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El Centro Histórico plagado de obras

Por Miguel Tierrafría

 

En estos días las nubes son el techo que aguarda en la ciudad de Querétaro. Cualquier peatón que quiera visitar al Centro Histórico, elegido patrimonio cultural por la UNESCO en 1996, tendrá que tomar en cuenta las dificultades que se presentan al transitar por calles como Morelos o Escobedo, debido a la colocación de cableado subterráneo.

 

Al transitar por estas calles, de por sí angostas, los señalamientos que son unos tubos color naranja con la cinta amarilla de precaución, reducen el ámbito de maniobra tanto de los automovilistas que concurren por esas avenidas, como de los peatones, quienes ahora cuentan con una sola acera para caminar.

 

Poco más de cien metros separan las calles José María Morelos y Mariano Escobedo (paralelas y consecutivas entre sí). Los peatones y automovilistas caminan o transitan una cuadra, cuando ya tienen frente a sí otra calle en obra.

 

Con el cemento, algunos trabajadores de la obra resanan las grietas hechas para colocar los cables. Cinco manzanas es lo que abarcan las calles Morelos y Escobedo, delimitadas por avenidas como Ezequiel Montes y avenida Juárez.

 

Los negocios (fondas, comidas corridas, copiadoras, escuelas y hoteles) se ven afectados en sus actividades diarias: los clientes no acuden con facilidad, ya que las entradas a los negocios se ven con agujeros, los metros y metros de cables, las tuberías naranjas que cubrirán a éstos y tan sólo una tabla de madera que permite puentear a la calle con la residencia, la fonda o la escuela.

 

El día se torna con las nubes negras, anunciando la llegada de Tláloc, dios de la lluvia. Pareciera ser que serán unas cuantas gotas las que caerán sobre las calles y las cabezas de los transeúntes y trabajadores. Aumenta la cantidad de gotas que caen hasta convertirse en un aguacero.

 

Las pilas de tierra que rellenarán los hoyos donde se monta el cableado empiezan a humedecerse y hacerse lodo. Algunas partes ya selladas con –tanto en Morelos como en Escobedo– con pequeñas sobras de polvo del cemento y tierra se hacen lodo.

 

Algunos trabajadores de la obra con sus chalecos anaranjados, se refugian de la lluvia en donde se pueda. Como es la hora de la comida, aprovechan para descansar, ingerir algún alimento, o beber un refresco. Se escuchan los “Pásame la Coca güey” o “¿ya te acabastes la Coca?”; de algunos otros como los que están en la calle de Escobedo, siguen sus labores.

 

A pesar del frío y la lluvia, siguen excavando, sacando la tierra vieja, aquélla donde los queretanos ilustres de la Independencia, la Intervención Francesa o la Revolución, pisaron y en la que en el presente se remueven las viejas canteras para colocar aquellos cables de cobre a través de los cuales viaja la electricidad, y le da vida a los aparatos a los que el mundo está supeditado: computadora, televisión, radio…

 

La lluvia se hace más intensa. Aunque el avance de los trabajos en estas calles del Centro Histórico es algo evidente, al menos del lado de una acera, los trabajos comienzan en la otra, ya con la máquina que rebana la cantera de las calles. No obstante, algunos registros tanto de luz como de televisión por cable no han sido colocados, por lo que la misma agua, la basura y restos de tierra se acumulan en las rendijas donde van éstos.

 

Unas manzanas adelante…

Después de ver los montones de tierra, los tubos de plástico color naranja que cubren a los cables, los trabajadores que hasta en la lluvia y el lodo continúan sus labores, al cruzar la avenida Universidad rumbo a la calle de Felipe Ángeles se vislumbra otra obra en construcción.

 

El ruido de las excavadoras, las tolvas con tierra traída de quién sabe dónde, las soldadoras y los martilleos en las vigas de acero, se encuentran escondidas bajo la calle donde se construye una… ¿desviación de tráfico?, ¿un camino subterráneo?

 

Pues en los cierres de calles sólo dice “Capital trabajando” aunque se ve a los trabajadores aplanando la tierra traída por los camiones de volteo, soldando las vigas de acero que sostienen el mini puente y aun la lluvia acompaña a la ciudad.

 

¿Se puede cruzar por la obra? Se le pregunta a uno de los trabajadores que distribuye la mezcla del cemento, la arena y la grava.

 

“¡Si no te cáis en el hoyo, pásale!”. Continúa el recorrido. Pocos negocios se vislumbran, tan sólo una mueblería que se ve afectada por la obra y unas casas frente a ésta. Por lo demás parece que los constructores trabajan sin contratiempos, con excepción de la lluvia, que ha dejado con una doble plataforma, pero de lodo, al calzado industrial con el que trabajan.

 

El lodo y los charcos son inevitables en este paisaje de la ciudad, además de tener que transitar a través de ésos. La lluvia ha mermado, pero los estragos en algunas calles se notan en las coladeras que tienen a la basura como obstrucción al paso del agua. No falta el carro que pase a alta velocidad por un charco y empape a los peatones…

 

En colonia La Era también existe una calle en reparación

Pero la calma ahora rige al recorrido, la colonia La Era parece estar alejada de los contratiempos de las distintas obras que se observan en un perímetro menor a un kilómetro. Pero cuando se dobla hacia la calle Ingenieros en la misma colonia, se observan los montones y montones de tierra negra, el asfalto removido en su totalidad, los agujeros para cambiar las tuberías del drenaje. Decenas de constructores metidos en las fosas de un metro de profundidad excavan cual si fueran topos.

 

Las construcciones, los hoyos, los congestionamientos en calles pequeñas, el lodo, las tuberías, el drenaje, y demás continuarán afectando a los queretanos, a los negocios, las residencias y a los usuarios del servicio público Dodge-patas.

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