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En el Tercer Reich eran adictos a las anfetaminas

Norman Ohler, periodista del ‘New York Times’, guionista y escritor alemán, en su última obra de no-ficción, ‘El Gran Delirio: Hitler, drogas y el Tercer Reich’ (Editorial Critica) presentada en el Hay Festival de Querétaro este 9 de septiembre, revela el uso sistemático y organizado de drogas dentro del Tercer Reich, un importante factor en la potencia bélica de la Alemania nazi.

Durante el gobierno del nacionalsocialismo alemán, las metanfetaminas fueron el arma perfecta para combatir al enemigo, que no eran los norteamericanos ni los rusos, sino el cansancio.

Gracias a ellas pudo efectuarse la guerra relámpago -o ‘Blitzkrieg’- la cual implicaba, con un avance rápido, muchas muertes. Gracias a la metanfetamina alemana “pervitín”, los soldados podían pasar horas continuas sin sueño, ni hambre, alertas, pero con una consciencia anulada, lo que hacía más fácil matar sin titubeos.

Ohler, escritor de prolíferas obras de no-ficción y periodismo, señala como punto importante en su obra, así como en ‘Blitzed’ y ‘High Hitler’, la contradicción que existía entre los ideales de los nazis de ser una raza pura y superior y el hecho del consumo de substancias necesarias para un rendimiento superlativo, que a su vez era el medio para conseguir ostentarlo como una cualidad nata.

La metanfetamina fue una invención alemana. Era hecha en una fábrica en Berlín. La metanfetamina como el “pervitín”, era usada por Adolf Hitler y las fuerzas armadas de la Alemania nazi con el fin de tener un mayor rendimiento físico. La misma no era considerada como una droga sino hasta 1941, y para entonces, ya había una gran cantidad de población civil que la utilizaba, además de la milicia y la clase política. Cuando era legal, la compañía Temmler, (empresa aun existente) propietaria de la patente, se encargaba de distribuirla. Podía comprimir hasta 833 mil pastillas por día en su fábrica.

Norman Ohler señala que el médico personal de Hitler, Theodor Moller, fue quien sugirió la idea de utilizar metanfetaminas dentro del ejército, junto con el propio canciller alemán quien usaba metanfetaminas, opiáceos y heroína. El consumo también alcanzó a otros altos mandos del gobierno de Hitler. El colaborador del ‘New York Times’ destacó los nombres del ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, y del mariscal primero, Hermann Göring, ambos adictos a la morfina.

“Sólo Himmler, dirigente de las SS, era quien no usaba ninguna droga. En el resto de las fuerzas y puestos políticos y administrativos, se usaban generalmente cocaína y la metanfetamina, pero en la milicia únicamente las segundas” recordó.

“Las SS (la policía del Estado) y la fuerza aérea también las usaban. Les daba la ventaja de ser más rápidos, activos, obedientes y resistentes. Muchas personas dentro del partido nacionalsocialista empezaron a usar drogas porque Hitler las usaba, y el siempre rebozaba energía. Pero el ejército lo aprendió de la sociedad, que ya la usaba mucho, también”.

 

-¿Cómo describiría las implicaciones del uso de las metanfetaminas dentro de las fuerzas armadas?

Su uso predominó en las campañas de guerra en mayo de 1940. Comprobaron la efectividad de la droga en Polonia; entonces se ordenó a Temmler que produjese más. La armada aparentaba ser más fuerte y eficaz de lo que era, realmente era todo apariencia, pero la gente lo creía. Incluso sin drogas Alemania habría perdido la guerra, porque empezó a atacar a muchos países al mismo tiempo. Se usaron drogas también en el frente oriental contra la Unión Soviética, y también por parte de las fuerzas especiales destinadas a las campañas africanas.

Para el resto del mundo los nazis daban una imagen de no ser personas que usaran drogas, incluso tenían leyes estrictas en contra, por lo que era hipócrita el usarlas. De igual forma, hoy en día dentro de Alemania se usan muchas drogas, y parece ser un país donde no se tiene este problema. Dentro de Alemania, por los preceptos de la raza aria, se tenía que aparentar ser lo mejor en todo: ser productivo, inteligente, eficaz, todo ello con la finalidad de destacarse como la mejor raza, pero en realidad, era solo un gran delirio, o hipocresía.

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