El Día del Libro revela la diversidad de lecturas juveniles

El Día Internacional del Libro es celebrado cada 23 de abril, es una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de la lectura en la vida cotidiana. En México, según el Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025 del INEGI, el 79.1 por ciento de la población alfabeta de 12 años y más leyó algún material en el último año, aunque gran parte de ese consumo se concentra en los formatos digitales y redes sociales. Sin embargo, los jóvenes siguen encontrando en los libros un espacio de identidad, emoción y descubrimiento.
Los datos en la página
De acuerdo con los datos del INEGI, ocho de cada 10 jóvenes leen algún material, 13.1 por ciento lo hace exclusivamente en redes sociales, y un 7.9 por ciento no lee nada en el último año.
Los estudiantes de nivel medio superior y superior son quienes más leen libros físicos y de género académico.
Estos números reflejan una tensión entre la lectura tradicional y los nuevos hábitos digitales. El día del libro se convierte en un momento para valorar cómo las nuevas generaciones reinterpretan la lectura y escritura.
Sondeo local: las voces juveniles
Un sondeo realizado entre estudiantes y jóvenes de Querétaro muestra la diversidad de títulos y experiencias lectoras. Las respuestas revelan cómo cada obra deja huella en quienes la leen:
“Mi libro favorito es ‘La hipótesis del amor’ de Ali Hazelwood, no necesitas contexto, el protagonista Adam lo es todo”, compartió una estudiante, mostrando cómo las novelas románticas actuales conectan con la sensibilidad juvenil.
Otro participante destacó: “´Azufre y Sal’ de Alejandra Torres, una gran historia de amor y guerra entre ángeles y demonios”, subrayando la atracción por narrativas fantásticas con tintes épicos.
En contraste, alguien mencionó “Cañitas”, recordando que “el poco intelectual de Carlos Trejo lo escribió y eso da la gracia”, ejemplo de cómo incluso títulos polémicos forman parte del imaginario lector.
Sobre literatura de ciencia ficción, un joven señaló: “’Hijo Dorado’ de Pierce Brown, tiene un gran desarrollo del mundo, personajes increíbles, un final ‘wow’”.
También aparecieron autores internacionales como Banana Yoshimoto con “Lagartija”, y Patrick Rothfuss con “El nombre del viento”.
Una participante recordó con emoción “La ladrona de libros” de Markus Zusak: “Fue el primer libro ‘gordote’ que leí y acabé. Me hizo sentir una mezcla de emociones interesantes, conocer la ternura, la amabilidad en un entorno hostil. Tiene un final trágico, pero también esperanzador. Estamos aquí y hay que valorar a quienes están”.
Otros títulos mencionados fueron “La mecánica del corazón” de Mathias Malzieu, que “ayudó a entender lo simple y complicado que es el desamor”, y “Alchemisted” de SenLinYu, es descrito como “joyota, con una trama confusa”.
La pasión de la lectura a través de los libros
Las respuestas muestran que los jóvenes no solo leen por obligación escolar, sino que buscan obras que les permitan explorar emociones, mundos fantásticos y reflexiones sobre la vida. La diversidad de títulos (desde novelas románticas hasta ciencia ficción y literatura japonesa) refleja la pluralidad cultural y la manera en que la lectura se adapta a sus intereses y cotidianidad.
El contraste con los datos nacionales es evidente, aunque las redes sociales dominan el consumo de lectura, los libros siguen siendo espacios de descubrimiento profundo. Los testimonios revelan que la lectura es también un acto de construcción de identidad.
En el día del libro no solo hay que celebrar la tradición escrita, también abrir la conversación sobre cómo las nuevas generaciones reinventan la lectura. Entre pantallas y páginas, los jóvenes muestran que el libro sigue siendo un espacio de identidad, emoción y aprendizaje. La lectura, más allá de los formatos, continúa siendo un puente hacia la empatía, la imaginación y la reflexión crítica.
Por medio de este sondeo podemos confirmar que incluso en tiempos dominados por lo digital, los libros mantienen su capacidad de inspirar y transformar. El reto está en garantizar que las políticas culturales y educativas acompañen esta diversidad de intereses, para que la lectura siga siendo un derecho y una experiencia compartida; no podemos interesarnos en la lectura de otros sin antes reconocer lo que a nosotros nos hace falta por leer.



