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Discriminación conduce a desigualdad social

Por Martha Flores / Carlo Aguilar

La discriminación y la desigualdad social que todavía se presentan en Querétaro se dan en ambas direcciones: así como se discrimina a los indígenas, ellos también lo hacen contra los mestizos, y esto tiene un origen histórico, manifestó Alejandro Vázquez Estrada, doctor en Desigualdades e Intervención Social por la Universidad Pablo de Olavide, en España.

De acuerdo con el autor del libro XI´OI Los verdaderos hombres. Atlas Etnográfico Pames de la Sierra Gorda Queretana, presentado el jueves 25 en el Patio Barroco de la Facultad de Filosofía, la principal causa de desigualdad social en el estado reside en la construcción histórica de discriminación, segmentación y sobre todo en la imposibilidad de que las instituciones y el Estado generen una política incluyente para este sector.

“El contacto con el otro siempre resulta un asunto donde se mezclan los miedos, las incertidumbres, pero también los estereotipos y sobre todo las construcciones sociales que hablan del otro sin conocerlo.

“En este sentido por ejemplo en esta mirada de un Querétaro indígena tenemos manchones donde existe una muy fuerte discriminación de indígenas hacia mestizos, como por ejemplo en el municipio de Amealco (en la cabecera versus las comunidades indígenas) o por ejemplo en la región de la Pamería, en este caso hay una visión muy marcada de la gente, de costumbre”, expresó el profesor-investigador de la Facultad de Filosofía.

Sin embargo, Vázquez Estrada consideró que el gobierno tiene una actitud que progresivamente ha ido cambiando. Manifestó que a los indígenas hay que “mexicanizarlos” para propiciar su desarrollo hasta una posición en términos más críticos, más constructivos y así formar una identidad colectiva.

“Me parece que la ley que hoy en día es vigente, la Ley de Derechos y Cultura de los Pueblos y Comunidades Indígenas, tiene ese espíritu en cuanto a construir de forma colectiva una de apertura hacia el desarrollo, pero con identidad”.

No obstante, indicó que habría que ajustar algunas cuestiones pues ninguna ley es estática, todas son modificables; el espíritu del tiempo de los movimientos sociales, las hacen que crezcan y pensar que una ley es cristalizada y concretable en un marco de referencia atemporal, pues es imposible.

El doctor  en Desigualdades e Intervención Social expresó que la ley está sustentada en un ejercicio metodológico “muy interesante”, que es el registro y padrón de conformación de comunidades indígenas del estado de Querétaro, entidad que junto con San Luis Potosí y Chiapas, son las que mantienen un espíritu que trata de definir a un sujeto de intervención (como lo son los pueblos indígenas) con más de una variable, porque usualmente se definen como pueblos indígenas aquéllos que tengan más del 60 por ciento de hablantes en sus comunidades.

La ley está basada en un espíritu donde elementos como la autodefinición forman parte de ese criterio, puntualizó.

“En las instituciones estamos acostumbrados a decir, no a escuchar”

El también investigador del Centro INAH Querétaro señaló que las instancias gubernamentales deberían tener un acercamiento más directo en el sentido de escuchar.

“Muchas veces desde las instituciones estamos acostumbrados a decir y no a escuchar en un sentido constructivo, integral y, sobre todo, proactivo. Parece que cuando las instituciones puedan establecer un discurso mucho más horizontal en el sentido de la participación, mejorará la colaboración y la interlocución con los distintos actores de la sociedad, ya no solamente con los indígenas sino también con los distintos segmentos que la conforman.

“Se puede hablar de un proceso de inclusión de la sociedad diversa y dinámica como la que tenemos hoy en día”.

Manifestó que en las tres regiones indígenas (Querétaro, San Luis Potosí y Chiapas) existen distintos panoramas, “en los cuales han establecido un proceso de auto-organización o vinculación con distintos actores sociales y académicos (como por ejemplo los de la UAQ) que han regenerando procesos de diálogo y construcción de opciones tangibles para la transformación de su realidad a través de proyectos de desarrollo, proyectos vinculados con el cuidado y la protección del medio ambiente y proyectos que fomenten su identidad.

“En otras localidades, sin embargo, el proceso tiene otros niveles, cuesta más trabajo establecer un afán colectivo y que poco a poco las comunidades van construyendo cada una sus propios canales para auto-intervenirse a sí mismas”.

Alejandro Vázquez Estrada destacó la importancia que adquiere el concepto de accesibilidad en el contexto de las comunidades indígenas, sobre todo porque se trata de una palabra que abarca distintos ámbitos: político, económico y social.

Para el egresado de la Licenciatura en Antropología por la UAQ, hablar de accesibilidad implica la posibilidad que distintos actores sociales tienen para la obtención de bienes, servicios y formas de apropiación de instrumentos de derecho u organizativos para lograr no solamente satisfacer sus necesidades, sino poder conquistar sus anhelos colectivos.

En Querétaro viven aproximadamente 700 pames

Durante la presentación del libro, que fue moderada por Manuel Naredo Naredo, director del Centro INAH Querétaro y en la que hubo comentarios de Luis Hernández Sandoval, director de Investigación y Posgrado de la UAQ, Narciso Barrera Bassols y Mariana Alonso Bolaños, se precisó que en el estado viven alrededor de 700 pames, quienes habitan en el norte del estado y practican la agricultura.

La investigadora Mariana Alonso Bolaños recordó que a su llegada al estado, los pames encontraron hostilidad, así como trabajos mal remunerados y racistas.

Los comentaristas de la obra describieron el libro como un cúmulo lleno de historias que busca la sensibilización de la población sobre las culturas indígenas. Reconocieron que los pames son un pueblo que se niega a desaparecer.

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