.

Espino Cortés hizo hincapié en la necesidad de concientizar y capacitar a figuras de autoridad al interior de las organizaciones laborales, institucionales y escolares para que puedan vigilar y detectar casos potenciales de suicidio. “Una persona que se sabe viva también se sabe muerta y puede hacer algo para morir. No podemos esperar a que el Estado nos dé”, formuló.

Acotó que algunos métodos que funcionan de manera general para reducir el riesgo de un suicidio consumado son: limitar el acceso a instrumentos, situaciones o medios que puedan ser utilizados para morir; integrar servicios de tratamiento en la población; realizar evaluación, seguimiento y apoyo comunitario; vincular efectivamente el cuidado de la salud con la escuela y el trabajo; y fortalecer las redes sociales primarias de las personas.

Voluntad política

Por otra parte, la responsable Estatal del Programa de Adolescentes de la Secretaría de Salud de Querétaro, Aracely López, indicó en una intervención: “Hace muchísima falta la voluntad política para generar políticas públicas que nos permitan contar con recursos para poder tratar el tema. Hay mucho que se puede hacer y no se ha hecho. Es un fenómeno que está avanzando mucho más rápido de lo que nosotros caminamos”.

“La efectividad de los tratamientos tiene que ver, si, con la medicación, pero especialmente con la psicoterapia. Es fundamental que estos tratamientos sean integrados y de la mejor calidad. Otro punto fundamental es integrar los servicios. Muchos estamos trabajando el fenómeno, pero trabajamos separadamente. […] Es necesario que cualquier médico, aunque sea familiar, cardiólogo, etcétera, pueda identificar este tipo de datos, de riesgos. […] Hay que reflexionar también en cómo podemos aportar a la prevención del suicidio”, explicó.

“La conducta suicida es muy difícil de medir porque además no es un acto tipificado como una falta o crimen. En cambio, el suicidio consumado, por ley, se debe registrar y esos datos son de los que podemos hablar con mayor certeza”, indicó, respecto a las estadísticas que pueden obtenerse sobre el suicidio.

La jefa del Cesam reseñó el caso del Reino Unido, en donde se desarrolló una aplicación para teléfonos celulares que permite comunicarse con autoridades de salud para advertir cuando una persona identifique en otra, ya sea conductas o características que se sabe que son comunes entre personas con pensamientos suicidas.

 

La tragedia silenciosa

Matarse, en cierto sentido, y como en el melodrama, es confesar.

Es confesar que se ha sido sobrepasado por la vida o que no se la comprende.

-Albert Camus en ‘El Mito de Sísifo’

“Yo creo que sólo es la nada. Cuando era pequeño, una vez vi en la tele las noticias y vi cosas, vi sufrimiento, vi crueldad contra personas que no hacían daño a nadie. […] Desde entonces dejé de creer en Dios y empecé a creer que no hay nada que controle de forma absoluta lo que pasa. No hay un destino fijo ni podemos tener certeza de que las cosas irán bien o mal. Ese temor a la incertidumbre es lo que nos orilla a creer en algo. Para mi está mejor esa nada terrorífica que nos orilla a hacer para construir algo. […] La conformidad con la existencia es un lujo egoísta. [Baruch] Spinoza decía que Dios es tenebroso”, externó el estudiante entrevistado.

En la conferencia ‘Conductas Autodestructivas en Adolescentes y Abordaje con los Padres y Maestros’, Silvia Santoyo Cristiani, especialista en sociopsicología del desarrollo humano y tanatología budista, advirtió que en tentativas de suicidio en adolescentes son los padres los últimos en enterarse de la situación. Reseñó que uno de cada cinco niños en México tiene problemas de salud mental, lo que reseñó como una “tragedia silenciosa”.

