CulturaInformación

EL ROMPECABEZAS ESCÉNICO

Múltiples son las atracciones, seducciones, influencias, contagios, etcétera originados y
provocados por el Bardo de Avon desde The Globe Theatre, en Londres, con la reina virgen en
el trono de Inglaterra. En el actor queretano Carlos Casas las primeras afectaciones públicas
con esta carga las recuerdo en un espacio escénico conquistado por los teatreros en la Casa de
la Cultura ‘Dr. Ignacio Mena Rosales’ que llevó el nombre de ‘La Caverna’, acaso por
reminiscencias beatlianas. Julieta Capuleto era, en tono bufo e inopinadamente cargado de
comicidad, el personaje shakespiriano que ocupaba su ánimo interpretativo; pasados los años,
en el Corral de Comedias lo llevó al ámbito clownesco con nariz de pelota roja y descomunales
zapatotes. Por supuesto que las facciones y expresividad de la Capuleto veronesa no dejaban
de ser Casas queretana, tampoco el intérprete parecía intentar simulación facial ni gestual
alguna, antes al contrario parecía sacar provecho de su natural dotación humorística.

Con su reciente inquietud dramatúrgica, al punto de firmar quizá por tercera vez un texto
llevado a la escena, en agosto de 2022 hemos conocido “Mi nombre es William Shakespeare”
en el teatrino del Patio Morisco del Museo de la Ciudad de Querétaro. En una complejización
dramatúrgica, este estreno bajo la dirección de Víctor Eduardo Sasia Farías presenciamos un
puzzle, o pozole y no por afinidad fonética, sino por ordenada y medida revoltura, que va más
allá del teatro en el teatro, coqueteando con la trasgresión cronológica de la temporalidad
escénica al cruzarse con Johann Wolfgang von Goethe.

A los actores-personajes nunca los vemos interpretando los personajes shakespereanos con
que darían función. Toda la trama de “Mi nombre es…” transcurre en el vestuario del teatro
que nunca vemos; ahí se ‘agarran del moco’, destilan sus humores, inconformidades,
discrepancias comerciales, laborales y artísticas, incluso la demostración por parte de uno de
ellos de su capacidad y calidad interpretativa con el personaje goetheano de Fausto,
sorprendiendo, conmoviendo, camelando a ‘la hermana’ de Willys.

Mucho defienden y construyen el pasado secular propuesto por el autor Carlos Casas los
parlamentos de algunos pasajes con una sintaxis en desuso, cuya hondura reflexiva hace
extrañar enormidades los botones ‘pausa’ y ‘rewind’. El consuelo ante tal imposibilidad lo
puede representar el gozo y la diversión que ofrece la mima y la gestualidad de C. Casas y
Rodrigo Núñez. La trasgresión de la cuarta pared por parte del primero es deliciosamente
involucrante… solo falta el atrevimiento desde la silla.


Susana Distancia había hecho concesiones, con extremas precauciones, al alejamiento dentro
de los espacios públicos. Precavidas tolerancias al aislamiento y enmascaramiento empezaban
a ser puestas en práctica, experimentando con el riesgo pandémico a finales del 2020, por
ejemplo en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro. La expectación por la ‘nueva
normalidad’ transitaba entre la dubitación y la medrosidad. El ensamble escénico recién
iniciado y encabezado por Didier Olvera y Beatriz Juan-Gil: Astillados de Ruido estrenó “Nuevo
Tacto”. Inevitable la correlación de la creatividad artística con la inmediata cotidianidad de ese
momento. Cabía la morbosidad en la expectación por la resultante creativa: una enormísima
distancia temporal entre ambos artistas, amén de las diferencias formativas implicadas.

Cuando ella llegó al Centro Nacional de Danza Contemporánea, en 1991, ya era integrante
destacada del Ballet Nacional de México, por lo menos con personajes protagónicos en su
haber interpretativo; él estaría seguramente ocupado en las distracciones infantiles más
habituales: imaginarles formas a las nubes, curiosear los brincos de los saltamontes,
confundiéndolos con las libélulas, despistarse con los cantos de las cigarras, seguir los vuelos
de las mariposas hasta topar con un árbol, salpicar y salpicarse chapoteando charcos, etcétera.
Además, fuera de la intrigosa originalidad, ¿qué significa ‘astillados de ruido’? Plantado como
espectador, el crecimiento expectante casi alcanzaba las vigas del espacio ‘escénico
espeleológico’: estrechez para un máximo de cuatro sillas, estaba dispuesta una en cada pared
haciendo sendas filas quizá para diez espectadores en cada una; el fondo se perdía en la
perspectiva de un punto de fuga; la flexibilidad del cuello no daba para observar las vigas sobre
la propia cabeza; una blancura de hoja de papel bond. No supe si los espectadores con
criaturas las sentaron en sus piernas o las subieron en sus hombros.

A no ser por la ausencia horrorífica, el par de entes envueltos en negrura podrían haber
personificado un par de momias, además no sugerían nada esperpéntico, en cambio podría
interpretarse una intención intensamente metafórica de la imposibilidad de la intimidad,
siquiera el cuchicheo o la murmuración, en una reducidísima proximidad o cercanía; cuánta
vitalidad invierten en ella. Podría decirse que el espacio escogido aportaba protagonismo al
posible metaforismo de una intimidad en lucha por un nuevo tacto, retenido, moderado, con
una plenitud sensorial desconocida, no experimentada. De más apuntar la imponente fuerza y
atractivo visual de las líneas rectas, de los planos horizontal y vertical, la inclinación de la
perspectiva y por supuesto la contrastación cromática tanto como las tallas de los intérpretes.
La ambientación vocal se antoja tan acertada que apenas es perceptible, escuchándose natural
y propio del contexto.

A qué metaforismo daría lugar “Nuevo tacto” en el Foro Escénico del Museo de la Ciudad, tan
adverso al espacio del estreno en el Museo de Arte Contemporáneo, no lo sabré todavía, pues
a la misma fecha y hora presenciaba “Mi nombre es…”

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba