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Disciplina e identidad, valores de los Gatos Salvajes

Por Martha Flores

La disciplina es una de las aptitudes primordiales para practicar el futbol americano, deporte que debe enseñar a trabajar en equipo y que además exige excelencia; no es un deporte para vagos ni ‘porros’ como antes se pensaba, consideró Alfredo Ravelo, coach de las categorías infantiles de los Gatos Salvajes de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Aseguró que desde pequeños se les inculcan valores y metas, como el requisito de ser estudiantes, debido a que así lo estipulan las ligas en las que participan.

“Son muchachos que entienden que el futbol es formativo, que les va a servir en la vida como una disciplina y que no llegan aquí a romperse los huesos nada más porque sí”, señaló.

El coach “Verruga” –como se le conoce a Ravelo– expresó que el futbol americano es un deporte formativo, por lo que va de la mano con los valores que caracterizan a la UAQ, tales como el respeto a sus compañeros, trabajo en equipo, disciplina y unidad.

Dejó claro que el grado de exigencia es equivalente al de ligas más avanzadas e indicó que a lo largo de las temporadas se trabaja la parte de integración, con ejercicios y programas de presentación, es aquí donde al muchacho se le pone el apodo.

“Desde los primeros meses trabajamos mucho lo que es la integración para que se sientan en una sola unidad”, manifestó.

Una vez difundida esa parte, y conforme avanza la temporada, se trata de impulsar diferentes valores, como la disciplina, considerada por el coach como la parte ‘más importante’, pues el niño tiene que acostumbrarse ya que el juego está lleno de reglas.

“El muchacho tiene que disciplinarse porque los partidos se juegan bajo reglas, después llega la parte de competitividad, posteriormente viene un esfuerzo y el amor a la camiseta. También se hacen ejercicios para sacar el extra de cada jugador, para que defiendan y sientan ya el orgullo”.

El entrenador en jefe de los Gatos Salvajes recordó que se hacen rituales como la novatada, en la cual el compañerismo y la unidad se sienten, lo que provoca que potencien el coraje e intensidad a través de ese amor por los colores del equipo.

Alrededor de 150 a 200 niños en infantiles

Las categorías infantiles están conformadas con niños que van desde los cinco hasta los 15 años de edad, son alrededor de 150 a 200 niños en seis categorías distintas, que compiten en la liga Fademac; además cuentan con una categoría llamada Baby’s, con 30 niños, y los niños que juegan el llamado ‘tocho bandera’ (cuya edad oscila entre los cinco y ocho años).

Desde que un niño comienza a entrenar con los Gatos Salvajes, se le inculca la disciplina. Comienzan con prácticas un día a la semana, para subir de forma paulatina la carga de trabajo físico, hasta que entrenan casi toda la semana, con un solo día de descanso.

Los entrenamientos tienen una duración de dos horas. Inician a calentar el cuerpo, siguen con la flexibilidad, luego ejercicios de trabajo de pies para la velocidad y después el niño empieza a hacer brincos, ejercicios de coordinación, ejercicios de reacción y de fuerza, para seguir con la parte de fundamento del futbol, de tacleo, bloqueo y por último practican la parte del trabajo en equipo.

“Se forma el equipo defensivo y ofensivo y lo que es un sistema, se corren señales, básicamente ése es un entrenamiento infantil, así llevan todas sus etapas: calientan, ven fundamento, trabajan en equipo para lograr un objetivo claro cada semana”, puntualizó Ravelo.

En los equipos de futbol americano de Gatos Salvajes –de acuerdo con el coach “Verruga”– no están permitidos aretes ni tatuajes, pues buscan ser un equipo muy alineado, ya que en algún tiempo se creyó que este deporte era para los jóvenes ‘desordenados’ y ‘porros’.

“En cualquier equipo de la UAQ de futbol americano se (observa esto), desde su forma de vestir, su peinado… buscamos que sean muchachos de excelencia, que representen dignamente a la Universidad”, exhortó.

Cabe destacar que todos los novatos sacrifican su cabello para demostrar así el amor que tienen a su equipo y las ganas de pertenecer a algo.

Los jugadores conviven también fuera de la cancha, lo que lleva esos valores del equipo a otras áreas de sus vidas, comentó el coach “Verruga”.

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