“Sabemos que este tipo de conductas [autodestructivas] pueden ser y están asociadas en jóvenes a conductas suicidas o intentos de suicidio. De cada persona que se suicida hay 20 personas que lo intentan. […] Con cada suicida hay un promedio de 128 personas a su alrededor que son afectadas emocionalmente”, acotó la académica.

Explicó también que en promedio un 10 por ciento de los jóvenes en México de entre 10 y 19 años han tenido pensamientos suicidas, a la vez que un 7 por ciento han elaborado un plan de suicidio en alguna ocasión, mientras que el 4 por ciento han intentado consumarlo. “No existe ninguna prevención en cuanto a si eres rico, pobre, blanco, negro, o tengas alguna cultura en concreto o alguna religión. […] Tenemos que hacer este trabajo de sensibilización entre personas que, de alguna manera u otra, tenemos el trato con jóvenes o adolescentes para identificar conductas previas al intento suicida”, aseveró.

Conductas autodestructivas

Explicó que entre las conductas autodestructivas entre jóvenes se encuentran principalmente el consumo de drogas y alcohol, los trastornos alimenticios -en algunos casos-, el juego compulsivo, el sexo sin protección, el bullying, el ‘sexting’ -acoso sexual- y el ‘cuting’-lesiones autoinfligidas que se interpreta como un intento de pedir ayuda a sus cercanos.

Así mismo, señaló que entre los detonantes de estas conductas se encuentran el fracaso escolar, la “fracturación” familiar, el maltrato físico, emocional o psicológico; el abuso físico o sexual, el rechazo social, el abandono, la soledad, la muerte de un ser querido, desórdenes mentales; sentimientos de resentimiento, descrédito, inutilidad, desvalorización, venganza, querer escapar de una situación adversa, así como la falta de significado o un sentimiento de desarraigo con la vida.

Respecto al consumo de alcohol, señaló que ha incrementado en un 52.3 por ciento en la entidad. “Esto que proviene de las universidades norteamericanas de ‘vamos a beber hasta perder el conocimiento’ ha aumentado gravemente como práctica en estudiantes de preparatoria y universidad”, resaltó.

Realizó a su vez un llamado a los profesores, trabajadores y alumnos a la atención a factores que pueden identificarse como característicos de una conducta suicida. Entre estos se encuentran los verbales: bromas o comentarios recurrentes sobre el suicidio; los físicos: fatiga, agresividad, dolores frecuentes de cabeza o cuerpo, entre otros.

También señaló los conductuales: descuido personal, deshacerse de posesiones de valor, el cambio de hábitos de estudio, falta de interés en la escuela, mal humor, aislamiento social, falta de concentración o temas de muerte en sus trabajo escolares. Finalmente, se encuentran los circunstanciales: ser un hijo primogénito -pues con estos los padres son más “exigentes”-, ser perfeccionista, demasiado autocrítico o vivir fuera del núcleo familiar. Aclaró que los factores físicos y conductuales son los más notorios. “Quien lo va a hacer, lo dice; y lo dice de muchas maneras”, aclaró.

Identificar a suicidas potenciales

Sobre los “deberes” que tienen aquellos que se enteran de los deseos suicidas de otra persona, afirmó que lo ideal es escucharla primero, evaluar la situación, su conducta y factores de riesgo, intentar apoyar, evaluar los recursos propios para poder ayudar, actuar de manera específica y referir el caso de inmediato a las instancias competentes de la institución; tales como el encargado de psiquiatría.

“Es muy frecuente que cuando identificamos a estas personas y las enviamos a un centro de salud mental para que se les haga un diagnóstico resulta que tienen un historial de depresión o situaciones emocionales previas… la intervención en crisis no implica que el estudiante llegue conmigo, que soy su maestra, y me diga ‘me voy a matar mañana’. Quiere decir que yo estoy observando uno o varios de los elementos para poder citar al estudiante, citarlo, evaluar, analizar, valorar, preguntar apoyar. Todos estos verbos se relacionan a habilidades que el maestro actual tendría que estar desarrollando”, explicó Santoyo.

 

Aumenta número de mujeres suicidas

Los muertos no tienen lágrimas y olvidan toda pesadumbre.

-Eurípides

“Hasta el día de hoy guardo una píldora, que hice yo mismo, con semillas de ricino. Es como las píldoras de cianuro que les daban a los espías en caso de que los descubrieran. Inhala esa cosa y en media hora tendrás un paro cardiorrespiratorio, algo terriblemente doloroso. Después de mis intentos tuve otros motivados por el desencanto que vivimos muchos con el mundo. Usaba mucha marihuana, lo que es un sensibilizador. Cuando no tienes mucho que hacer, tienes bastante tiempo para pensar y cuando estás solo tiendes a ver lo mal que está el mundo. No todo es malo, pero no hace falta decir que no vivimos en un edén”, expresó el joven estudiante.

México se encuentra en el puesto 148 a nivel mundial en números de suicidios, a pesar de que la tendencia en la mortalidad por esta causa va en aumento. De 1990 a 2015 la tasa nacional de suicidios pasó de 2.4 a 5.4 casos por cada 100 mil habitantes. En total, dentro de este periodo ocurrieron 104 mil suicidios; 83 por ciento de ellos por parte de hombres. En la década de los 90 murieron en promedio 2 mil 731 personas cada año; en el sexenio de Vicente Fox esta cifra se elevó a 3 mil 985 por año y en los de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto subió a 5 mil 91 y 6 224 casos por año, respectivamente. El 2015 fue en el que se han registrado más suicidios desde 1990 hasta el presente.

A nivel nacional, las personas de género masculino son quienes atentan en mayor medida contra sus vidas. Desde 1990 a 2015, los suicidios entre varones de entre 15 y 44 años se han convertido en la tendencia más fuerte en este tipo de muertes. Aunque 8 de cada 10 suicidios en este periodo fueron por parte de hombres, la proporción de mujeres ha crecido en estos 25 años un 5.4 por ciento al pasar de 14.5 a 19.9 puntos porcentuales del total de muertes por año a causa de suicidio.

Mujeres prefieren veneno

En cuanto a métodos de suicidio entre jóvenes, en los últimos 25 años la muerte por ahorcamiento o asfixia incrementó casi el doble, al pasar del 46.5 al 81 por ciento de los suicidios con este medio. A su vez, el suicidio por arma de fuego ha descendido de un 28 a un 9 por ciento. En general, son estos dos los principales métodos de muerte entre los jóvenes, teniendo unos porcentajes mucho menores los métodos de envenenamiento y el uso de armas blancas, entre otros.

En razón de género, se ha mostrado que las mujeres tienden más a suicidarse mediante envenenamiento y uso de armas blancas, mientras que los hombres escogen el ahorcamiento y el uso de armas de fuego como métodos principales. Entre los envenenamientos de mujeres destacan el causado por dióxido de carbono expulsado por automóviles: se cierran las ventanas y se conecta una manguera del tubo de escape a la cabina.

Actualmente, un 17.2 por ciento de las mujeres escogen venenos como método de suicidio. También, conforme avanza su edad, las mujeres han escogido caer de lugares elevados o ahogarse como método de muerte, en lugar de venenos. Mientras tanto, las personas menores de 14 años escogen el ahorcamiento, de los cuales la mayoría son niñas.

 

Un suicidio cada 40 segundos: OMS

Cuando se ha perdido todo, cuando ya no se tiene esperanza, la vida es una calamidad y la muerte es un deber.

-Voltaire

“Cuando me propuse hacerlo estaba en medio de varias crisis personales: mi padre acababa de morir, terminé con la primera relación sentimental seria que tuve, estaba a punto de mudarme a otra zona del país. […] No fue difícil tomar la decisión cuando no tenía ni siquiera amigos que tuvieran empatía conmigo. No me importaba. Escribí mis cartas y mis últimos deseos, y empecé a pensar en cómo hacerlo”, rememoró el estudiante entrevistado.

Trastornos psicológicos -especialmente el alcoholismo y la depresión-, son el factor de riesgo más latente en Europa y Estados Unidos mientras que “la impulsividad juega un papel importante en los países asiáticos”, acorde a publicaciones del Centro de Información de la ONU. El mismo explica que el suicidio es una consecuencia compleja de diversos factores psicológicos, sociales, culturales, biológicos y del entorno en general.

Cada año al menos un millón de personas cometen suicidio en el mundo, acorde a la presidenta de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP, por sus siglas en inglés), Ella Arensman, en su mensaje presente en el sitio electrónico oficial de la organización. A su vez, la OMS calcula una cifra de 800 mil suicidios al año, lo que equivale a una muerte por esta vía cada 40 segundos.

El suicidio representa una tasa por mortalidad superior a las de guerras y homicidios en el mundo, con un 57 por ciento de muertes en ponderación a estas tres causas; así mismo, es la segunda causa de muerte entre personas de 15 y 29 años. El 75 por ciento de los suicidios a escala global se dan en países de “ingresos bajos y medianos”; acorde una infografía de la OMS publicada en septiembre de 2015.

Sectores marginados, casos más frecuentes

El ‘Plan de Acción de Salud Mental 2013-2020’ de la OMS pretende que desciendan un 10 por ciento el índice de suicidio en los siete años que comprende. Este informa que además de las personas jóvenes, las procedentes de grupos vulnerables y marginados conforman la mayoría de las personas que cometen suicidio.

De acuerdo al documento, en los países de “ingresos bajos y medios” entre un 76 y 85 por ciento de las personas con trastornos mentales graves no reciben tratamiento; mientras que en los países de “ingresos elevados” esta cifra representa entre 35 y 50 por ciento, lo que les resulta en una tasa de muerte de 40 a 60 por ciento más que la población sin estos problemas, ya sea por causas de salud física o suicidio.

De 1974 a 2011, la tasa mundial de suicidios aumentó en 45 por ciento; la tasa global de mortalidad por esta causa representa a 16 personas por cada 100 mil; no obstante, las tentativas de suicidio se calculan en una cifra 20 veces mayor a los suicidios efectivos. Con mayor frecuencia, los varones de la tercera edad son quienes más cometen suicidios en el mundo; sin embargo, la tendencia de 1974 a 2011 se ha inclinado más a los jóvenes de ambos sexos, acorde al Centro de Información de las Naciones Unidas.

Según un mapa estadístico en el sitio de internet de la ONU, además de México, los países centro y suramericanos -salvo Chile, Perú y Argentina-, tienen los índices más bajos de suicidios en el mundo, junto con Sudáfrica, Egipto, Irán, Irak, Turkmenistán y Armenia, entre otros: con 6.5 suicidios por cada 100 mil habitantes.

Estados Unidos, Canadá, Chile, Perú, Argentina, Noruega, Suecia, España, Portugal, India, Gran Bretaña y el continente oceánico tienen entre 6.5 y 13 suicidios en la misma proporción, mientras que Rusia, China, Alemania, Francia, Kazajstán y otros países en el borde euroasiático cuentan con más de 13 muertes por cada 100 mil habitantes.

 

Parasuicidio y su impacto en el entorno

Nos consuela la muerte y nos hace vivir; es el fin de la vida y la sola esperanza, elixir exaltante con el poder de embriagar que nos da nuevos bríos de andar hasta la noche.

-Charles Baudelaire

El suicidio, cuando el individuo no busca la muerte sino una serie de cambios en su entorno mediante una tentativa o como consecuencia al acto de morir, recibe el nombre de “parasuicidio”. En ‘Las múltiples caras del suicidio en la clínica psicológica’, el catedrático español Enrique Echeburúa, señala: “Se trata de una llamada de atención con diversas finalidades: vengarse de alguien, mostrar lo desesperado que se está, buscar ayuda, averiguar si alguien le quiere realmente, huir temporalmente de algo insoportable o mostrar lo mucho que le quiere a una persona”. No obstante, bajo este concepto, puede ampliarse su acepción a la búsqueda de otros cambios de índole menos personal.

El parasuicidio también ha sido y continúa como un medio de ataque homicida; basta recordar a los pilotos kamikaze del imperio del Japón que colisionaban sus aviones tipo caza contra las embarcaciones aliadas en la Segunda Guerra Mundial, el mismo ‘harakiri’ o a los “voluntarios de la muerte” vietnamitas que actuaron como bombas humanas en la guerra de Indochina. Más recientemente, los ataques yihadistas en países europeos y los atentados suicidas en países de Oriente Medio son referentes más claros.

En otro contexto, el parasuicidio ha servido también como un método de protesta política, como en el caso del monje budista Thích Quang Duc, que en 1963 se inmoló a sí mismo en una plaza pública de Saigón, a modo de protesta contra la persecución que sufrían los monjes por parte del gobierno de Vietnam del Sur que después sufriría un golpe de Estado.

Otro caso es el de Marco Poncio Catón, enemigo político -y después bélico- del emperador romano Julio César, que una vez derrotado decidió matarse para mostrar su desprecio hacia este y no subordinar a sus partidarios a la política del imperio. Así, el parasuicidio, propiamente concebido, es un medio de morir por mano propia con una finalidad diferente a la de  solamente abandonar la realidad tangible.

Por otra parte, existe también la inducción al suicidio, que consiste en determinar a una persona para que termine con su vida; esto es considerado internacionalmente como un delito penal, por ser similar al homicidio. En lo relativo se encuentran casos de sectas como la del líder religioso del Templo del Pueblo, Jim Jones, a quien siguieron 900 personas estadounidenses a fundar un pueblo -Jonestown-, en Guyana, donde después cometieron un suicidio colectivo en 1978. Otro ejemplo fueron los suicidios colectivos de la Orden del Templo Solar activa en Suiza, Francia y Canadá en los años 90.

Un caso notorio por ser atípico fue el de la secta Heaven’s Gate, constituida como una “religión ovni” en Estados Unidos, cuyo fundador y líder, Marshall Applewhite, convenció a 38 de sus seguidores a suicidarse durante el paso del cometa Haley-Boop en 1997; esto bajo la premisa de que el cometa era arrastrado por una nave extraterrestre que los llevaría después a una ascensión celestial. Consideraban que el gobierno estadounidense conspiraba para que no se supiera de la nave y dejaron videos con mensajes de despedida donde afirmaban que “odiaban este mundo con toda honestidad”. El suicidio colectivo se realizó con una sobredosis de fenobarbital. Un caso muy similar es el de la secta de Heide, activa en España y Alemania, también en la década de los 90.

En cuanto a obras literarias respecto al suicidio destaca El completo manual del suicidio del japonés Wataru Tsurumi, publicado en 1993, que resultó polémico por su naturaleza. Este consiste, como su nombre lo indica, en un tratado sobre distintos métodos de suicidio con descripciones sobre el dolor, esfuerzo necesario, síntomas y letalidad de cada método. Por el riesgo de su uso, fue prohibido en ocho de las diez provincias de Japón y el autor recibió numerosas cartas de odio, a pesar de su imparcialidad moral en el libro, pues se limitó a realizarlo de un modo únicamente descriptivo.

En lo relativo a sus pensamientos posteriores sobre suicidarse, el alumno de la UAQ indicó: “Desde hace mucho no he pensado en el suicidio. Prefiero, si no querer, aprovechar la vida. Creo que siendo el mundo tan terrible es nuestra obligación, al menos, no serlo también nosotros. Debemos, si no querernos, al menos ser solidarios. Nadie pidió venir al mundo”.

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